Publicado el Deja un comentario

DIARIO DE VIAJE: UN VERANO PARA DESCUBRIR LA PATAGONIA

Un verano para descubrir la Patagonia

La región del sur es tan diversa como sus climas, sus paisajes y su gente. La ventana del buen tiempo que se avecina, aunque breve, abre un mundo de posibilidades para todos los gustos.

Texto y fotos: Ezequiel López

Mi pasión como escritor de libros de viaje comenzó un verano en la Patagonia. En ese momento era difícil imaginar que unos años más tarde llegaría a publicar más de 12 títulos y cientos de notas sobre esta tierra y sin embargo sigo escribiendo cada día. Me inspiran sus paisajes, su gente, su clima, los sabores y los aromas de la naturaleza. Un “curanto” en Colonia Suiza, en el Circuito Chico de Bariloche, es tan tentador como un cordero patagónico en una estancia de la meseta o un sándwich de crudo y queso en el boliche de la ruta 25 que está frente al Automóvil Club de los Altares. Aquellos que se atreven a la aventura están de parabienes. Aquí la abundancia se regocija en cada rincón oculto. Los mapas insinúan caminos que se internan en la montaña para descubrir aquellos lugares que labró la naturaleza para sorprender hasta al más osado visitante. Lo llamamos “Turismo Sustentable” y consiste en internarse sin dejar huella, disfrutando de todo aquello que nos da la naturaleza.

El pequeño poblado El Chaltén descansa en la base misma del Fitz Roy, una aguja de roca sólida de kilómetro y medio de altura con la capacidad de cambiar de color según la hora del día. Cientos de montañistas deambulan por sus calles en busca de la gloria de poner un pie en la cumbre, un privilegio reservado a unos pocos atrevidos. Los delatan sus caras curtidas por el viento, su atuendo desgarbado y su personalidad ensimismada en una concentración única que los pone en un estado permanente de misterio. Más allá, el cerro Torre espera aún más desafiante entre los hielos continentales, la segunda masa más grande de agua dulce después de la Antártida. Un desvío en el camino para cargar combustible nos interna más profundo en la meseta. Contrariamente a la imagen del desierto, el lugar alberga una explosión de vida. A lo lejos se insinúan las siluetas naranjas de los guanacos sobre el riguroso ripio calentado por el sol del mediodía. Avestruces, mulitas, zorros, cóndores y todo tipo de aves merodean la zona en busca de alimento. Las viviendas son escasas y en algunos parajes hasta se prescinde de alambrados. La tierra está como era antes y el polvo corre sin obstáculos. Las plantas evolucionaron para vivir la escasez de agua sin perder su encanto, resaltando sus formas y colores para atraer a los insectos que proyectan su simiente. Un paraíso para fotógrafos con capacidad de ver más allá del obturador de su cámara y guardar en una imagen el encanto de descubrir lo inalcanzable.

Un sorbo de agua fresca y cristalina como el aire nos recuerda que estamos muy vivos en este sitio. El río Arrayanes se abre paso a través del bosque para viajar con la nieve de montaña por un desnivel de rocas ovaladas hasta el mismísimo Océano Pacífico.
La flotada no produce sonido alguno sobre una superficie inmaculada. El aire está quieto. Debajo del bote, las truchas se camuflan con el reflejo de sus manchas. Sobre la rama de un coihue caído en el invierno, un Martín Pescador aguarda inmóvil su momento. Su color azul intenso, su pecho anaranjado y su pico como espada hipnotizan nuestro paso. Tan sólo un instante le lleva zambullirse y posarse otra vez sobre su rama. El pececillo nunca se enterará lo sucedido.

Inhalar los aromas del viento dentro de la selva valdiviana le da aire fresco a los pulmones para seguir trepando la Cordillera de los Andes. Una meta ambiciosa y embriagadora que se diluye en un sendero húmedo apagado por la sombra tupida de árboles. Hacia el norte, la imponente cascada Los Cántaros anticipa la llegada al pequeño lago de altura y al alerce milenario, un espécimen que ha grabado la historia en cada anillo de su noble maderamen.

El sonido de un silbato nos despeja del letargo. ¿Será posible el paso de un tren por estos lados? El humo negro que aflora por detrás de la montaña descubre una antigua locomotora a vapor de 1922 tirando de una larga fila de vagones. La escoltamos en busca de un lugar para el retrato antes de encontrarnos en la próxima parada. Los nativos de Nahuel Pan son un puñado de pobladores auténticos y autóctonos con grandes habilidades para el hilado de la lana y la producción de tortas fritas. El mate abre la palabra y la ronda de anécdotas comienza a desgranar las historias de vida de esta tierra. Se va haciendo de noche. Las nubes se iluminan con los últimos rayos de un sol que se apaga irremediablemente, inventando colores nunca vistos en un intento por quedarse a ver la llegada de la luna. Las estrellas bajan la temperatura del universo. Un poncho abrigado repele los embates del rocío. El crepitar de los leños hace frente a los sonidos de las ranas e insectos nocturnos. Una copa de vino nos devuelve el alma al cuerpo y la picada se llena de anécdotas. El bosque nos ofrece cobijo, el agua del río se serena y los aromas del aire se encienden para sumergirnos poco a poco en el sueño más profundo de nuestras vidas.

