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NATURALEZA Y CONFORT AL ALCANCE DE LA MANO

Naturaleza y confort al alcance de la mano

La corta distancia con Buenos Aires convierten a la provincia mediterránea en uno de los sitios predilectos a la hora de pensar una escapada, aunque su infraestructura también permite una estadía prolongada.

Texto: Karina Pontoriero

El miniturismo se ha consagrado como una de las formas más efectivas pare recorrer distintos paisajes, pero ¿los espacios recurridos para las escapadas pueden también ser destinos de estadías prolongadas? Los paisajes naturales y los servicios de hotelería de primer nivel pusieron al circuito termal de Entre Ríos en la selecta lista de espacios vacacionales aptos para todo tipo de salidas, en cualquier momento del año.

Reconocida como Capital Nacional de los Circuitos Termales, Entre Ríos cuenta con 15 complejos repartidos a los largo de la provincia. Federación, Colón, San José, Villa Elisa, Gualeguaychú, Villaguay, Victoria, María Grande, Concepción del Uruguay, Basavilbaso, Concordia, La Paz y Chajarí, que ofrecen espacios ideales para descansar y resistir las bajas temperaturas. Un baño termal es sinónimo de relax, es cierto. Pero, además, las aguas termales entrerrianas contribuyen a oxigenar los tejidos, colaboran con el metabolismo, favorecen la circulación y ayudan a eliminar toxinas. Una opción ideal para desintoxicar el cuerpo, recargar energías y disfrutar de una interesantes propuestas hoteleras y gastronómicas.

Pero Entre Ríos tiene mucho más para ofrecer: parques nacionales, ríos, arroyos y paisajes únicos, donde la historia y la cultura nos invitan a recorrerla. Los apasionados por las aves pueden visitar las Áreas Importantes para la Observación de Aves (AICAs), escenarios irresistibles donde se pueden conocer de cerca más de 400 especies y experimentar la majestuosidad de la naturaleza.

Otro de sus atractivos es la pesca deportiva. No hace falta ser un pescador avezado para disfrutar a pleno de ese instante mágico en que la caña se tensa. Los guías -este servicio está disponible en varias ciudades acercan la posibilidad de vivir una experiencia inolvidable sobre los ríos Paraná y Uruguay, siempre con la consigna de preservar la naturaleza.

Quienes quieran ser protagonistas de un auténtico día de campo pueden optar por visitar cualquiera de los numerosos establecimientos dedicados al turismo rural. Andar a caballo, pasear en carro o saborear la típica gastronomía entrerriana son sólo algunas de las actividades que integran esta entretenida propuesta.

Dos parques nacionales

A poco más de 3 horas de viaje desde Buenos Aires, a la vera de la autovía nacional 14, se encuentra el Parque Nacional El Palmar. Un auténtico mar de palmeras da un marco ideal para poder observar muy de cerca la fauna subtropical de Entre Ríos. También es posible hacer cabalgatas, canotaje, recorridos en bicicleta y visitas guiadas.

Menos conocido que El Palmar, pero con una belleza sin igual, el Parque Nacional Pre-Delta fue creado en 1992 para preservar una muestra de ambientes del Delta Superior del río Paraná. Ubicado a sólo 6 kilómetros al sur de la ciudad de Diamante, invita a admirar su exuberante vegetación y una fauna variada compuesta de nutrias, lobitos de río y yacarés ñatos.

Literatura viva

Hay una historia casi mítica que se construyó alrededor del castillo San Carlos, ubicado en el parque homónimo, que lo convierte en una visita imprescindible para quienes llegan a la ciudad de Concordia. Allá por 1890, los dueños del castillo se fueron repentinamente dejando todo abandonado a su suerte. Allí se alojó Antoine de Saint-Exupéry. El autor de El principito se habría inspirado con la espectacular vista hacia el río y el entorno natural para escribir algunos de sus relatos, aunque no hay acuerdo unánime sobre sus títulos. Hay quienes dicen que el cuento “Las princesitas argentinas” remite a las hijas de la familia que lo albergó, y otros aseguran que el encuentro del principito con el aviador perdido en el desierto (narrado, por supuesto, en El Principito) está basado en el propio aterrizaje de Saint-Exupéry en tierras concordienses. Lo cierto es que hoy, en esas más de 70 hectáreas, además de recorrer lo que quedó del majestuoso castillo, recrearse en los inmensos jardines y conocer el imponente Cristo de la Hermandad tallado en madera, se puede contemplar la escultura de El Principito, entrañable personaje creado por aquel aviador que, de acuerdo con varias versiones, aterrizó por casualidad en este paraíso natural

Parte de nuestra historia

Es sabido que Entre Ríos ocupó un rol central en la construcción institucional del país. Por eso, posee una rica historia que es posible conocer en profundidad recorriendo sitios históricos como el Palacio San José, donde vivió y murió asesinado Justo José de Urquiza, primer presidente constitucional de la Argentina. Su nombre original era Posta San José, pero los vecinos del lugar lo rebautizaron como “palacio” por lujos, tales como el agua potable de red, un servicio que en Buenos Aires recién conocerían en 1870.

Hay muchos otros testimonios del paso del tiempo y los procesos de colonización en la provincia. Los suizo-franceses, por ejemplo, han dejado su huella en San José, Villa Elisa y Colón, y el sello de los alemanes del Volga se distingue en las aldeas de la Costa del Paraná. Para agendar: la Fiesta Provincial del Pirok, que se celebra durante julio en la ciudad de Crespo (ubicada a 42 km al sudeste de Paraná), donde vive una gran comunidad de alemanes del Volga. En esta fiesta de alcance nacional habrá comidas típicas, artesanías, shows de la comunidad alemana y elección de la Reina. Una cita por demás tentadora. Es que hay un mundo por descubrir en Entre Ríos, más allá de los carnavales y las termas.

MÁS INFORMACIÓN
Ministerio de Turismo de Entre Ríos
FB/MinTurismoAR
@MinTurismoAR
#VivíArgentina

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PIEDRA PARADA

Piedra Parada, la gran chimenea patagónica

Es un sitio único en la estepa patagónica. una roca de doscientos noventa y cinco metros de altura que protege celosamente la chimenea de un viejo volcán extinto hace cientos de años. la magia de este lugar se siente en la energía que está presente en cada rincón junto al Río Chubut.

TEXTO Y FOTOS: Ezequiel López

Salimos de Esquel de madrugada con el sol pretendiendo trepar a los cerros que más tarde recorreríamos nosotros, zigzagueando inmersos en la profundidad de los valles de la estepa patagónica. El mate humeante pasaba de mano en mano para calentar las entrañas, todavía entumecidas por el frío y la neblina de la mañana. Los primeros kilómetros nos conducen hasta un desvío que tuerce hacia el Paso del Sapo y Gualjaina, un pueblo alejado de la vida turística tradicional pero que recibe a los viajeros que se animan a visitar Piedra Parada y el Cañadón de la Buitrera, dos nombres tan patagónicos que son un imán por si mismos para curiosos, escaladores y buscadores de aventuras.

