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TUVE QUE REFUNDARME Y DEJAR ATRÁS MUCHOS PREJUICIOS

“Me tuve que refundar y dejar atrás muchos prejuicios”

Lleva el arte en los genes, pero construyó una sólida carrera en teatro y televisión sin arrastrar el mote de “ser la hija de”. En una cálida entrevista con DELUXE Magazine, habla sin tapujos de su carrera, sus cambios, sus duelos y su vínculo indisoluble con el tango.

Texto: Karina Pontoriero     Fotos: Irupé Tentorio y Madretierra Evans

Soy hipertímida y muy introvertida”, dice Muriel Santa Ana, pero
lejos de responder con monosílabos se explaya con entusiasmo. Como buena lectora, su lenguaje es exquisito. Busca la palabra precisa, la encuentra, le da sentido, la refuerza, la actúa. Actriz de las buenas. Un talento que tal vez haya heredado – su padre fue el brillante actor Walter Santa Anta-, pero que ella misma se erigió a base de estudio, trabajo y constancia. Durante muchos años, en el teatro, fue la mujer sin nombre. “Era la inmigrante polaca, la mujer del vestido rojo, la mujer de la corte, la niñera de no sé qué”, recuerda. Pero eso cambió: se llamó Magdalena en “La casa de Bernarda Alba”; Grace en “La Lola”; Lucía en “Ciega a citas”; la Polaca en “Solamente Vos”; Reina en “Guapas”; y Mari en “Un cuento chino”. “Yo siento que, cuando actúo, siempre hablo de lo mismo, pero nadie lo sabe, ni mi analista. Es mi secreto. Haga el personaje que haga, hay algo que a mí me interesa contar mientras actúo, es una visión del mundo, es mi mirada”, revela, y se entrega a la charla.

¿Cómo convive tu timidez con la exposición que significa ser actriz?

La fama no le pertenece estrictamente a mi trabajo, no forma parte de lo que yo tengo que hacer. Por mis características, que no soy muy sociable, sufro esa situación, trato de manejarlo y no siempre me sale bien. Prefiero tomarme 5 minutos con quien me saluda y pedirle que por favor no me saque fotos, porque salgo mal, porque no me gusta que las suban a cualquier lado, porque tengo mi
coquetería. Prefiero hablar con la gente antes que sacarme una foto. Cuando me esperan a la salida del teatro para charlar, soy feliz.

¿Alguna vez te preguntaste como hubiera sido tu vida si tus padres, en lugar de ser artistas, hubieran sido contadores o abogados?

¡Qué suerte que no fueron contadores o abogados, que no tienen un imperio, que no fundaron un banco! Yo me mato, me tengo que ir al Tibet y recrearme. Mis padres fueron personas extraordinarias, dos intensos que le dieron batalla a capa y espada a la vida. Súper trabajadores de su deseo, nadie los movió de lo que querían ser. Cero resentidos, con muchísimo sentido del humor. Mis papás se separaron cuando yo era chica, pero pasábamos las fiestas todos juntos y nos moríamos de la risa. Se tiraban sus dardillos con una altura.

¿Cómo fue la experiencia de compartir escenario con tu padre?

Cuando tenía unos 20 años me pegó muy fuerte (Jorge Luis) Borges, que me vino al dedillo porque yo me sentía un Hamlet, una joven incomprendida, que no encajaba…la melancolía total. Mi papá me dijo que hiciera una selección de la obra poética de Borges y que se la lleve para ver si armábamos algo. A partir de esa selección hicimos un espectáculo, un recital de Borges; a él solían invitarlo de varias provincias y cuando lo llamaron dijo que tenía un espectáculo con su hija, así que viajamos. Trabajamos también en “Aquellos gauchos judíos”, donde yo tenía un personaje chiquito que se llamaba “inmigrante polaca”, y en “La ópera de los tres centavos”. Él no iba a trabajar en esa obra, pero Pepe Soriano no pudo participar y un día apareció él, sin avisarme. “Gracias por recomendarme”, me dice. Solía hacer ese tipo de cosas.

¿Era una presión extra trabajar con él?

No, yo estaba recién empezando, muy a la sombra. No sólo era mi padre, era también un gran actor. Mi viejo aprovechaba para que yo lo ayudara con cosas, me usaba de hija. Fue hermoso ver su trato con los demás actores, cómo se divertían, cómo lo querían. Fue muy lindo haberlo visto arriba del escenario y también haberlo compartido.

¿Qué descubriste de nuevo al tenerlo como un par?

(Se le ilumina la mirada, duda en la respuesta) Te iba a decir que de diferente, nada. Mi papá era actor las 24 horas del día, era más actor que padre, más actor que cualquier otra cosa. Era un tipo entregado al terreno de la actuación, él estaba ahí, llevaba una vida poética. Entonces, no es que sufría una transformación al llegar al teatro. Pero lo que me hiciste pensar es que yo nunca tuve escenas con él, no de igual a igual, porque yo hacía mis primeros pasos. Yo estaba por ahí atrás. Nuestra escena era la vida misma.

Una pasión: el tango

¿Cuál es tu vínculo con el tango?

Mi padre era un tanguero absoluto y siempre le gustó cantar; toda su familia también era tanguera y mi madre bailaba de jovencita. En casa se escuchaba mucho, íbamos a ver orquestas. A mí siempre me gustó bailar. Estudié de todo, jazz, clásico, flamenco, tango. El flamenco y el tango me retuvieron muchos años, allí es todo muy dramático, muy intenso. Empecé a estudiar, entré en una especie de frenesí y durante dos años fui a la milonga de lunes a lunes. Trabajaba en una oficina e iba sin dormir, en estado catatónico, pero feliz. La milonga es el mundo de la noche y la noche, te lo dicen los milongueros, empieza a las 3 de la mañana. Hoy voy a las 11 de la noche y no hay nadie. Bailo con alguno y a la una o dos de la mañana me vuelvo. Ya no tengo aquel tiro.

¿Qué es lo que te atrajo?

Hay algo muy hermoso en el tango, de mucha entrega, porque vos estás cuerpo a cuerpo con un desconocido. En la milonga, todo lo que circula como lugar común, ahí adentro se suspende. Una vez llegué a la milonga y le pregunté a un milonguero viejo que estaba en la barra “¿Cómo andás?”, y me respondió: “Acá, bien”. Esa es la síntesis. Es otro universo, porque la gente está ahí porque quiere y ¡para bailar! Esperás que te saque a bailar un desconocido, te abrazás y bailás. No siempre sale bien, hay que ver esos cuerpos cómo dialogan, y si hay química es lo máximo. Es como una adicción que te impulsa a buscar, continuamente, que pase eso. Me pasó alguna vez de no estar cómoda con alguien y cuando termina el tango me dice: “Dale, nena. El tango dura tres minutos, abrazame como si me quisieras por tres minutos”. No soy de dejar plantado a un señor en la pista, pero varios me han dicho: “Si los hombres podemos elegir, ¿por qué ustedes no van a poder elegir? Vos no tenés que bailar si no querés”.