 

MÁS INFORMACIÓN

Ezequiel López es escritor, fotógrafo y publicista. Recorre la Patagonia desde hace más de 30 años en busca de historias e imágenes para retratar instantes que nunca se volverán a repetir. Lleva escrito 12 libros, cientos de notas y varias muestras fotográficas. Te invitamos a conocerlo en www.librosdeviaje.com.ar

Publicado el Deja un comentario

PRIMAVERA PATAGÓNICA

Primavera patagónica

Los colores se abren en una palestra única digna de ser retratada con nuestros ojos. allí, al sur de nuestro país, la inmensidad de la nieve da paso a verdes bosques en una época increíble.

Texto y fotos: Ezequiel López

En un territorio tan amplio como la Patagonia, todos deben adaptarse a sus condiciones. Desde las playas de pedregullo en el descanso de las montañas de la Cordillera de los Andes y desde el río Colorado hasta la Tierra del Fuego, la primavera se va manifestando con distintas expresiones, más adaptadas al clima imperante que a un estricto calendario de bolsillo.

En la Patagonia, la primavera le hace poco caso al almanaque. Más bien se manifiesta según su estado de ánimo y sus ganas de desperezarse al sol luego de invernar aletargada bajo la nieve fresca en los cortos días del invierno. Cuando el aire empieza a calentarse y la tierra se humedece con las gotas del deshielo, la magia empieza a florecer por todos lados. Ya en los días previos se pueden ver aquí y allá sutiles pisadas de animales en la nieve que sienten la inminencia de un gran cambio de ánimo.

Dentro del bosque, los sonidos repercuten en la copa de los árboles. Son las aves que encuentran semillas maduras e intentan abrirlas a los golpes contra la madera dura del alerce. La humedad ablanda la corteza de los troncos y facilita la tarea a los pájaros carpintero para sacar a los insectos de sus escondrijos. En el suelo, las huellas de las liebres se mezclan con aquellas de los zorros y por las noches, en las laderas de los cerros, se ve el resplandor de los ojos de los ciervos iluminados por el paso de los autos.

Las chimeneas de las casas dispersas en el campo siguen humeando el calor del pan recién horneado, mientras los canteros comienzan a colmarse de flores de todos los colores. Sí, aquí en la Patagonia, aunque breve, la primavera se manifiesta vestida de gala. Entre las espigas de la hierba de la veranada, se entremezclan largas flores de
lupinos. Rojos, blancos, violetas, amarillos y otras tantas tonalidades van floreciendo de norte a sur al progreso de las temperaturas más benignas.

El balar de las ovejas nos advierte que anda cerca la majada. A un lado del galpón de esquila y cerca del arroyo que bordea la estancia, las aljabas atraen a cientos de colibríes con el néctar dulce de sus flores colgantes. Son pequeñas cápsulas con cuatro sépalas de color rojo intenso, pétalos púrpura en el centro y ocho estambres largos y violáceos que sobresalen de la planta atrayendo a pájaros e insectos. A campo abierto, cuando sopla algo de viento, las flores lila de los cardos sueltan miles de plumerillos que vuelan por el aire esparciendo su nueva simiente. Cuando brillan al sol, se parece a una nevada con sus grandes copos flotando hacia el horizonte. A pesar de las espinas, las flores son tan atractivas que atraen a centenares de abejas y abejorros.

Más abajo, en la provincia de Santa Cruz, se encuentra el lago Argentino, alimentado desde los campos de hielo por algunos de los glaciares más grandes del mundo. El Perito Moreno tiene un frente de cinco kilómetros de largo. Su constante andar lo hace tocar tierra firme luego de navegar por las heladas aguas cristalinas, provocando el bloqueo del brazo Rico. La inundación termina con la famosa ruptura del glaciar y el drenaje de las aguas deja un lecho fértil de sedimentos que son nutrientes para el crecimiento de un enorme campo de margaritas. Allí una manada de caballos salvajes se alimenta libremente con un marco imponente de montañas a su espalda.

Es momento de activar las huertas. Los invernaderos ya tienen los surcos rebosantes de verdura fresca para los paisanos y en su interior se respiran los aromas de sus hojas y sus flores que producen la nueva camada de semillas. Los frutales muestran todo su esplendor. Cerezos, manzanos, ciruelos, grosellas, guindos, corintos, frambuesas, moras, peras y saucos entregan sus frutos para la confección de dulces y conservas que abastecerán las despensas de la estancia durante todo el invierno. Sus texturas, aromas y sabores hacen las delicias de quienes tienen la oportunidad de comer la fruta directamente de los árboles. Las frutillas silvestres se dejan ver en los claros y son tan sabrosas que volvemos con la cara teñida de rojo.

