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CURIOSIDADES DEL MOBILE WORLD CONGRESS

Curiosidades del Mobile World Congress

El futuro de la tecnología se hace presente cada año en Barcelona. Te contamos algunas de las novedades que se presentaron en la feria y que recién dentro de un tiempo se integrarán a nuestra vida cotidiana.

Barcelona se convirtió, al menos por unos días, en la capital mundial de la tecnología. El Mobile World Congress que se realizó en la ciudad española  reunió a marcas, fanáticos y expertos, ansiosos de mostrar, conocer y probar lo último en tecnología móvil.

Compartimos algunos los momentos más destacados de la feria:

  1. Reconocimiento facial

Las contraseñas serán parte del pasado. Desde desbloquear un teléfono hasta pagar los impuestos, todo se hará a partir del reconocimiento facial o de huellas dactilares.  Los sistemas de reconocimiento del iris ya funcionan en muchos dispositivos con cámaras frontales, de marcas como Huawei y LG.

  1. 5G: Mayor velocidad

El smartphone más rápido del mundo se presentó en el MWC. El Gigabit Phone es capaz de descargar hasta 1 giga por segundo.  Según los expertos, las redes 5G alcanzarán una velocidad de descarga de entre 5 y 10 gigas, muchísimo más de la velocidad que hoy disponemos en el hogar. Pero, paciencia:  las redes 5G llegarían recién en 2020 a Latinoamérica.

  1. Una curiosidad retro

Nokia presentó una nueva versión de su icónico Nokia 3310, el segundo celular más vendido de la historia , con pantalla táctil. A pesar de que solo sirve para hacer llamadas y enviar mensajes de texto (no, no tiene Whatsapp), el teléfono fue la gran atracción del Mobile World Congress. Dicen que la batería dura un mes.

  1. Samsung se puso misterioso

Por primera vez, Samsung no eligió el Mobile World Congress para presentar su nuevo modelo de Galaxy.  Los fanáticos de la marca deberán esperar hasta el 29 marzo  para conocer el Galaxy S8 que se presentará en un evento exclusivo en New York.

  1. Internet de las cosas

Este concepto ya dejó de ser novedoso: habla de Internet conectada a objetos analógicos. ¿Cómo sería tu vida si la heladera o el lavarropas estuvieran conectados a Internet? Podrías saber qué tenes que comprar en el super, por ejemplo. Eso es lo que se viene.

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BARCELONA, UNA CIUDAD QUE SORPRENDE A CADA PASO

Barcelona, una ciudad que sorprende a cada paso

Caminar, caminar y caminar. Esa es la mejor manera de conocer la capital de Cataluña que cuenta con una gran oferta cultural e invita a descubrir tesoros a quienes miran con dedicación.

Texto: Karina Pontoriero

Llegué a Barcelona cuando menos me lo imaginaba. Fue un viaje improvisado, de esos en los que puede salir todo bien o todo mal. Sin grises. No hubo planificación en el recorrido, pero sí hubo un motivo: allí estaba mi gran amiga, a quien no veía hacía más de un año y medio. De este lado del océano todos me decían que me preparara para caminar. Lo que nadie me advirtió, y descubrí estando allí, es que hay que tener los ojos bien abiertos y mirar hacia arriba, donde se esconden perlas maravillosas. “Una semana es poco”, fueron las palabras de bienvenida a la ciudad catalana. Al principio no lo creí, pero sí: una semana fue poco.

A un año y medio de aquel viaje, cuando me decís Barcelona pienso automáticamente en dos cosas: en la obra de Gaudí y en el transporte. Nada tiene que ver una cosa con la otra, claro, pero ambos me impactaron.

Los ciclistas dominan la ciudad de Barcelona. Hay que tenerles más miedo a ellos que a los autos. El sistema de Bicing (similar al implementado en la Ciudad de Buenos Aires) está tan bien organizado que vale la pena utilizarlo. No se trata de un sistema de alquiler de bicicletas, sino que funciona como conexión con otros medios de transporte. Hay más de 400 estaciones en puntos estratégicos de la ciudad y cada usuario –que debe estar registrado y abonar una cuota anual- tiene hasta 30 minutos para hacer su itinerario y dejar la bicicleta en otra estación sin cargo extra. ¿Otro punto a favor? Al combinar dos líneas de colectivos en un tiempo inferior a los 10 minutos se abona un solo pasaje. Un 2 x 1 que contempla, esencialmente, las necesidades de los trabajadores. Imposible no sentir un poquito de envidia por el genio que pensó en eso.