El traqueteo del ripio nos acompañará por el resto de la jornada. Los campos a los lados del camino se encuentran sembrados de ovejas diseminadas en extensión. Algún molino aislado funciona como faro para señalar las aguadas y da un toque característico a las estancias que en estas latitudes se extienden a lo largo de miles de hectáreas en busca de pastos tiernos y mallines para sus animales. La entrada al pueblo va marcando el ritmo de nuestra aventura. Sus calles aletargadas muestran todavía la escarcha helada de la noche, mientras despiertan de su letargo nocturno. Allí nos abastecemos de vituallas y estiramos las piernas entumecidas por los primeros kilómetros del viaje, aprovechando el momento para conversar con algún paisano y ponernos al corriente de las novedades de la comarca.

El camino continúa sin novedades hasta llegar a un gran valle regado por el río Chubut que anticipa una serie de cerros bajos que van diagramando los intersticios del Cañadón de la Buitrera. El paisaje casi lunar propone vistas espectaculares con las más variadas formas y colores, apasionando a los clics de las cámaras fotográficas. Las nubes jugando a las escondidas con el sol, se encargan de ponerle los matices a la pintura. En una esquina inexistente, sentado sobre su mochila, un muchacho espera pacientemente el paso de un vehículo que lo arrime hacia algún lado.

Detrás de una curva sedentaria aparece la enorme roca. Tan sólo encontrarse con ella a la distancia demanda respeto. ¡Una mole de 295 metros imponente, colosal, grandiosa! Paraíso de escaladores, admirado por los visitantes, lugar de meditación junto al río, refugio de cóndores o el sitio en donde habitan las historias más fantásticas, esta enorme piedra parece haber sido puesta en este lugar para cruzársela de improviso detrás de la última curva del camino. Nuestra expectativa es enorme.

Hacía años que queríamos tocarla, mirarla, rodearla a pie, escalarla, fotografiarla y sentir su energía en las entrañas.

Piedra Parada es lo que queda de la chimenea de un volcán extinto, que se alza hacia el cielo con los últimos vestigios de una época en la que el centro de la tierra emanaba fuego desde sus entrañas. Tan sólo llegar a su base y ver la altura de su cumbre, da cuenta de las dimensiones que propone la naturaleza. La permanente caída de rocas producto de las quebraduras por diferencia de temperatura, sol, agua y nieve acumulada, sembró su base de escombros que llegan a formar una pequeña base de operaciones para entrar en calor antes de la escalada. Nuestras aspiraciones en la pared contemplan elevarnos sólo unos cuantos metros, que de todas formas producen un gran vértigo en el estómago, pero son una hazaña personal ya que escalamos sin cuerdas ni sujeciones y con escasa técnica y conocimientos del deporte. Por dónde se la mire, la roca está sembrada de tornillos, pernos de expansión, mosquetones y vías abiertas en todas direcciones. Los extraplomos sobresalen a poca distancia de la base, mostrando las garras de la piedra ya desde un comienzo. Con sólo alzar la vista uno puede meterse de lleno en la historia milenaria e intentar batir a la naturaleza en una lucha de poderes. La recompensa de hacer cumbre es erguir el cuerpo contra el viento y echar una mirada a los alrededores sin interrupciones hasta donde manda el infinito.

A un lado corre el Río Chubut, silencioso y de aguas cristalinas que se dejan beber para refrescar la sequedad de la garganta. El aire se mueve acariciando las ramas de los sauces en una danza que engalanan el paso de una caminata por la orilla. A lo lejos pero lo bastante cerca como para animarse a recorrerlo, se encuentra el Cañadón de la Buitrera. La entrada a este pasadizo secreto está vigilada por la gran Piedra Parada y un puente que cruza hacia el otro lado del río. Un efímero hilo de agua baja de sus entrañas, como perforando pacientemente los 300 metros de muros acantilados que contienen aquel paso. A poco de internarnos por el sendero marcado con los años, comienzan a sentirse los ecos de la montaña amplificados en sus paredes. De pronto se oye un grito desgarrador y un deslizamiento a lo lejos llama la atención de nuestras miradas. Un escalador acaba de perder agarre y se hamaca colgado de su cuerda de seguridad, frustrado por su impericia para dominar a la roca.

Poco a poco van apareciendo aquí y allá otros grupos que también intentan ascender hacia el espacio. El frío de las sombras que se proyectan desde el filo de la meseta apura un abrigo y una nueva ronda de mates, mientras nos acomodamos al amparo de un arbusto para observar una cordada de dos que intentan un asalto a todo o nada. Los escaladores van haciendo seguridad entre ellos pero sin ninguna persona de apoyo en la base, obligándose a salir por arriba ya que su técnica deja vedada la posibilidad practicar un rapel en esas condiciones. El atardecer suma sus colores a este gran espectáculo. Los sonidos se acomodan en los intersticios y repercuten en el vacío del aire. Es la roca sagrada que aprendió a reproducir las voces de nuestros antepasados y las proyecta hacia el futuro para que tomemos conciencia de que estamos en un lugar único que debemos cuidarlo.

Ezequiel López es escritor, fotógrafo y publicista. Recorre la Patagonia desde hace más de 30 años en busca de historias e imágenes para retratar instantes que nunca se volverán a repetir. Lleva escrito 12 libros, cientos de notas y varias muestras fotográficas. Te invitamos a conocerlo en www.librosdeviaje.com.ar.

Lugar:
Piedra Parada | Chubut | Patagonia Argentina.
Coordenadas Google Map:
-42.6599009,-70.1042931
Coordenadas GPS:
42°39’35.6”S 70°06’15.5”W

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A ROMA CON AMOR

A Roma con Amor

Roma me recibió con frío, pero con sol. La crudeza del invierno europeo no se manifestó tan virulenta este enero y pude disfrutar sin problemas de mi primera visita a la grandiosa capital de Italia.

 TEXTO: Mariana Soulages     FOTOS: Estudio NN

Llegué a la cuna de la civilización occidental, un miércoles, día de audiencia papal en el Vaticano. Allá fui entonces con una amiga argentina bien tempranito para ver al Papa Francisco -nuestro

Jorge Mario Bergoglio- con muchas expectativas y sin saber demasiado sobre qué nos deparaba esa visita. A las 8 de la mañana atravesamos la imponente Columnata de Bernini e ingresamos a Piaza San Pietro. Fue muy emocionante estar en ese lugar tan significativo para los católicos y, además, sentadas a pocos metros del Sumo Pontífice, que al terminar la ceremonia se acercó a saludar a quienes habíamos ido a verlo. Era increíble ver las reacciones que en cada persona generaba este “Papa de la gente”: llanto, emoción, felicidad, paz, fervor, esperanza. Cuando llegó mi turno, me miró con dulzura y me agarró la mano mientras me sonreía. Fue un instante eterno en el que yo, que trabajo con las palabras, empecé a balbucear sin saber bien lo que decía. Un momento mágico.