Los sonidos también se intensifican en torno a las montañas. Después de varios meses guardados junto a los leños de la chimenea, todos salen a calentarse bajo el sol del mediodía. Los animales también aprovechan la primavera para desperezarse y salir a disfrutar de un clima más benigno que pronto volverá a mostrar su temperamento. Los patos y gallinas husmean la hierba entre conejos y liebres patagónicas dejando los jardines frente a las casas como si fueran mullidos colchones de pasto. Los perros y los gatos se dan el gusto de correr por todo el campo entre caballos, vacas y ovejas que pastan en potreros colmados de alfalfas.

Los días se alargan y cuanto más nos acercamos hacia el fin del continente, el sol pretende quedarse a pasar la noche con nosotros. Finalmente, el atardecer lo hará declinar por detrás de las montañas iluminando el cielo con los mismos colores que admiramos en la tierra. El polvo de los caminos de ripio se filtra entre los árboles en las últimas horas del día. Marcando las sendas que se internan en el bosque crecen flores de mutisias, reina mora y amancay junto a helechos que se esconden de la luz a los pies de arbustos de calafate. Dicen por ahí que aquel que prueba el fruto de esta planta volverá a la Patagonia a disfrutar de sus bondades. Hay que hacerlo para comprobarlo. Lo que sí puedo asegurar es que son muy ricos…

Más información

Ezequiel Lopez es escritor, fotógrafo y publicista. Recorre la Patagonia desde hace más de 30 años en busca de historias e imágenes para retratar instantes que nunca se volverán a repetir. Lleva escrito 12 libros, cientos de notas y varias muestras fotográficas, conocelas en www.librosdeviaje.com.ar.

Publicado el Deja un comentario

LLEGÓ LA NIEVE A LA CORDILLERA

Llegó la nieve a la Cordillera

Te contamos a dónde ir y todo lo que podés hacer.

Tomar una bocanada de aire puro de montaña y lanzarse a esquiar. Si de nieve se trata, en Argentina hay centros de esquí y parques de nieve para todos los gustos.

Cada uno tiene lo suyo, pero todos los centros de la Patagonia y Cuyo ofrecen pistas para los cuatro niveles de dificultad: principiante, intermedio, avanzado y experto. Hay variedad para hacer esquí alpino y de fondo o nórdico, fuera de pista, freestyle y más; incluida la especial para esquí nocturno en pistas iluminadas.

Ya sea entre bosques que acompañan el trazado de las pistas, con vista a lagos increíbles, en ubicaciones extremas, con pendientes suaves o pronunciadas, los principales son el Cerro Catedral y el Cerro Perito Moreno en Río Negro, Caviahue, Chapelco y Cerro Bayo en Neuquén, Penitentes y Las Leñas en Mendoza, La Hoya en Chubut, y Cerro Castor en Tierra del Fuego.

Si no se es experto, no hay problema. Cada centro tiene escuelas para aprender a dar los primeros pasos en este deporte: chicos y grandes pueden iniciarse. Y para los más pequeños, jardines de nieve con actividades recreativas y divertidas.

No todo es esquí

La mayoría de los destinos ofrecen todo tipo de actividades y excursiones además del esquí y el snowboard. Incluso hay un circuito aéreo sobre la nieve: una tirolesa con 60 metros de longitud y puentes colgantes en Las Leñas.

Si el viaje es en clave familiar, los parques de nieve son ideales. Por lo general, las pistas son para principiantes e intermedios y están más enfocados en las actividades recreativas como caminatas con raquetas, paseos en trineos tirados con perros, motos de nieve, tubing y culipatín.

Los Puquios en Mendoza, Batea Mahuida y Primeros Pinos en Neuquén, Baguales en Río Negro, Calafate Mountain Park en Santa Cruz, Haruwen, Llanos del Castor, Solar del Bosque, Tierra Mayor, Ushuaia Blanca, Valle de Lobos y Valle Hermoso en Tierra del Fuego son algunas de las alternativas.

Las propuestas son ideales para este invierno, tanto para mantenerse activo como para descansar tomando un chocolate caliente y una torta en un parador contemplando el paisaje nevado, o disfrutar las noches con buena gastronomía al resguardo del frío. Desde Buenos Aires hay vuelos directos a Bariloche, San Martín de los Andes, ciudad de Mendoza, San Rafael, ciudad de Neuquén, Ushuaia, Esquel y El Calafate.

Más información

www.viviargentina.tur.ar

www.turismo.gov.ar

Facebook

Twitter

Instagram