Pero Barcelona tenía muchas más sorpresas para mí. Por suerte. Recorrerla es conocer la genialidad del arquitecto catalán Antonio Gaudí. No hay foto que pueda abarcar con justicia su obra. Decir que es indescriptible puede sonar trillado, pero es así: indescriptible. Mi amiga me lo había advertido. Mientras caminaba, La Sagrada Familia se iba desplegando de apoco ante mis ojos. A medida que me acercaba mi ansiedad iba en aumento. Tenía tantas expectativas que temía decepcionarme. Todavía hoy, mientras escribo estas líneas, se me pone la piel de gallina. Enloquecí con esta obra maestra del modernismo catalán que está en construcción desde 1882. Cuenta la historia (a mí me lo contó mi amiga) que, como todo genio, Gaudí tenía mucho de loco e improvisaba la construcción sobre la marcha. Fue tal su obsesión con esta basílica que le dedicó 40 años de su vida casi en exclusividad.

Innumerables detalles. Desde la Pasión de Cristo en la fachada, hasta las puertas. Uno debe agudizar la mirada y utilizar visión panorámica. Detenerse y disfrutar. Prestar atención. Admirar. Y así y todo, queda corto.

Seguimos camino por la Av. Gaudí y hacia el fondo visualicé otra gran construcción, se trataba del Hospital de la Santa Creu i de Sant Pau, creación del arquitecto Lluís Domènech i Montaner, otro representante del modernismo catalán. Ese edificio, que parece una antigüedad está en pleno funcionamiento, es una joyita declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Otra de esas visitas imperdibles.

Pero yo quería más de Gaudí, de sus formas, sus ondas, sus colores. Y lo tuve. Lo tuve cuando descubrí la bellísima fachada de la casa Batlló, ícono de la ciudad catalana, o cuando conocí la casa Calvet, que ganó la primera edición del Concurso anual de edificios artísticos de Barcelona en el año 1900, y también cuando visité el Palau Güell, en la Rambla de Barcelona, cerca del puerto. También lo tuve cuando fui hasta la Plaza Real y vi unas farolas…  Ni hablar de cuando pasamos el día en el Parc Güell, ubicado en la parte más alta de la ciudad. Enorme fue mi asombro al toparme con unas escaleras mecánicas en plena calle que nos ayudaron a amenizar el empinado camino. Como todo lo que hizo Gaudí, en el parque, los detalles mandan. Se nota que el genio se inspiró en la naturaleza. Columnas con forma de árboles, rejas que remiten a las hojas, la escultura de una salamandra (imposibles sacarse una foto a solas con ella), mosaicos de colores, y una hermosa vista de la ciudad.

Eusebi Güell fue un millonario catalán, amigo, mecenas y admirador de Gaudí. El artista le construyó  –además del Palau y el Pac- las Bodegas Güell, los Pabellones Güell y la cripta de la Colonia Güell.

En Barcelona se respira arte, se sabe. Hay que estar atentos porque en el trayecto se presentan gratas sorpresas. Vas vagando por la Rambla, mirás hacia el cielo y ves la Casa de los Paraguas. O un gato, obra inconfundible del colombiano Fernando Botero. También podés ir hacia el mar, caminar por la arena, tomar algo en un barcito de la Barceloneta (antiguamente, un barrio de pescadores), divisar los edificios que se construyeron para los Juegos Olímpicos de 1992 y dar un paseo por las Pergolas de Miralles en la Villa Olímpica.

Museo Picasso, Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), Museo Nacional de arte de Cataluña (MNAC), en el Montjuïc, que alberga arte Románico, Gótico, Renacimiento, Barroco y Arte Moderno y donde se pueden ver obras de Salvador Dalí y Pablo Picasso.  Dentro del mismo parque Montjuïc está la Fundación Joan Miró. La lista sigue con el Palau de la Música Catalana; la Fundación Antoni Tàpies, y más. Un dato: El primer domingo de cada mes, la entrada es gratuita todo el día; el resto de los domingos desde las 15 hs.

Pero no sólo de arte vive el hombre. Estar en España y no comer jamón ibérico debería ser considerado un pecado. De nuevo en la Rambla, nos metemos La Boquería, un mercado que seduce por su aroma y sus productos frescos. Una fiesta para los ojos y el paladar. Me perdí observando la destreza con la que los comerciantes cortan el jamón con cuchilla, nada de máquinas como las que vemos habitualmente en los negocios. Otra manera de hacer arte, pienso.

Por la noche, una perlita de esas que no figuran en las guías de turismo, sino que conocés gracias a los residentes del lugar: se llama Robador23, un bar situado en una oscura callecita detrás del Hotel Barceló del Raval.

Con pocas mesas y menú reducido (las empanadas, riquísimas, las hace una argentina), se llena cada domingo, día en que ofrece un auténtico show de flamenco, con artistas y bailaores en vivo. Sentados en el piso, las paredes vibran ante cada zapateo.Cuando termina el show,  queda hecha la invitación para quien se anime a cantar o tocar la guitarra.

Arte, mar, rica comida, buena música, excelente compañía. Este viaje – no planificado- me dio eso y más. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Sólo agradecer el privilegio de viajar, conocer, aprender, dejarme sorprender. En definitiva, ser feliz.