Al terminar la audiencia, ingresamos a la Basílica de San Pedro a través de la Puerta Santa. Esta puerta sólo se abre ocasionalmente: la última vez había sido en el año 2000, durante el Jubileo que impulsó Juan Pablo II, y el pasado diciembre. Francisco realizó su nueva apertura para dar inicio al Jubileo de la Misericordia. Se dice que quien la atraviesa obtiene el perdón general de sus pecados, así se podría decir que he vuelto casi santificada de mi estadía en Roma.

Un capítulo aparte merecen los Museos Vaticanos. El arte en toda su expresión te desborda los sentidos. Hay muchas cosas interesantes para apreciar si se va con tiempo y ganas de saber sobre el tema, pero entre los imperdibles están las Estancias de Rafael, donde se pueden apreciar los frescos más famosos de este pintor, como la Escuela de Atenas. Y al final del recorrido, la Capilla Sixtina, con su bóveda cubierta por la obra pictórica de Miguel Ángel. Es realmente fascinante como este artista logró la tridimensionalidad a través de la pintura y el grado de detalle en las expresiones.

Al día siguiente fuimos a recorrer el Castello de Sant’Angelo. El edificio tuvo un uso militar y, desde 1277, está conectado con la Ciudad del Vaticano por un corredor fortificado, llamado Passetto, de unos 800 metros de longitud. Fue el refugio del Papa Clemente VII durante el asedio y saqueo de Roma que llevaron a cabo las tropas del rey Carlos I de España, Emperador del Sacro Imperio Romano en el año 1527.Está situado en la orilla derecha del Tíber, por lo que desde su terraza en el piso superior se puede obtener una magnífica vista de la ciudad que incluye la ribera del río y la cúpula de San Pedro.

De allí volvimos caminando por las calles y pasajes que en cada esquina nos revelaban una postal digna de un cuadro, mientras disfrutábamos de “Ildolcefarniente” (o ‘lo dulce de no hacer nada’), al mejor estilo italiano.

Debo decir que cuando uno conoce Italia, claramente entiende de dónde venimos los argentinos y el porqué de nuestras costumbres y hábitos. El volumen elevado y la gesticulación corporal al hablar, el desorden del tránsito y los atropellos peatonales en los lugares públicos son algunas de las herencias que identifiqué.

Por la tarde fuimos al Coliseo. Imposible estar ahí y no imaginarse a Russell Crowe vestido de gladiador y recrear mentalmente esos famosos espectáculos de la época del Imperio. De allí fuimos al Foro Romano, que era el lugar en donde se llevaba a cabo el comercio, los negocios, la prostitución, la religión, la administración de justicia del antiguo Imperio y se situaba el hogar comunal. Caminar entre aquellas ruinas es adentrarse en los orígenes de nuestra historia y de cómo se forjaron nuestras civilizaciones.

Por la noche, cenamos en el barrio del Trastevere (Tras el Tíber): un barrio encantador de calles empedradas, lleno de bolichitos y restaurantes que ofrecen un clima delicioso para terminar la velada con un buen vino. Por una suma aceptable, se pueden conseguir menúes que incluyen una entrada o antipasti, un primer plato, que suele ser pasta o risotto, y un segundo plato que -y acá viene lo extraño- puede ser fiambre u otro plato frío. Los locales, insaciables aún después de la pasta, piden alguna carne con guarnición. Sí, los italianos comen mucho y los hidratos de carbono están a la orden del día.

Difícil para quienes quieran hacer dieta. Pero, debo decir, que en general los tanos son flacos y esbeltos. Mi conclusión es que debe ser por la cantidad de escaleras que tienen que subir y bajar en todos lados: metro, edificios públicos, monumentos y plazas.

Para nuestro tercer día en esta bella ciudad, comenzamos el recorrido en el imponente monumento a Víctor Manuel II, primer rey de la Italia unificada. Desde allí, tomamos la famosa Vía del Corso hasta terminar en la Piazza del Popolo, coronada por las iglesias gemelas y por un gran obelisco egipcio en el centro. Algunos de nuestros desvíos incluyeron la Vía Condotti, con sus tiendas de alta gama; la Piazza di Spagna, cuyas escalinatas son escenario de famosos desfiles de modas; la Piazza Navona; y el Panteón donde están enterrados los primeros monarcas de Italia y el pintor Rafael.

Nuestra última parada fue la famosa Fontana di Trevi. Cuenta la leyenda tradicional que los visitantes que arrojan una moneda a la fuente aseguran su regreso a Roma y yo, como quiero volver, por las dudas, tiré la mía.

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NORTE ARGENTINO

Vacaciones en el Norte Argentino

En vacaciones uno quiere relajarse, descansar, desconectarse o tal vez vivir aventuras. Son muchas las opciones, y el Norte argentino abre un abanico de oportunidades que tientan con colores, sabores, paisajes espectaculares y gente cálida que hace sentir a los viajeros como en casa. Será cuestión de elegir una, ¡o todas!

Salta: Vacaciones con sabor torrontés

Recorrer los senderos de Salta siempre trae mucho más que el placer de caminar. Al sudoeste de la provincia, los paseos vienen acompañados de sabores y fachadas pintorescas, de pausas en mercados artesanales llenos de colores y de brindis con vinos de altura exquisitos.

Visitas a bodegas artesanales, industriales, boutique o familiares, degustaciones, caminatas por los viñedos: todo está al alcance en localidades como Cafayate, San Carlos, Angastaco y Molinos. Entre brindis con torrontés (la cepa estrella), una picada de quesos de cabra con pimientos del norte o una cazuela de cabrito sorprenden en un almuerzo entre vides y, de postre, un clásico cayote o helado (¡de torrontés!), para seguir a tono con la experiencia. Sentarse tranquilos y sin apuro, disfrutar del sol en la cara, el verde del paisaje… Los pueblos muestran vistas de casas de la época colonial, esquinas en ochava y tejas de adobe que dejan un gusto a otra época. Y es tiempo de vacaciones, así que no está de más darse un regalo y alojarse en una bodega o recibir un tratamiento de vinoterapia rodeados de viñas y cerros con sus picos nevados. Cada detalle se disfruta, no hay horarios para brindar y siempre quedan ganas de más charlas, más vino y más cielos estrellados junto a la calidez de la gente de los valles Calchaquíes.

Santiago del Estero: madre de ciudades

A pura chacarera, Santiago vive con ritmo todo el año. Basta con dejar la valija y arrancar una caminata para envolverse con la alegría de esta ciudad (¡la más antigua del país!), y hay que andar bien atentos para admirar la arquitectura, la plaza principal, los edificios más antiguos de la zona, el Puente Carretero… Hay tanto para recorrer como para divertirse, ya sea sumándose a una fiesta en los patios santiagueños o disfrutando unos ricos tamales y empanadas. ¡Es imposible quedarse sin bailar! Después, sólo queda elegir qué hacer: si tomar Santiago como punto de partida para ir a renovarse a las Termas de Río Hondo, seguir con el paseo por las calles de la ciudad o visitar el taller de un lutier reconocido y enamorarse del sonido de una sachaguitarra.