Y eso de no poder decir que no o de rechazar algo con lo que no estás cómoda, ¿te pasa en otros ámbitos de la vida?

Cada vez menos. Que haya una concordancia entre lo que pienso, lo que siento, lo que hago, es una búsqueda. Es una cuerda que a veces me tira más para un lado o más para otro. Ese es como mi faro. Me pregunto profundamente si quiero hacer algo y trato de no dejarme arrastrar por un sistema que viene como medio dado. He tomado decisiones que fueron interpretadas como locuras, llorando, sufriendo, porque no es fácil decir que no, más siendo actriz, porque estamos diseñados para decir que sí, porque todo el tiempo tenemos miedos, pensamos que son momentos o que habrá que lidiar con un teléfono que no suena.

Cambia, todo cambia

¿Cuál fue el cambio que más te marcó en tu carrera? ¿Esa decisión que significó atravesar un sufrimiento para que luego salieras fortalecida?

Hace dos o tres años empezó un proceso que ya dejé atrás, a partir de los primeros dolores fuertes que sufrí con la partida de mis padres. Primero se murió mi mamá y a los 6 meses mi papá, de forma inesperada. Ninguna de los dos estaba para morirse y se murieron. Al poco tiempo me separé del que era mi marido. En menos de un año me pasaron cosas muy tristes y estuve durante muchos años sólo habitada por tristeza. Realmente no había lugar para otra cosa que no fuera esta tristeza que sentía, porque no podía ver otra cosa. Ahora hay lugar para otra vida, pero esas pérdidas me dejaron colocada en una situación: yo me tuve que refundar. Dejé atrás muchas rigideces, muchos prejuicios, muchas ideas preconcebidas que ya no me sirven, que me servían en ese momento. Estoy todavía en ese proceso. Estoy más afirmada en saber y aceptar que todo cambia. Ojo, no es ninguna epopeya la que estoy contando porque hay gente que lo pasa mucho peor que yo.

¿Hasta ese momento no creías en el cambio?

Yo era muy inocente y perdí la inocencia. La perdí de grande, pero a partir de ese momento empecé a ver mucho más sufrimiento alrededor mío, muchas personas cercanas enfermas, parejas que no podés creer que se separen. Empecé a ser consciente de cosas que antes no pasaban o no veía en mi vida. Hoy siento que soy una mujer más feliz que antes porque estoy más conectada con todo. Sé lo que es grave o serio, todo lo demás no es tan grave. Por eso, a veces, tomo una decisión y estoy mal, pero después me digo: “Ya veré”. Estoy en los finales de esos duelos y me siento mucho más fortalecida. Si pude aguantar un montón de cosas, ya no lo tengo tanto miedo al miedo.

Al paso del tiempo, ¿tampoco?

No, lo bueno del tiempo es que pasa. ¡Imaginate si el tiempo quedara detenido! Sería todo aburridísimo. Por eso soy actriz también, porque todos los días son distintos.

¿En el teatro también todos los días son distintos?

Sí. Yo soy distinta. Es un presente. Es un aquí y ahora. Ayer no existe y mañana tampoco. Nunca se está más vivo que en ese momento. Me gustaría estar siempre ahí, con esa intensidad.

¿El teatro es tu lugar en el mundo?

El teatro crea nuevas sensibilidades, crea realidad. Estás sentado, charlando, se apagan las luces, aparecen los actores y empiezan a pasar cosas donde antes no había nada. Si es bueno te vas con algo y si es malo, también.

Participaste en “Teatro por la Identidad” y también te comprometiste con la difusión de “Ni una menos”, ¿creés que los actores cumplen un rol social?

Creo que la responsabilidad de ser actor es crear sentido. El compromiso está con eso: donde parece que no hay nada, de golpe se produce un acontecimiento. Yo creo en la autonomía de las expresiones artísticas, hablan de sí mismas y por sí mismas, no creo que deban estar al servicio de otras causas. Pero sí pueden llegar a concientizar o tener más llegada, eso es una consecuencia. Sirve para que el tema esté. Pero no, el teatro no es subsidiario de causas.

Del capitalismo y la búsqueda del sentido

Hace poco dijiste en otra entrevista que ser actriz es un privilegio en este mundo horrible, ¿qué es lo horrible del mundo?

Sigo pensando lo mismo. ¿Cómo no hablar del capitalismo? ¿Cómo no reducir todo a la fuerza que uno siente que te lleva o empuja hacia lo establecido, lo que corresponde, lo que está al alcance de la mano? Todo aquello que cause un trabajo, que te lleva a entregarte a un proceso dificultoso, al misterio de las cosas, más bien hay que escapar de ahí; ahora es todo más superficial. Me gusta, no me gusta (sube y baja el pulgar, como en Facebook), y no entrar en las aguas de las profundidades a nada. Entonces, es un mundo donde está devastada la idea de sentido. El sentido está en el tener y no en el ser. Desde ese punto de vista, los territorios del pensamiento, del arte, del amor, ofrecen una resistencia a lo hegemónico, a esos caminos con lo que te encontrás todos los días; querés ir al revés, perdés un brazo. Lo artístico, como es mi caso, o las búsquedas que no se quedan en lo superficial, ofrecen una resistencia enorme a un mundo que hoy quiere que todo sea agradable y te empuja a salir rápido de esas zonas incómodas que te llevan a estar entregado a otras emociones, quizá, angustiantes. Pero bueno, esa es la riqueza que después uno puede ofrecer, sobre todo como actriz. Sino estoy cargada, marcada, investida de experiencias, de pérdidas de alegrías, de amor, de sensualidad, de erotismo, de todo lo que conlleva la vitalidad, no podría ofrecer nada, no transmitiría nada.

¿Y cómo encontrás el disfrute cuando te toca actuar en algo que no te llena?

Tengo que tener una pata que me sostenga; puede ser el elenco, el personaje o incluso el dinero. En general, el dinero no suele darme tranquilidad. Cada vez vivo con menos, no necesito tanta cosa, ni tanta plata.

Muriel y sus palabras

“Mi lugar en el mundo lo construyo yo y me banco.”
“Los cambios no son zonas cómodas, requieren una capacidad de tristeza y de fuerza, tenés que saber entregarte a una tristeza, pero al mismo tiempo te recicla y salís más fortalecida, porque cuando realmente hacés ese cambio, recobras la fuerza y no te para nadie. “
“Si tengo algún talento es el de darme cuenta para qué no sirvo.”

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FACUNDO MANES

“Nuestro cerebro se transforma de manera constante durante toda la vida”

Mientras la neurociencia se abre paso entre las demás disciplinas y suma adeptos a su vanguardia global, en argentina contamos con exponentes de talla mundial en la materia. autor de best sellers, Facundo Manes asegura que “es importante salir del piloto
automático y afrontar desafíos, hacer actividades que nos planteen nuevas dificultades.

Texto: Karina Pontoriero

Entre la lista de libros más vendidos se encuentra El cerebro argentino, una publicación que propone una mirada local sobre el funcionamiento de la mente. Pero no se trata de ficción, sino de uno de los exponentes más destacados de la neurociencia: Facundo Manes. Mano a mano con DELUXE Magazine, el autor de “Usar el cerebro” comenzó la charla asegurando que “el conocimiento ofrece un potencial invalorable de los países para fortalecer su desarrollo económico y social, para la inclusión, la igualdad de oportunidades y el bienestar afectivo, emocional,
intelectual y también económico”.

El curriculum del Dr. Manes puede resultar abrumador. Nacido en Quilmes y criado entre Arroyo Dulce y Salto, se recibió de Médico en la Universidad de Buenos Aires para especializarse en neurología. Es, además, Doctor en Ciencias en University of Cambridge, Inglaterra, y Docente y Rector de la Universidad Favaloro. Creó el
Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Sus libros son best seller y cada conferencia que dicta deja a cientos de personas enardecidas afuera de salas colmadas, casi como si fuera una estrella de rock.

“Eso habla más de una sociedad ávida por conocer que de mí”, dirá. He aquí el hombre que se puso al hombro la divulgación de las neurociencias en nuestro país porque, asegura, está “convencido de que necesitamos unirnos para lograr la revolución del  conocimiento”.

¿A qué se debe el éxito de libros y charlas relacionadas con nuestro cerebro? ¿Qué queremos descubrir o entender?

El interés por las neurociencias es una tendencia a nivel mundial. Barack Obama propuso que las neurociencias sean prioridad de la ciencia americana a fin de entender las conexiones del cerebro en vivo. La Unión Europea diseñó un plan importante sobre el desarrollo de las neurociencias y China lanzó un ambicioso proyecto para promover el estudio del cerebro. Argentina no es una excepción. Las neurociencias estudian los fundamentos de nuestra individualidad como las emociones, la conciencia, la toma de decisiones y nuestras acciones sociopsicológicas. Como todo lo hacemos con el cerebro, es comprensible que las personas se interesen por aprender más sobre él. Por eso es fundamental que los descubrimientos de las neurociencias no queden solamente en los laboratorios, sino que sean absorbidos y debatidos por la sociedad en general.

Cuando estudiabas medicina, ¿imaginabas que te convertirías en un referente indiscutido sobre neurociencia, incluso para opinar sobre cuestiones políticas?

Es un orgullo para mí poder ser escuchado y poder divulgar conocimiento. Mis dos pasiones, más allá de mis afectos, son el cerebro y mi país. Por eso me perfeccioné en Estados Unidos e Inglaterra, cuando aquí las neurociencias no existían como disciplina; y por eso regresé en 2001 para organizar equipos, difundir y contribuir con el país. Pude organizar un polo de investigación en neurociencias muy importante y destacado a nivel internacional, entre INECO y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, que tengo el orgullo de dirigir.

Tu último libro se titula El cerebro argentino, ¿qué distingue a nuestro cerebro? ¿Para qué estamos preparados por haber nacido aquí?

Solemos decir que los argentinos somos amigueros, somos solidarios pero tenemos dificultad en pensar y planear el largo plazo, en trabajar en equipo, aceptamos la mal llamada “viveza criolla” e incluso parece que estamos enamorados de la crisis. Ahora bien, lo que explicamos en El cerebro argentino es, justamente, que es igual a todos los otros cerebros del mundo, tenemos los mismos rasgos biológicos generales, estructuras anatómicas y funciones. Sin embargo, como el cerebro es moldeado por la interacción con el ambiente, el contexto social, la cultura, los gustos y las experiencias, cambia constantemente a partir de esta relación.

¿Cómo se explica eso?

Un concepto muy pertinente para explicar esto es el de los sesgos cognitivos. Se trata de esquemas mentales que nos permiten interpretar la información que recibimos de nuestro alrededor. Nos sirven para formar nuestras creencias y nuestro modo de ver la realidad. Estos esquemas proveen un marco desde el cual se tiende a producir sistemáticamente ciertas respuestas rápidas frente a diversas situaciones. Uno de estos sesgos es el de confirmación, que consiste siempre en buscar y registrar la información que coincide con nuestras propias opiniones y pensamientos, al tiempo que no prestamos atención a las pruebas que la contradicen. Por eso es esencial rodearse y escuchar a las personas que opinan diferente a nosotros; es lo más enriquecedor.

Los argentinos, históricamente, vivimos en clima de incertidumbre, ¿cómo influye en nuestro cerebro el estar sometido a fuertes cargas de estrés?

Nuestras crisis constantes nos hacen vivir permanentemente con miedo -a perder el trabajo, por ejemplo- con estrés y ansiedad. El estrés crónico afecta la salud. Se está más expuesto a sufrir enfermedades porque la respuesta inmune del organismo se ve afectada. A nivel cognitivo, puede provocar deterioro.

¿Qué podemos hacer para conocer mejor nuestra mente?

Podemos estar informados acerca de los avances científicos, aprender cómo funciona nuestra mente, qué le hace bien y de qué
manera podemos cuidar nuestro cerebro. Cuanto más lo comprendamos, más vamos a aprovecharlo y, en consecuencia, viviremos más plenamente.

¿La rutina afecta al cerebro?

Sabemos por diversas investigaciones que es beneficioso mantener nuestra mente activa. Para eso es importante salir del “piloto automático” y afrontar desafíos, hacer actividades que nos planteen nuevas dificultades como, por ejemplo, aprender idiomas, tener pasatiempos y hobbies.

En distintas oportunidades mencionaste que la soledad es un factor de mortalidad. ¿Por qué?

Sí, eso es así. Las personas que viven socialmente aisladas se enferman más y viven menos. Los seres humanos somos básicamente seres sociales. En consecuencia, necesitamos estar en contacto con otros seres humanos. Los afectos y las amistades nos ayudan a enfrentar las situaciones difíciles y reducir los niveles de estrés. Llevar una vida social activa es estimulante para el cerebro.