La Rioja: naturaleza pura en la Quebrada de los Cónodres

Los viajeros observan atentamente el cielo durante unos minutos. El paisaje está lleno de belleza. De repente, un cóndor andino aparece recortando el aire puro con sus alas extendidas y la sonrisa de los visitantes es automática ante ese espectáculo de la naturaleza. La escena ocurre en suelo riojano, más específicamente en la Quebrada de los Cóndores, donde disfrutar del vuelo de una de las aves majestuosas de la región es posible en medio de las sierras, entre tareas rurales e historias de la provincia.

A pie o a caballo, familias, mochileros y grupos de viajeros recorren la quebrada y aprovechan todo lo que ofrece. A los avistajes se suman las visitas a los lugareños que reciben a los invitados con cocina y productos regionales, y que también brindan alojamiento para quienes lo deseen. Mientras se saborean algunas comidas típicas de elaboración propia, las charlas con los pobladores de la zona conectan con otro ritmo de vida, y el sol riojano hace brillar más cada detalle.

Jujuy: días con sabor a campo

Los días empiezan temprano, y eso quiere decir que se aprovecha al máximo el tiempo para relajarse y hacer algo distinto. Pueblitos jujeños como Ocumazo, Hornaditas, Valle Colorado, Punta Corral, Tumbaya Grande reciben con colores, sabores y experiencias llenas de tranquilidad para disfrutar unas vacaciones en armonía y convivencia con la naturaleza.

Después de un buen desayuno de api (bebida a base de maíz) con tortillas, las actividades se extienden toda la mañana para aprender a ordeñar las cabras y obtener leche para el queso, cuidar los cultivos o sumergirse en las técnicas ancestrales de tejido con lanas.

Mates de por medio y de cara a los colores del paisaje, hay anécdotas y charlas, consejos e historias, cabalgatas, tareas rurales para desconectarse y reencontrarse en almuerzos ricos y bien caseros. Estando ahí, hay que probar, probar y probar: los sabores desconocidos aparecen en un guiso de mote, una calapurca andina, una sopa majada o platos en base a quinua.

Pisar la tierra descalzos, tomar el agua de vertiente o saborear un pan recién horneado: todo hace revalorizar las cosas importantes y llena el espíritu. Alojarse en una casa rural, aprender de las familias y disfrutar de las costumbres es tan rico como degustar la gastronomía típica de las fiestas populares.

A la vuelta del viaje, no hay que extrañarse si uno se encuentra renovado: entre tanta conexión con una vida natural, ¡habita el secreto de unas vacaciones maravillosas.

Catamarca: aventura en Fiambalá

Por la ruta de los Seismiles, en Fiambalá (a 322 kilómetros de la capital provincial) los escenarios vírgenes florecen ante los ojos de los viajeros. Casi en la frontera con Chile, el paisaje ofrece la suma de más de veinte picos que superan los 6000 metros sobre el nivel del mar y traen consigo muchos detalles: grandes contrastes de colores, formaciones geológicas que fascinan y recorridos que invitan a asombrarse a cada paso.

En el trayecto, el verde fuerte del río pasa a un rojo intenso en la quebrada de las Angosturas y el cielo se ve azul oscuro. Las montañas, que primero se ven a lo lejos, de golpe parecen al lado del camino con una fuerza que deslumbra, y las posibilidades para emprender la aventura en el camino son muchas: desde sandboard, hasta travesías en 4×4 y en cuatriciclos por los médanos.

Después de días de adrenalina, dedicarle un tiempo a sumergirse en las aguas termales de Fiambalá es el broche de oro de unas vacaciones con ritmo diferente.

Tucumán: a caballo por Tafí del Valle

A 107 kilómetros de San Miguel de Tucumán, llegar a Tafí es entrar en otro mundo, uno en el que los ruidos y el bullicio de las ciudades no tienen lugar, y en el que el camino sorprende con cosas como una llama paseando tranquila, una oveja que pasta alejada del rebaño o un caballo manso disfrutando bajo el sol.

Las cabalgatas son una forma genial de transitar los senderos del valle. Sea con un circuito corto o en una travesía de varios días, el placer de ver los paisajes desde otra perspectiva se combina con momentos de pausa y relax: parar a tomar mate, probar algunos de los exclusivos quesos de la zona con pan de campo y, para el almuerzo, un asado que aporta el sabor de la experiencia gaucha.

Cansados después de un día agitado, las noches tucumanas deparan otro tipo de experiencias bajo el cielo estrellado, llenas de sabores, charlas y risas. Luego de la cena, los hostels, cabañas, posadas y estancias de siglos pasados (en las que además se elaboran quesos artesanales, ¡una delicia!) son las opciones para encontrar sueños tranquilos y descansos renovadores.

Los colores de los valles, los sonidos del río, el viento y los cascos de los caballos musicalizan las jornadas, que se amenizan aún más entre desayunos y meriendas con pan y dulces caseros.

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CHUBUT

Un verano lleno de posibilidades en Chubut

Descansar, andar descalzos sobre la arena o dormir una siesta con el sonido del mar. Llega el verano y con él, ¡las ganas de tomarse vacaciones! Es momento de desconectarse de todo para partir a un paisaje distinto: Chubut.

La playa se vive de forma diferente en la provincia del Chubut. El mar y el sol se mezclan con avistajes de pingüinos en lugares bien cercanos, con sumergirse en el agua a jugar con los lobos marinos, con caminar por la costa bajo un cielo que oscurece recién a las diez de la noche.

Tanto en Puerto Madryn como en Puerto Pirámides, Playa Unión, Camarones y Rada Tilly, los días son tranquilos y familiares, la temperatura es agradable (en verano supera los 30°) y cada uno puede disfrutar de lo suyo: sentarse a tomar mate, jugar al fútbol dejando huellas en la superficie blanca o desafiar las olas y el viento en una tabla de surf. Ni bien se llega a la costa chubutense se percibe la brisa en la cara, se hunden los pies en la arena y se ve que alguien, a lo lejos, se da un chapuzón en el mar transparente y tienta a hacer lo mismo. Antes que cualquier otra cosa, se corre a sentir la frescura del agua: acá las maravillas se manifiestan en pequeños placeres como tomar algo y disfrutar el paisaje de la meseta -tan diferente al de otras playas-, en tirarse sobre una manta, mirar hacia arriba y contemplar sólo el cielo celeste.

En verano, los balnearios abren sus puertas con propuestas particulares para recibir a los visitantes: no sólo se encuentra tiempo para el relax, sino también para ponerse en acción y practicar kayak, snorkel, buceo o surf.

En Playa Unión, a sólo 6 kilómetros del centro urbano de Rawson (la capital provincial), los más deportistas pasan los días entre kitesurf y windsurf: es el lugar perfecto por el oleaje.