¿Se pueden criar hijos más inteligentes?

La inteligencia es un concepto muy complejo. Generalmente, sólo se considera la inteligencia analítica, que es la que la ciencia puede medir a través del coeficiente intelectual. Así, se deja de lado la inteligencia emocional, la ironía, el humor, la creatividad. Podemos ayudar a que nuestros hijos crezcan sanamente brindándoles un contexto de contención, incentivándolos a ser creativos, a que no le tengan miedo al error porque es parte del proceso de aprendizaje. Es importante destacar y enseñarles a nuestros hijos que más allá de las inteligencias individuales, es fundamental la inteligencia colectiva. La inteligencia se expande a través del trabajo en equipo y, en este sentido, la totalidad es mayor que la suma de las partes.

Algunos son hábiles para las matemáticas o las ciencias exactas; otros tienen cualidades artísticas. ¿Eso es innato, se estimula, se hereda?

Más allá de la predisposición a ciertas habilidades artísticas o para las matemáticas, es importante poner el foco en el rol de la práctica y el entrenamiento. Una característica clave de nuestro cerebro es la neuroplasticidad. Esto quiere decir que nuestro cerebro es un órgano fundamentalmente adaptativo que se transforma de manera constante a causa de la experiencia y el ambiente. Por lo tanto, a partir de la práctica y el entrenamiento, las neuronas crean nuevas conexiones para adaptarnos mejor a las demandas de las tareas que desarrollamos. Estamos frente a un sistema que se retroalimenta y produce un círculo virtuoso.

¿Hay realmente una “nueva adolescencia” después de los 65 años?

Hoy vivimos muchos más años gracias al avance de la ciencia, la tecnología, los cuidados preventivos en la salud. Frente a este panorama, nos encontramos con el surgimiento de una nueva adolescencia, una nueva etapa de la vida que no es nada pasiva. Tenemos que comprender que se trata de un tiempo que debe ser de gran actividad y provecho. Las investigaciones neurocientíficas cuestionan la idea de que el deterioro cognitivo que suele acompañar el envejecimiento es inevitable y fijo. Estudios recientes han demostrado que la plasticidad neuronal se conserva durante toda la vida. Por todo esto es que yo llamo a concentrarnos más en los estímulos cognitivos. La persona jubilada tiene que mantenerse activa, no necesariamente debe morigerar el ejercicio intelectual. Es fundamental la inversión de parte del tiempo del jubilado en actividades de mantenimiento cerebral como la lectura, los paseos culturales, los desafíos intelectuales, y todas las actividades que ayuden a mantener la mente activa. De esta manera ayudamos a lograr un envejecimiento cognitivo saludable. La idea es que nos jubilemos de aquellas cosas que antes hacemos
por obligación o rutina laboral pero que mantengamos las que dan gusto. Incluso que sumemos y hagamos todas esas tareas que siempre tuvimos ganas de hacer, pero que no teníamos tiempo para desarrollar.

¿Hasta qué edad estamos capacitados para aprender y absorber nuevos conocimientos?

Durante mucho tiempo se creyó que nacíamos con una cantidad predeterminada de neuronas y éstas se conectaban entre sí de una determinada manera para siempre. Este concepto existió durante mucho tiempo hasta que diversos experimentos mostraron que el sistema nervioso tiene la capacidad de modificarse y cambiar incluso en la edad adulta. No solo ésto, sino que también se ha demostrado que existe producción de nuevas neuronas en algunas regiones del cerebro adulto. Si bien los primeros años de vida son muy provechosos para absorber nuevos conocimientos, como ya mencioné, nuestro cerebro se transforma de manera constante durante toda la vida.

Consejos para un cerebro saludable

• Todo lo que le hace bien al corazón, le hace bien al cerebro: Cuidar
los niveles de colesterol, glucemia y la presión arterial.
• Comer saludable: incluir verduras, frutas y alimentos que contengan Omega-3.
• Hacer actividad física: actúa como ansiolítico, antidepresivo y refuerza el pensamiento creativo. Además, reduce riesgos de enfermedades que afectan al cerebro.
• Tener una vida social activa.
• Descansar y dormir bien.

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RUBÉN RADA

Rubén Rada: “Soy absolutamente intuitivo, como músico y como letrista”

El compositor uruguayo estuvo en Buenos Aires presentando un espectáculo de tango. En una charla íntima con DELUXE Magazine, habló sobre música, su vasta carrera y el inesperado encuentro con el líder de los Rolling Stones.

TEXTO: Karina Pontoriero     FOTOS: Estudio NN

Tiene historia. Por edad y por camino recorrido. A punto de cumplir los 73 (llegarán el próximo 16 de julio), Rubén “El Negro” Rada no deja de probar nuevos ritmos acompañado por el fiel sonido de los tambores, esos que lo llevaron a recorrer el mundo y a compartir no sólo los escenarios sino también la amistad con leyendas de la música. Cantó en barcos, en teatros, en hoteles. Cantó con los hermanos Fattoruso, con Mercedes Sosa, con Charly García, con Fito Páez. Cantó jazz, funky, soul, rock, candombe, canciones para niños y hasta tango. Canta todo el tiempo, incluso cuando habla.

¿Te queda algún ritmo musical por probar?

Soy un músico de fusión. Siempre estoy tocando desde zamba hasta funky, rock and roll, pasando por jazz o samba brasilera. He pasado por todos lados. Sí siento que me faltó hacer un disco auténtico de blues, pero le tengo tremendo terror.

¿Terror o respeto?

Terror, porque no tengo la misma voz de hace 30 años. Pienso que lo tendría que haber hecho cuando estaba con la banda, cuando podía hacer cualquier cosa con la voz. Largaba un vozarrón -canta un agudo tremendo-. Me da rabia haber perdido ese tiempo, pero en algún momento lo voy a tener que hacer.

¿Quedan hoy grandes bluseros?

Al buen músico lo inducís. Te pones a escuchar varios discos de blues y sabes por dónde va. Es otra letra, otra melodía y los acordes son los mismos. Eso pasó con los Beatles o con los Stones: vos agarrás canciones y en algunas encontrás la misma armonía en distintos temas.

¿Está todo inventado en la música?

Y, los clásicos ya dejaron todo. Mozart, Vivaldi, Tchaikovsky, Bach, que para mí fue el más grande de todos, dejaron todo hecho. Es como tocar un ritmo: ya lo tocaron los africanos, podés tocar arriba de eso con la base del candombe. Pasa con músicos en inglés o en cualquier idioma. Y los candomberos nos damos cuenta, aunque toquen sin tambores.

¿Estudiaste música alguna vez?