En las playas agrestes de Puerto Madryn, hay que poner en práctica el arte de caminar y dejarse llevar por la naturaleza. Los balnearios están equipados; la gastronomía junto al mar le da sabor a la experiencia; siempre se da algún espectáculo; y, al estar en la Capital Nacional del Buceo, es inevitable animarse a alguna actividad subacuática. Las hay para todos los gustos, desde buceo hasta snorkel con lobos marinos. Dormir hasta tarde o madrugar para visitar la playa temprano, aprovechar el sol para desayunar con un  picnic o encontrarse con amigos en un café: lo lindo está en que se puede elegir y en sentir que los días le pertenecen a uno.

En Rada Tilly, la posibilidad de practicar carrovelismo está a la orden del día y, si el calendario astronómico coincide, hay que aceptar con gusto la oportunidad y emprender un trekking bajo la luna llena en el Área Natural Protegida Punta del Marqués.

A 160 kilómetros de Rawson, las playas de Puerto Pirámides están protegidas por acantilados, el paisaje está enmarcado por tamariscos y médanos, y las aguas son cristalinas y calmas, así que es fácil entrar en su ritmo relajado. Esa tranquilidad se extiende hasta bien entrada la noche, momento para una cena con frutos de mar y una caminata por la costa.

Algunos salen a andar sin rumbo fijo, a dejar que algún animal del lugar los sorprenda a lo lejos. Para los chubutenses es algo cotidiano ver a los lobos marinos descansando en la arena, pero los viajeros no pueden creer tenerlos tan cerca y no dejan de asombrarse con sus movimientos graciosos y su pereza. Las excursiones para acercarse a los rincones llenos de fauna son muchas y van de embarcar en Puerto Rawson y avistar a los delfines patagónicos, a acercarse a Punta Tombo y Cabo Dos Bahías para sonreír con los pingüinos y su caminata, o hacer una escapada a El Doradillo para ver a las ballenas.

En Punta Loma, a 17 kilómetros de Puerto Madryn, todos quieren sumergirse a nadar con los lobos marinos, y la experiencia lo vale: primero, estos animales miran tímidos, pero luego entran en confianza y se acercan a jugar; tanta proximidad conmueve, y su espíritu divertido es tal que se expande por el agua y llega hasta los visitantes.

Lugares para descansar abundan por toda la zona: hoteles, apart hoteles, cabañas, departamentos, casas, campings y hostels reciben a los viajeros con la promesa de camas mullidas y sueños tranquilos. Tanta calidez hace que, aún estando lejos de casa, uno se sienta bien recibido. Y las actividades son tan distintas a las de la vida cotidiana como pasear por la playa en bicicleta, rodear los acantilados del golfo Nuevo en Puerto Pirámides y (hasta el mes de diciembre) avistar ballenas desde la costa, en un barco ¡o en  submarino! Tal vez sea todo lo que hace falta para volver renovados, con la confianza de haber vivido momentos en una sintonía diferente.

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NIEVE ARGENTINA EN LOS SIETE LAGOS

Nieve argentina en los Siete Lagos

La ruta de los siete lagos se tiñe de blanco para recibir a los viajeros en las proximas vacaciones de invierno. Un camino que une las mágicas localidades de San Martin de los Andes, Villa La Angostura, en la provincia del Neuquén y de San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro.

Al comenzar el recorrido, la primera sensación es la de asombro. La vista se pierde y donde se mire, la belleza natural despierta y atrapa los sentidos: una cumbre blanca, un lago cristalino, un bosque repleto de añosos árboles que cuentan una historia milenaria.

El circuito de los Siete Lagos es clásico y único: siguiendo el trazado de parte de la Ruta Nacional N° 40, enmarcado por grandes cerros y bosques de especies autóctonas, brinda panorámicas vistas de la región. Un camino escoltado de cerca por la belleza de los lagos Lácar, Machónico, Hermoso, Villarino, Falkner, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi.

Una de las formas de transitar esta ruta es partiendo desde San Martín de los Andes, localidad ubicada en la provincia del Neuquén.

Esta apacible aldea de montaña recibe con un paisaje que parece salido de un cuento: sus casas de madera y piedra con los techos nevados, sumado al marco de las montañas, poseen un singular encanto. Para apreciar el espectáculo bien de cerca, una de las opciones es tomar parte del circuito arquitectónico guiado por la ciudad.

Caminando por sus calles, hacia el oeste, se llega a la zona de la Costanera. Allí el lago Lácar aparece como el compañero ideal para estas montañas. Es un sitio ideal para parar a tomar algo en alguna de las confiterías emplazadas aquí, admirando el impactante paisaje a través de sus amplios ventanales.

El Parque Nacional Lanín -hogar del volcán del mismo nombre- se encuentra a 100 km. En esta época, por lo general la nieve cubre desde la más alta cumbre, hasta la copa de los árboles y el suelo bajo nuestros pies. Los Pehuenes, araucarias y una variada fauna que incluye al simpático pudú, el ciervo más pequeño del mundo, son los compañeros testigos de la visita.

En la próxima parada del viaje, los esquís, tablas, bufandas y camperas se convierten en los protagonistas para acercarse a lo más profundo de la montaña nevada. Es que el cerro Chapelco, a 20 km de San Martín de los Andes, espera cubierto con su manto blanco y una variada gama de actividades invernales para todos los gustos.

El trazado de muchas de sus 31 pistas se sumerge en el bosque nativo de lengas. La nieve se desliza bajo los esquís, el viento fresco se siente en la cara y la experiencia liberadora hace que el estrés quede atrás, lejos. Mientras, los más chicos pasan el momento de sus vidas dando los primeros pasos en este deporte o jugando en las escuelas y en el jardín destinado exclusivamente a ellos.

Las familias también encuentran su tiempo de reunión: armar un simpático muñeco de nieve, sentir la adrenalina de tirarse en un colorido inflable en la pista de tubing, o realizar un bello paseo en trineos tirados por perros entusiasma tanto a chicos como a grandes.

Entrada la tarde, el aroma del chocolate caliente de las confiterías y los paradores de montaña invita a todos a la mesa o alrededor de una chimenea para relajarse y contarse las aventuras vividas en el día. La charla se mantiene tan animada como el fuego del hogar y se acompaña con exquisitos dulces regionales.

Por la noche, llega el momento del descanso. Quedarse en la ciudad o en una cabaña en medio de la naturaleza, rodeados sólo por el sonido de un arroyo o de la nieve cayendo, es una posibilidad inigualable. Así, la montaña y la Patagonia brindan el bienestar que, de más está decir, los viajeros aceptan gustosos.

Villa La Angostura

La Ruta de los Siete Lagos continúa su camino en medio de vistas de una hermosura particular. Mientras se recorre y se admira la mezcla de bosques, montañas y ríos, asoman por el paisaje los lagos Lácar, Machónico, Hermoso, Villarino, Falkner, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi. Detenerse en alguno de ellos para apreciar su imponente belleza vale la travesía.