Nunca. Soy absolutamente intuitivo, como músico y como letrista. Nunca leí poemas, nada. Sólo fui al colegio hasta 4° grado.

¿Por qué no seguiste estudiando?

Era muy atorrante, pero me crié con músicos, todos inteligentes.

¿Y cómo componés?

Cuando compongo me junto con un músico, un guitarrista o un pianista y les canto las armonías, todo. No sé escribir música, todo lo hago con la boca y la cabeza.

¿No te generó curiosidad estudiar?

Sí. Dos días, tres días, y después se me pasa. Y todos me dicen ‘¿para qué te vas a poner a estudiar si ya tenés más de 50 discos?’. Y así sigo.

¿Qué música escuchás habitualmente?

Escucho Eduardo Mateo, Hugo Fattoruso, Carlos Gardel, Milton Nascimiento. Y por mis hijos escucho a los Rolling Stones o Michael Jackson, pero no más de dos canciones porque soy una esponja, absorbo todo, y después estoy componiendo y dudo si lo que pienso lo escuché en otro lado. Tengo que hacer eso para mantener cierta personalidad.

Cualquiera que lo haya visto sobre un escenario se da cuenta de que Rada, ante todo, se divierte. Es un showman que disfruta y hace disfrutar a sus espectadores. Por eso quizá está en búsqueda constante: “Yo me divierto mucho con lo hago y cuando me aburro hago otra cosa. Eso me costó mi carrera”.

¿En qué te costó?

En no tener una definición de lo que soy. Cuando terminamos de grabar el disco “Magic Time” con Opa (banda uruguaya que compartió con Hugo y Osvaldo Fattoruso a fines de los ’70) fuimos a buscarlo a una tienda de Tower Records en Los Ángeles y figurábamos como jazz brasilero. Eso quería decir que no teníamos estilo. Años más tarde apareció en las disquerías el género World Music, y ahí entramos nosotros, Hermeto Pascoal, Milton Nascimento, Astor Piazzolla, que decían que lo suyo no era tango. Todos artistas que tocamos música del mundo.

Un día, Rubén Rada dejó de ser Rubén Rada. Desaparecieron sus rulos bajo la gomina, abandonó las camisas amplias para vestirse con un saco de lentejuelas y pasó a llamarse Richie Silver, un cantante de café concert.

¿Qué fue de la vida de Richie Silver?

¿Estabas enamorada de Richie?

Sí, los brillos me encantaban.

Me reía mucho con eso. Bajaba de una limousine todo producido, así fuera a un programa de radio, y daba un show a media luz, al estilo de los shows de los años ’50 o ’60.

¿Qué cosas se permite Richie que Rubén Rada no se permite?

Cantar cualquier estilo y en distintos idiomas. Él es un crooner, un cantante que puede enamorar a cualquiera cantando en un hotel.

¿Y Rubén Rada cómo es?

Es más auténtico.

Durante marzo y abril, Rada dio 7 shows en el Centro Cultural Torquato Tasso de San Telmo. El nombre: “Tango, Milonga y Candombe”. Un espectáculo que rescata los orígenes de estos ritmos tan arraigados con la historia musical rioplatense. “No es un show de Rada, que canta y divierte a la gente. Acá defiendo el tango de los negros y a la negritud”, aclaró.

¿Cómo es eso que el tango vino de África?

El tango es de los negros, creado por ellos en los quilombos. Su nombre original es tangó. Los barcos que venían a los puertos de Rosario, La Plata, Montevideo y Buenos Aires, para buscar carne, frutas o telas, por ejemplo, traían esclavos de Mozambique o de Portugal. Esta historia está contada por Jorge Luis Borges. En los quilombos, que eran una categoría mucho más baja que los prostíbulos, se juntaba gente de todas las nacionalidades y los negros tocaban sus instrumentos y hacían tangó. Cuando el tango llegó al centro de las ciudades, los negros ya estaban muertos. Los mandaban al frente en la Guerra del Paraguay.

Los argentinos nos sentimos dueños del tango. ¿Tu espectáculo desmitifica eso?

Es que son los dueños del tango. Y Uruguay también. El tango es rioplatense.

O sea que vamos a discutir siempre su origen como con el de Gardel.

Gardel, que me perdonen, fue un tonto que no puso lo que tenía que poner sobre la mesa. Cantaba “Mi Buenos Aires querido”, pero vivió siempre en Uruguay y su madre era uruguaya. Incluso, sabemos, puede ser francés. A mí cuando me dicen ‘vos sos rioplatense’, les respondo que no, que soy uruguayo. Agradezco a Argentina que me dio trabajo, una mujer y a mis tres hijos (Matías, Julieta y Lucila), pero soy uruguayo.

Se lo ve bien al Negro Rada. Nada hace sospechar que el año pasado le hicieron un stent por una arteria tapada. “Pasé por todas las enfermedades: tuve tuberculosis a los 4 años, tuve cáncer de próstata, el stent. No soy un pibe, pero para mi mujer estoy bien. Y el médico me dijo que si me cuidara sería totalmente sano”.

¿Cuidarte significa llevar una vida aburrida?

No, significa tomar conciencia de lo lindo que es estar sano, poder caminar, hacer el amor, no vivir sentado…

¿Hay algo de lo que te hayas arrepentido?

De no haber estudiado música.

Y en tu carrera, ¿tenés algún “que hubiera pasado si…”?

No, de los errores se aprende. Cuando Tom Jones me escuchó cantar en el hotel Sheraton y me quiso llevar a Inglaterra. Yo no quise porque había formado un grupo llamado SOS, Sonido Original del Sur, y no podía dejar la banda. Un día, charlando con mi hijo Matías le dije que si hubiera aceptado, hoy viviría en Londres y sería millonario. Y mi hijo me respondió: ‘pero yo no hubiera nacido, papá’. Y ahí me liquidó. Está bien lo que hice.

Un encuentro y una canción

Era el cumpleaños del Fernando “Lobo” Núñez (prestigioso percusionista y luthier charrúa). Yo no tenía ganas de ir y mi hijo me insistió. No había casi nadie. Pasadas las 12:30 de la noche aparece Mick Jagger. En ese momento, de los nervios me olvidé el inglés y hablaba peor que Carlitos Tévez. Él me dijo ‘I understand, dont´worry’. Y le pedí una foto, como hubiera hecho cualquiera. Después toqué los tambores un rato, canté Satisfaction y él bailó. Al rato dijo ‘hasta mañana’ en español. Días después hice una canción que dice: “en una noche insoportable de verano junté a mis hijos y me fui pa’ lo del Lobo con la promesa de candombe y rock and roll”. Mi hijo se ofendió por la frase que dice ‘junté a mis hijos’. ¿Y la poesía?, le respondí.

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ALEJANDRO MELAMED

“Si las empresas no se ponen a la van guardia quedarán fuera del mercado”

“Antes la gente estaba al servicio del jefe, hoy es líder el que está al servicio de la gente”, advierte el genio en recursos humanos, con más de 25 años de trayectoria en el mundo corporativo.

TEXTO: Karina Pontoriero     FOTOS: Estudio NN

Alejandro Melamed asegura: “La gente ya no quiere trabajar en las empresas, quiere trabajar para las empresas”. Y eso hizo. Este año fundó Humanize Consulting, un emprendimiento que le permite devolver todo lo que aprendió trabajando: crear “empresas más humanas”. Justamente, ese es el título de uno de sus cuatro libros. ¿Por qué Melamed es un distinto? Porque dice frases como “creo en la ley de la abundancia, cuanto más compartís, más recibís”. Porque piensa que “cuanto más horas dedicas al trabajo, más mediocres serán las ideas que generes”, y porque defiende y pregona la idea de ‘work and life balance’, una vida integralmente balanceada en la que todo aquello que hacemos en nuestra vida personal impacta positivamente en la vida profesional o, como él mismo define, “que sientas que con lo que hacés estás agregando valor, estás creciendo, te estás desarrollando… porque la vida hay que disfrutarla”. En los vertiginosos tiempos que vivimos, hablar de empresas humanas o de una vida laboral equilibrada suena casi utópico. Hasta que Melamed explica con ejemplos y relatos cotidianos, como docente que es, y uno termina creyendo que es posible. Al fin y al cabo, él ya lo llevó a la práctica.

¿Cómo comenzaste a visualizar la necesidad de empresas más humanizadas?

Mi camino de búsqueda empezó cuando trabajaba en consultoría y me daba cuenta de que independientemente del género, edad o cargo jerárquico, había mucha gente que tenía una sensación de malestar dentro de las organizaciones. Investigué acerca de las consecuencias que generaban este tipo de situaciones negativas en las personas y descubrí que, por más que trabajen 24 x 7, siempre están en deuda, esa sensación es la que genera malestar y ahí empieza todo a circular negativamente. A diferencia de lo que pasaba tradicionalmente, que se evaluaba al personal por la cantidad de horas que estaba sentada en su escritorio, hoy en día se evalúa por la calidad y cantidad de ideas que generan. ¿Cuál es la paradoja? Mucha gente sigue pensando que trabajando más horas va a producir más y es al revés: a más horas que trabajás, las ideas empiezan a disminuir, tenés respuestas en piloto automático y lo que se genera, en realidad, es mediocridad.

¿Qué pasó después de detectar esta problemática?

Investigué mucho y entendí que para modificar esta situación de estrés laboral y generar mayor bienestar en la compañía es necesario comprender las causas y consecuencias, porque muchas empresas dicen: ‘Bueno, te ponemos un sillón masajeador’, pero el problema es lo que te genera el estrés y el masajeador no es la solución. Además está la tecnología, que -a veces- termina siendo la peor trampa, ahora tenés 80 plataformas y redes sociales a las que estar atento.

En una edición anterior de DELUXE Magazine, Estanislao Bachrach dice que el estrés es el principal enemigo del cambio

Claro, porque el cerebro está constreñido; es necesario expandirse para poder cambiar.

Entonces, ¿cómo se logra esa expansión en las empresas?

Dos cuestiones claves: es necesario pensar el contexto que la empresa genera al empleado desde lo físico, la iluminación del ambiente, la calefacción, las sillas. También es importante el entorno, los colegas con los que trabajás todos los días. La otra cuestión fundamental son los jefes. Hoy en día, lo que se está visualizando en las organizaciones es que la gente toma decisiones en función de los jefes. Para muchos, el jefe es la empresa. Tu jefe viene con el pie derecho y todos felices, pero si llega con el pie izquierdo, el día se hace complicado. Ahí entra en juego otro factor clave que es la culpa en el trabajador, que siempre busca satisfacer a alguien. Lo que no logra entender es que está tratando de satisfacer a quien siempre estará insatisfecho porque, por naturaleza, la organización siempre te va pedir más.

¿Y cómo se puede ser un buen jefe?

Hay múltiples tipos de jefe. Es mejor saber qué es ser un buen líder. Ser líder es influir en otros de forma positiva y que los otros logren resultados con voluntad, interés, pasión y compromiso. La capacidad de un líder es la capacidad de inspirar a otros y eso se consigue con empatía. ¿Qué es empatía? Es leer al otro, ayudarlo, manejar mis emociones y las suyas, tener capacidad de escucha, estar en el momento apropiado. Como dice el Papa Francisco, el liderazgo de hoy es el servicio. Antes, la gente estaba al servicio del jefe, hoy es líder el que está al servicio de la gente, es quien tiene que hacer que las cosas sucedan, debe ser un facilitador. Los jefes están para apoyar, dar herramientas, inspirar, innovar, desarrollar el potencial de la gente.

¿Esas cualidades se desarrollan o son innatas?

Un líder se forja. Si no hay materia prima es imposible, pero sólo con materia prima también es imposible. Es como una semilla que tenés que ir cultivando. Para mí todo el mundo tiene algo, hay que liberar ese potencial.

Hoy los chicos más jóvenes viven otra cultura del trabajo y cuando algo no les gusta no tienen reparos en renunciar

Ellos tienen un nuevo paradigma. Según mi lectura, las nuevas generaciones entienden el trabajo de otra manera porque son nativos digitales, están a un clic de distancia de todo, del delivery, de una película, de una charla con un amigo que vive en Thailandia. Y no olvidemos que los jóvenes son la consecuencia de lo que los adultos hicimos con ellos. Las generaciones antiguas debían sobrevivir a las guerras, a las enfermedades y aspiraban a terminar la escuela o ir a la universidad. Hoy, los padres quieren sus hijos que sean felices. Cuando yo era chico se comía lo que decían mis padres. En mi casa -tengo dos hijos de 21 y 24 años- cada decisión es un concilio y todo el mundo puede opinar. Esto se traslada a las empresas, que con este cambio se descolocan.

¿Cómo liderar entonces a estas nuevas generaciones?

Es clave dar feedback todo el tiempo, porque están acostumbrados a que postean su foto y reciben likes y comentarios instantáneos. Ellos buscan un ‘qué lindo trabajo hiciste’, ni siquiera les interesa la compensación económica. Es como cuando éramos chicos y le mostrábamos un dibujo a nuestros padres, esperando que nos digan que estaba hermoso.