 A orillas del lago Nahuel Huapi, todavía en la provincia del Neuquén, se levanta una cálida aldea cordillerana: Villa La Angostura. Aquí continúa el recorrido, un lugar en donde la frescura y el aroma de centenarios coihues, ñires y lengas invaden los caminos y los sentidos, mientras se recorre la naturaleza en su estado más puro.

Un punto de reunión especial es el Cerro Bayo, ubicado a sólo 9 km de Villa La Angostura. En este exclusivo centro boutique las actividades van desde el esquí hasta los paseos en motos de nieve. Los principiantes dan sus primeros pasos en este deporte, sin importar las caídas, con el ánimo de quien tiene la diversión como meta.

Las 23 pistas del Bayo comprenden todos los niveles de dificultad, por lo que los más experimentados y los profesionales encontrarán también un desafío a su altura.

Sobre la falda sudeste del cerro, mediante una telesilla se llega al mirador. La recompensa de la travesía no es poca: desde arriba se admira una gran vista panorámica que llega hasta el cerro Catedral y la península Llao Llao.

Partiendo de Villa La Angostura, siguiendo el Circuito de los Siete Lagos se llega a escenarios naturales protegidos. Desde su muelle parten embarcaciones hacia San Carlos de Bariloche, con paradas intermedias en el Parque Nacional Arrayanes, que cobija al único bosque en el mundo de estos hermosos árboles. Aquí se podrá caminar por el sendero entablonado apreciando los ejemplares centenarios de más de 20 m de altura, una experiencia sin igual.

Bariloche

 En la provincia de Río Negro, el viaje continúa en San Carlos de Bariloche, una ciudad en la que los buscadores de aventuras verán cumplidas sus más altas expectativas.

Al abrigo de la hospitalidad y la calidez cordilleranas, la posibilidad de hacer muchas cosas en un mismo lugar está a la orden del día: desde recorridos guiados por el Centro Cívico y su encantadora arquitectura de madera y piedra —postal clásica a ser capturada por la cámara— hasta las actividades más adrenalínicas en lo alto de la montaña.

Capital Nacional del Turismo Aventura, partiendo desde esta ciudad sólo hay que recorrer 19 km inmersos en un entorno inigualable para llegar el Cerro Catedral, uno de los centros de esquí más importantes de Sudamérica.

Ubicado dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, sus 53 pistas de diversa dificultad son el escenario ideal para el esquí de fondo, el alpino y el snowboard. Mientras que los bosques, cañadones y espectaculares pendientes son especiales para la práctica del esquí fuera de pista. Los más de 300 instructores calificados son una oportunidad que no pueden dejar de aprovechar aquellos que quieran iniciarse en este deporte.

Es, además, un centro que se disfruta con toda la familia: desde los recorridos guiados por la montaña, que llevan a través de senderos inmersos en bosques; hasta la divertida pista de tubing y los paseos en trineos tirados por perros. También se combina acción y diversión con los fourtrax y snowcats por senderos custodiados por árboles centenarios; y se siente la adrenalina de volar por entre los impactantes paisajes practicando canopy.

El recorrido continúa en la confitería giratoria emplazada en la cima del Cerro Otto, desde donde se aprecian deslumbrantes vistas del entorno nevado, mientras se disfruta de un chocolate caliente, un café o té acompañados con torta de frutos del bosque, torta de crema o tarta de manzana.

Al calor de una salamandra, viendo el bello horizonte a través de la ventana de una confitería o pasando un agradable rato en familia en una chocolatería, se saborean los más deliciosos dulces artesanales. Es que Bariloche es la meca del chocolate: nadie puede irse sin probar sus clásicas exquisiteces, ideales para compartir en el momento o traerse como regalo.

El viaje sigue ofreciendo paisajes diversos, y la próxima parada es a bordo del Tren Patagónico. Con un recorrido que va desde Bariloche hasta la estación de Viedma, en sus encantadores vagones los viajeros podrán saborear una pizca de la vida cotidiana del lugar, ya que al no ser exclusivamente turístico, es abordado diariamente por los pobladores de la zona. Entre charla y charla, la cultura local se deja conocer, y las postales más conmovedoras de la Patagonia se muestran a través del vidrio de las ventanas: así, se van sucediendo la cordillera, la estepa y el mar.

De a poco llega la noche y las aventuras dejan lugar a la vibrante vida nocturna de la ciudad. Deleitarse con un plato de cordero ahumado acompañado por un buen Malbec o Cabernet Sauvignon patagónico en alguno de los restaurantes de la zona es imperdible; o de un trago, una copa y las clásicas cervezas artesanales, invitados estrellas en las reuniones con amigos en los bares y boliches.

Para dejarse rendir al descanso luego de un largo día de actividades, la amplia oferta de hospedajes de Bariloche cumple con cualquier necesidad. Desde alojarse en los hoteles ubicados en la base del cerro Catedral hasta en alguno de los exclusivos sitios del centro de la ciudad.

Así, con el recuerdo de una jornada intensa, llega el sueño reparador al abrigo de una chimenea. Afuera, espera otro día en la nieve y todo un mundo de aventuras por vivir en el encantador y mágico sur argentino.

MÁS INFORMACIÓN:

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DUBAI

Fascinante y excéntrica Dubai, una ciudad donde el lujo es cotidiano

Un oasis en el desierto. Así es Dubai, uno de los siete Emiratos Árabes Unidos y, tal vez el más conocido por su auge estrepitoso en los últimos años dentro de la comunidad mundial.

TEXTO:Mariana Soulages

Situada en pleno desierto de Arabia y a orillas del Golfo Pérsico, Dubai es una ciudad que deslumbra a cualquier visitante porque, más allá de sus edificios deslumbrantes y su fastuosidad, todo funciona a la perfección.

Bajé en el aeropuerto la mañana del 31 de diciembre y desde allí un tren de alta velocidad me llevó directamente a metros de la casa de una amiga que el año pasado se fue a vivir a esa pujante y cosmopolita ciudad asiática. Ana y su marido, como gran parte de la población de Dubai, son extranjeros que fueron en busca de una oportunidad a ese punto del planeta donde el desarrollo y el crecimiento económico no parecen ser un problema. Así lo atestiguan los cientos de edificios construidos en estos últimos años con sofisticados diseños, y la gran cantidad en vías de construcción que se ven en cada cuadra.

Por suerte, el calor en diciembre es un poco más benévolo, ya que cuando alcanza su punto cumbre la sensación es como la de “meter la cabeza dentro de un horno”, según dicen los locales.

Ana vive a metros de la playa en el coqueto barrio Dubai Marina emplazado en el corazón del “nuevo Dubai” y ubicado en torno a un canal artificial de 3,5 kilómetros de longitud que ofrece acceso al mar desde sus dos extremos y está circundado por un agradable paseo (Dubai Marina Walk) repleto de restaurantes con cocina de distintos países.  Por donde se mire, está lleno de rascacielos residenciales, centros comerciales y lujosos hoteles. Algo así como el Puerto Madero árabe.