Hace 10 años, una persona 40 años se quedaba sin trabajo y prácticamente quedaba fuera del mercado laboral. Hoy, un poco por esta nueva generación de la que hablás y su concepción del trabajo, se generan nuevas oportunidades para los adultos

Sí, pero hay que contextualizar esto: la expectativa de vida creció muchísimo. La buena noticia es que alguno de nosotros dos vivirá más de 100 años. La mala noticia es que vamos a tener que trabajar hasta los 80 u 85 años porque seremos muy vitales a esa edad y porque el sistema jubilatorio no va a dar abasto. Empieza a haber una apertura de las empresas hacia generaciones más antiguas, se dan cuenta de que hay gente con madurez en la toma de decisiones que les es útil; ya no importa la edad, sino las capacidades.

Dijiste que hoy la gente no quiere trabajar en las empresas, sino para las empresas. ¿Por eso hay un auge de emprendimientos personales?

Absolutamente. Un estudio publicado por el Instituto Roosevelt dice que en 2040 un altísimo porcentaje de la población va a ser emprendedor. Es un gran interrogante saber qué va a pasar con las empresas en el futuro. De las empresas que en los 70 eran las 500 mejores compañías de la bolsa en Estados Unidos, hoy no existen más del 15%. Las más sobresalientes de hoy, como Google, Facebook o Amazon, son empresas muy jóvenes. ¿Cuál va a ser el próximo Blockbuster, Kodak, Enron? Si las empresas no se ponen a la vanguardia quedarán fuera del mercado. Hoy, la competencia llega del lugar menos pensado.

¿El trabajo en una oficina tiene los días contados?

Los edificios corporativos tendrán que cambiar. Estamos en la era del ‘smart working’. Y trabajo inteligente es trabajo flexible. Antes vos ibas al trabajo, ahora el trabajo va con vos en tu teléfono. Lo único que necesitás es un lugar cómodo, con buena conexión a Internet, no necesitas una oficina.

Si el trabajo va con vos, ¿en qué momento cortás relación? ¿Cómo se logra el equilibrio cuando la tecnología conspira para que vivas conectado?

La tecnología nunca te va a poner el límite a vos, vos tenés que ponerle límite a la tecnología. En vacaciones hago acuerdos: leo el mail dos veces por día. El resto del día, el teléfono descansa en la caja de seguridad.

Pero estoy en un lugar paradisíaco, quiero sacar una foto y subirla a Instagram…

Ahí entra en juego la Ley de los 20 segundos, como cuando suena el despertador. En esos 20 segundos decidís si pones el snooze, si vas a correr, si te duchas, si te quedas durmiendo, son 20 segundos clave. Lo mismo pasa con la tecnología, la tentación está ahí. Como en todo, la tecnología no es buena ni mala, depende del uso que le des.

La marca Melamed

¿Qué servicios ofrece Humanize Consulting?

Hago tres cosas: coaching de ejecutivos de máximo nivel; brindo charlas motivacionales porque las empresas necesitan inspirar a su gente y trabajo sobre innovación en temas de Recursos Humanos, es decir consultoría para organizaciones de todo tipo que buscan potenciar a sus empleados.

¿Cómo creaste tu marca personal?

Con muchos años de coherencia, consistencia, perseverancia y persistencia. Lo que hice todos estos años fue llevar a mi vida personal lo que trato de transmitir hacia afuera, tanto en mi vida de pareja, vida familiar, con amigos, con el deporte, con la universidad. Muchas veces recibí críticas de amigos que me decían ‘¿por qué compartís tanto lo que hacés, por qué no te lo guardás? Eso es poder y vale mucho’, pero para mí es exactamente al revés, yo creo en la ley de la abundancia, cuanto más compartís, mas recibís. Me siento un afortunado por poder hacer lo que me gusta, donde me gusta, con la gente que me gusta y dedicar mi vida a las cosas que me gustan.

Ese actuar te sirvió para tener trabajo cuando iniciaste tu camino independiente

Si, definitivamente. Me di cuenta que había una necesidad latente de esto. Gran parte de lo que estoy haciendo lo había en mis momentos libres, ayudando y asesorando gente que me lo pedía. Pero nunca hay que creérsela. Una palabra crítica es la humildad, cuando estás arriba no te creas que estás tan arriba, cuando estás abajo tampoco estás tan abajo.

Ahora qué estás del otro lado, ¿en qué cambió tu vida fuera del mundo corporativo?

Trabajar para diferentes empresas te permite interactuar con mucha más gente en variados contextos, te permite energizarte y aprender sobre distintas industrias, orígenes, problemáticas, etc. Eso te enriquece intelectual y socialmente. Y también te permite generar muchos puentes y facilitar soluciones. Me apasiona interactuar. Si me preguntas de qué trabajo: trabajo de ayudar a la gente, a que sea un poquito más productiva.

Tips para ser un buen líder

• Conocé tus emociones y las emociones de los otros
• Manejá adecuadamente tus emociones
• Escuchá mucho
• Hablá poco y decí mucho
• Ley de liderazgo situacional: No hay nada más injusto que tratar de la misma manera a dos personas diferentes y, a su vez, no hay nada más injusto que tratar de la misma manera a una misma persona en situaciones diferentes. ¡No vale el tratar igual a todo el mundo!

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GERALDINE NEUMANN

“Siento que no tengo ninguna cuenta pendiente”

Geraldine Neumann se subió a la pasarela cuando era muy pequeña. Hoy, con una carrera como modelo e incursiones en la actuación y la conducción, venció los miedos y se anima a hacer lo que más disfruta: cantar.

TEXTO: Karina Pontoriero

Joven y hermosa, con una carrera prometedora. Podría haber firmado contratos millonarios o triunfar en el exterior, sin embargo, para sorpresa de muchos y cuando tenía solo 22 años, eligió formar una familia y dedicarse al duro oficio de ser mamá. ¿Un acto de rebeldía? Puede ser. Lo que seguro es: una mujer que se arriesga y trabaja para destacarse en aquello que le gusta hacer. Geraldine Neumann -Gege para los más íntimos- charló con DELUXE sobre su carrera, su familia, sus intereses y proyectos.

¿Qué cambio en vos para que decidieras finalmente volcarte a la música?

Agarré un poco de confianza. Hacía mucho que quería dedicarme a cantar y no me animaba; estudié muchos años canto y me decidí. Mi marido es músico, tiene una productora y muchos amigos músicos, y así empecé… nos juntamos, armamos una lista de temas, ensayamos. Hoy cantamos covers en algunos eventos. Es algo que me pone contenta.

¿Qué tipo de música hacen?

Me gusta el blues, la música country, ¡me gusta de todo! Todavía no tengo algo definido como “voy a cantar este estilo”, pero eso es lo que más me identifica.