Nuestra primera visita fue a la mezquita Sheikh Zayed en Abu Dhabi -otro de los Emiratos, famoso por ser el escenario de la película Sex & the City 2- con 20 mil metros cuadrados de superficie, totalmente realizada en mármol blanco níveo en el que se incrustan piedras como: lapislázulis, amatistas, ónix rojo, aventurina y nácar. Las lámparas son arañas de cobre y oro con cristales Swarovski y la alfombra de 5.627 metros cuadrados (la más grande del mundo) fue hecha a mano por mujeres iraníes.  Cada detalle de esta joya de la arquitectura es, a su vez, otra joya en sí misma. Para entrar al predio tuvimos que ponernos una abaya, una túnica negra que por razones religiosas se usa sobre la vestimenta y cubre la cabeza. Todo el personal de seguridad estuvo atento a que no se corra ni un centímetro la capucha y a que no pisemos algún lugar sagrado. Tampoco pudimos abrazarnos para sacarnos una foto, ni filmar el sonido del rezo que se escuchaba desde afuera. Pero a pesar de los retos, el paseo valió la pena.

Esa noche, ya de vuelta en Dubai, recibimos el nuevo año desde la playa y observamos los fuegos artificiales que se lanzaron desde distintos puntos emblemáticos: la famosa isla artificial conocida como la Palmera Jumeirah; el rascacielos Burj Khalifa, que es el edificio más alto del mundo con 828 metros de altura; y el Burj Al Arab, el hotel más lujoso del mundo y sorprendente con su arquitectura en forma de vela.

Al otro día, partimos a ver el atardecer en el desierto. Nos subieron a una camioneta 4×4 sobre la que recorrimos a toda velocidad -o por lo menos eso era lo que yo sentía- las pronunciadas y cambiantes dunas. Luego de esa pequeña travesía, una tienda de beduinos nos esperaba con té, comida típica y shows de danzas tradicionales. El safari en el desierto es una de las excursiones más famosas por estos lares.

El tercer día lo dedicamos a una de las actividades más importantes de Dubai: el shopping. Fuimos a dos de los más importantes: el Mall of the Emirates, es el segundo centro comercial más grande de Dubai y uno de los mayores del mundo. Allí dentro hay una pista de esquí artificial.

El segundo es el Dubai Mall, que con 111 hectáreas se ganó el título de ser el más grande del mundo. Alberga tiendas como Dior, Chanel, Louis Vuitton o Dolce & Gabbana, hasta cadenas internacionales como H&M. Por sus galerías se pueden ver a los jeques con sus varias mujeres haciendo compras -se les permite tener tantas como puedan mantener-. También podés encontrar un gran acuario, que contiene hasta tiburones y una pista olímpica de patinaje sobre hielo. Desde una de sus entradas, se accede a una vista privilegiada del Burj Al Kalifa, frente al cual se desarrolla cada media hora un espectáculo de aguas danzantes digno de parar las compras e ir a ver.

Para finalizar el tour, fuimos al Zoco antiguo de Deira, que es como retroceder en el tiempo. Allí se encuentran el Zoco de las Especias -la combinación perfecta de colores, sabores y olores tradicionales- y el Zoco del Oro, más de 300 tiendas que venden lo que uno se imagine en ese metal precioso que los árabes ostentan por la calle sin tapujos. Allá no es un problema la inseguridad.

Finalmente, cruzamos en barco el Dubai Creek -una ría natural que separa los barrios históricos Dubai en Deira y Bur Dubai- para llegar al Zoco de Bur Dubai que, aunque en sus inicios fue un mercado dedicado exclusivamente a las telas, actualmente allí es posible encontrar todo tipo de artículos y recuerdos de la ciudad.

Habiendo visto todo lo más importante, tres días intensos marcaron mi paso por esta excéntrica y atrapante ciudad. Donde todo funciona, todo es grande, sorprendente y la apuesta se redobla a cada paso. Mi próximo destino: Indonesia.

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DESTINOS DE LUJO PARA ESQUIAR

Destinos de lujo para esquiar

Dos maravillosos centros de Europa donde niños y adultos, principiantes o expertos, pueden practicar deportes de nieve sin preocuparse por nada más que disfrutar.

TEXTO Y FOTOS: Gentileza Club Med

La montaña atrae. En verano o en invierno, en el hemisferio norte o en el sur, no importa cuál sea su ubicación geográfica, lo que vale es contemplar la belleza de la naturaleza. Calzarse los esquíes y arrancar. Si nunca esquió llegó el momento de animarse. La vida es una gran aventura y hay que lanzarse a ella.

Valmorel

La llaman “la Belle”. Y con justicia, porque es uno de los pueblos de esquí más hermosos de Francia. Este centro de deportes de invierno se creó en el año 1976, y su diseño remite al estilo arquitectónico saboyano tradicional, popularizado por LeCorbusier, el genio de la arquitectura del siglo XX. Las estaciones de nieve se agrupan alrededor de un centro peatonal; chalets de piedra y madera, pequeños callejones y arcos para pasar de un sitio a otro le dan un aspecto pintoresco al pueblo. Otro de los puntos a favor de este destino turístico es la facilidad que otorga el hotel Club Med Valmorel, al ofrecer un exclusivo acceso directo a la pista para todos sus huéspedes. Si desean una vista panorámica del centro o evitar caminar, la opción es el telesférico Télebourg.

A 1.460 metros de altura un sitio paradisíaco invita a vivir unas vacaciones de ensueño en familia o en pareja, en medio de un entorno natural preservado que acompaña la arquitectura integrada de Pierre Diener, otro reconocido arquitecto. Porque hacer turismo sustentable y cuidar el medio ambiente es responsabilidad de todos.

Otro plus del hotel Club Med Valmorel pasa por sus propuestas alternativas de paseos culturales, temáticos y salidas en bicicleta todo terreno, además de clases de iniciación en fitness y nordicwalking. Un sinfín de aventuras para descargar adrenalina y vivir unas vacaciones diferentes. También hay actividades deportivas, lúdicas y recreativas para niños, divididos en diferentes grupos, según sus edades.

En un ambiente relajado los chalets de piedra y madera, y techos de losa presentan una arquitectura que se integra en total armonía con el paisaje. Parques y jardines muy extensos junto a las laderas del macizo del ChevalNoir.

Pragelato

En la región de Piamonte, en Italia, está situado uno de los centros de esquí más apreciados de todo el arco alpino piamontés. Su pueblo tiene unos 500 habitantes, acostumbrados a la visita de los amantes de la nieve. Esta es la segunda superficie esquiable más grande de Europa, con 440 km de pista, a menos de dos horas del Aeropuerto de Turín. Sus pistas, que se extienden entre los 1.535 y 2.700 metros de altitud, permiten emocionantes descensos tanto a principiantes como a esquiadores expertos. Una subida al moderno teleférico abren las puertas para acceder a las pistas de la Via Lattea, desde Pragelato. El espectáculo que ofrece el Parque Natural Val Tronceaes es majestuoso y un fuerte atractivo para los apasionados del esquí de fondo -es que aquí se desarrollaron los Juegos Olímpicos de Invierno Torino 2006- lo que supone un gran desafío para los expertos. Reconocida como uno de los circuitos más arduos y técnicos a nivel internacional, la pista de fondo de Pragelato presenta un ancho promedio de 6 metros, con desniveles de 90 a 250 metros, y longitudes de 2.5, 5 y 10 kilómetros.

En resumen: hay dos pistas sencillas, dos intermedias y otras dos de gran dificultad para realizar esquí alpino. Además hay una pista olímpica para técnica clásica de esquí de fondo, una pista olímpica para técnica libre y otra turística para la misma disciplina. Y no hay que preocuparse por los pequeños, en Pragelato se dictan clases de esquí alpino para niños desde los 4 años y de snowboard a partir de los 12 años, durante toda la temporada. Además, hay una pista de patinaje y se puede participar de caminatas nórdicas con raquetas y en trineo, entre otros atractivos.

Pero no sólo de esquí vive el hombre y, aquí, saborear las delicias de la gastronomía italiana es casi una obligación. En Club Med Pragelato, por ejemplo, están emplazados cuatro restaurantes con manjares para todos los gustos: Il Piemonte, compuesto de cuatro salones con hermosa vista. La Tana, restaurante de especialidades montañesas. La Trattoria, con típico ambiente italiano, y Chalet Molino, con servicio especializado para los equiadores.

Con todo este caudal de información ya está en condiciones de elegir su destino preferido. Y si la decisión es imposible, vale apelar al ta-te-ti, como cuando éramos niños.

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LA TROCHITA

La Trochita

El sueño de viajar en un tren a vapor de 1922 por la estepa patagónica hasta perderse entre las montañas de la Cordillera de los Andes.

TEXTO Y FOTOS: Ezequiel López

Un armatoste de metal que emana vapor por su chimenea, una caminata junto al tren en movimiento, una salamandra encendida, una pava humeando sobre ella, el mate que recorre el vagón de segunda clase, pasajeros que suben y bajan en medio del trayecto, el viaje sentado en el estribo con el viento patagónico como único compañero. Señoras y señores, bienvenidos a La Máquina del Tiempo, que nos transportará a épocas pasadas para vivir la experiencia de viajar en uno de los últimos trenes a vapor que todavía funcionando en su estado original en todo el mundo.

El Viejo Expreso Patagónico o La Trochita, como gustan llamarla cariñosamente los lugareños, es un tren a vapor que recorre la Patagonia echando humo por su chimenea y llevando historias de vida a cada paso. Sus

90 años poco pesan en las 45 toneladas de sus locomotoras Baldwin y Henschel que se conservan, como cuando salieron de sus fábricas allá por 1922. Sus mecánicos las llenan de vida cada vez que las suben a los caballetes de los Talleres de Reparación General de El Maitén, para hacerles un mantenimiento y reemplazar las piezas de recambio que ellos mismos fabrican y tornean con herramientas de aquella época.

Y se las ve muy saludables resoplando vapor cuando se acercan a los andenes de las estaciones de El Maitén y Esquel, los pueblos desde donde salen los servicios turísticos que recorren cerca de 20 kilómetros de fantásticos paisajes inmersos en la estepa y los valles cordilleranos. Allí es posible acercarse a escuchar el rugido de su caldera, sentir el calor de la caja de fuego, bailar con el vapor que emanan los pistones y divertirse haciendo sonar el silbato. Con el permiso del maquinista, uno puede treparse a la cabina a inspeccionar de cerca todos los instrumentos que hacen rodar a esta fantástica obra de ingeniería. Manivelas, medidores de agua, relojes, cañerías y palancas de comando, están al alcance de la mano y de las cámaras fotográficas que intentan guardar en la retina, las sensaciones que produce aquel momento.

Inmediatamente detrás viaja el tender. Ese gracioso vagoncito negro cargado de agua y fueloil, el combustible que hace levantar temperatura a estas máquinas. Lo siguen los coches de pasajeros, confeccionados en madera oscura, techos de tela, asientos acolchados o de madera según se viaje en primera o segunda clase y la infaltable salamandra, casi siempre encendida, porque en la Patagonia, el clima pocas veces da tregua. En torno a ella se van gestando las historias que alimentan la leyenda en ronda de mate y tortas fritas.

Cuando el tren se pone en marcha, hay varios lugares que no se pueden dejar de visitar. Uno de ellos es la ventanilla más próxima a su asiento. Aunque haga frío, es muy recomendable levantar la guillotina para asomarse en una curva y grabar en una imagen la formación completa de La Trochita. Con un poco de habilidad, también es posible obtener el humo negro saliendo de su chimenea, producto de la limpieza de los tubos de caldera que realiza el foguista. Una vez que pase el guarda a marcar los boletos, hay que darse una vuelta por el vagón comedor a reponer energías con una buena porción de torta casera. La llegada a la estación puede hacerse sentado en el estribo con una vista plena de toda la comarca y el aire fresco alegrando el alma.

Los pueblos instalados en torno a La Trochita tienen un encanto muy especial. Se formaron a medida que avanzaba la construcción del ramal y se establecieron con el correr del tiempo y las necesidades de abastecimiento del trencito que consume 100 litros de agua por kilómetro. Para satisfacer su voracidad, se instalaron tanques de agua y apeaderos cada 40 kilómetros que funcionan como faros en la inmensidad patagónica. Quien pretenda visitarlos deberá hacerlo en camioneta, porque el Viejo Expreso Patagónico ya no recorre los 402 kilómetros de vías. Sin embargo, el poblado más aislado es también el más lindo. Se llama Río Chico (-41.7123, -70.4749) y está junto al Cerro Mesa, una meseta cortada a la perfección en la estepa precordillerana. Es la única estación que difiere del nombre de su pueblo, tomando como identidad a este antiguo cerro. En ese valle se encontraron las mayores dificultades cuando avanzaba el tendido de las vías y se sortearon construyendo el puente de un solo tramo más largo de Sudamérica y el único túnel del ramal. Sin proponérselo, los ingenieros lograron una curiosa marca; que el puente, el túnel y el tramo que une a ambos midan 110 metros de longitud cada uno.

Por eso si te gustan los trenes y sobre todo las antiguas locomotoras a vapor, en la Patagonia es posible subirse a La Máquina del Tiempo y vivir una historia de aventuras y romances a bordo del tren más fantástico del mundo, resoplando vapor por sus entrañas como un tremendo gusano deslizándose entre los valles de la Cordillera de los Andes.

Más Información

Se puede tomar el tren como servicio turístico y visitar los museos en las estaciones de El Maitén (-42.0546; -71.1662) y Esquel (-42.9042, -71.3186). El viaje dura 3 horas y recorre 20 kilómetros. En El Maitén, previo a la salida de cada tren, hay visitas a los Talleres de Reparación General.

Más info en La Trochita web:

www.latrochitaweb.com.ar

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