Estás buscando tu identidad como cantante, ¿tenés un modelo a seguir?

Voy probando. Gracias a mi profesora conocí el folclore y me encanta cantar zambas, pero me gusta también algo más pop o un poco de rock suave. Como estoy en plena búsqueda, mi lista de temas es muy variada.

¿También es variada la música que escuchás?

Mucho más. Escucho reggaetón, por ejemplo. Para bailar me divierte muchísimo, aunque no lo cantaría. No soy cerrada. La música siempre hace bien y depende de cada uno, y del momento que estás viviendo, encontrar qué música te hace bien.

¿Y tu casa es muy musical?

Tenemos piano, guitarra, y otros instrumentos; a mis hijos les gusta cantar. Tal vez yo estoy cantando, mi marido toca la guitarra y mi hijo agarra el cajón peruano y lo toca como si fuera una batería, nos divertimos así. Mis hijos están muy vinculados con el arte, les encanta bailar, dibujar, pintar. Creo que está bueno incentivarlos cuando encuentran esta veta.

Hace poco tiempo los llevaste al programa Laten Corazones…

Fui primero con mis dos hijos, Helena y Matías, y después con Helena. Fue un momento muy lindo.

¿Es de verdad tan emocionante como lo muestran?

Yo me preguntaba por qué la gente llora y después no puede evitar emocionarme. Cantar con mis hijos fue lo más lindo del mundo. Helena es muy tímida, cuando me propusieron cantar, les pregunté con libertad, no los quise obligar y me dijeron que sí. En los ensayos estaban detrás de mí y pensé que no iba a funcionar, que no iban a poder. Pero cuando empezó el show y se animaron, me alegré inmensamente. Hablé con mi hija y la felicité por animarse y superar sus miedos, algo que a mí me llevó mucho más tiempo, y me dijo “fue gracias a vos”. Por supuesto, me emocioné. Me encanta que puedan disfrutar.

Fuiste mamá muy joven, a los 22 años, ¿Tuviste que madurar de golpe?

Con mi marido nos casamos muy pronto y buscamos ser padres, nos sentíamos maduros y queríamos formar una familia. No vino de repente, yo no era una niña ni siento que crecí junto con mis hijos: tenía 22 años pero llevaba adelante mi casa perfecto y siempre nos arreglamos con una hija. Sí me parece que los hijos vienen a sumar a tu vida, te cambian las prioridades. Cuando tenés hijos todo pasa primero por ellos, tal vez por eso me volví un poco más miedosa, pero no lo viví como un gran cambio. No me cayó un hijo de la nada.

¿No resignaste cosas por ser madre?

No, fue un cambio que se dio muy naturalmente. Cuando tuve a mi hija no quería salir a ningún lado, no me interesaba salir todas las noches, quería estar con ella. Y agradezco el trabajo que tengo que me permitió al poco tiempo volver y llevarla conmigo. La amamanté durante un año y pico y ella siempre
me acompañó a las producciones.

¿Y la pareja?

Hoy sigo teniendo la misma vida con mi marido, me divierto de la misma manera, tenemos nuestras noches, salimos solos o con amigos. Nos adaptamos súper bien. En mayo pasado cumplimos 10 años de casados, algo que hoy parece raro… Hoy la gente se separa tan fácil y lucha tan poco por el matrimonio…

La pregunta inevitable: ¿planes de agrandar la familia?

Nos gustaría tener más chicos. Amamos a nuestros hijos, nos gusta ser padres y nos gustaría otro más. No sé si el año que viene, quizás el otro, porque estoy disfrutando este momento en que son más independientes y eso nos permite hacer cada tanto una escapada romántica. Yo soy una madre muy presente y cuando son muy chiquitos me cuesta mucho dejarlos un día. Queremos disfrutar esto, pero habrá otro niño. Aparte los chicos quieren un hermanito.

Tu trabajo tiene que ver mucho con tu cuerpo, ¿recuperaste la figura muy rápido? ¿Cómo fue eso?

En esos casos te das cuenta cuándo hay una buena genética detrás. Por suerte nunca tuve que morirme de hambre. Obvio que si me pongo al lado de una chica de 20, la tensión de la piel no es la misma, pero son cosas lógicas y hay que aceptarlas. Vivimos en una sociedad muy cruel con respecto a eso.

Más allá de la ayuda de la genética, ¿qué hacés para estar espléndida?

Uso cremas, hago gimnasia, voy a una esteticista y me hago mesoterapia, drenaje, limpiezas de cutis, exfoliante. Me gusta hacer kickboxing y también salgo a patinar y andar en bici con mis hijos. Soy cero obsesiva.

Después de mucho tiempo te reencontraste con tu hermana, ¿cómo se regeneró el vínculo?

Fue apenas nació Sienna, la tercera hija de Nicole, que ya tiene un año. El tiempo y las charlas curan las heridas. Cuando nació, la llamé y le dije “te paso a visitar”,” bueno, cuándo”, “ahora”. Y nos juntamos y todo fue muy natural. Tuvimos la charla que nos debíamos y hoy está todo genial. Mis sobrinas son los más, me encanta ser tía, la familia es lo más importante.

Ser tía es un rol distinto al de madre, podés permitirte ser más compinche o permisiva. ¿Sos así?

Sí, eso está bueno. Solemos juntarnos todos, mis hijos y los de mi hermana, pero si uno de mis sobrinos tiene un capricho, obviamente reacciono distinto a como lo haría si el capricho lo tiene uno de mis hijos. “Bueno, no importa, yo te doy el caramelo”, le digo. Y puedo porque soy la tía.

Sobre gustos y asignaturas pendientes

Alguna vez también te relacionaste con la actuación, ¿es algo que también te atrae?

Más o menos. Me divierte hacer cosas esporádicas, no haría una tira diaria. Me gusta más la conducción donde puedo ser yo y no un personaje. Me gusta dar mi opinión y mi visión, que me conozcan de esa manera.

¿En qué tipo de programa te sentirías cómoda?

En uno donde haya un poco de todo, no me encasillaría en un solo tema. El año pasado cuando estaba en “¡Qué mañana!”, por Canal 9, cada uno opinaba de todo. Cuando trabajé en “Concentrados en Red”, por DeporTV, estuvo buenísimo porque yo no sé nada de deportes y era como “la voz del pueblo” o de la mujer que le pregunta al marido qué es un corner. Me divertí y aprendí muchísimo. Es muy enriquecedor aprender de tus compañeros e interiorizarte en temas que desconocías por completo.

¿Qué aprendiste, por ejemplo?

Me di cuenta de que ver un partido de fútbol me aburre, pero descubrí que me entretiene ver un partido de básquet.

¿Estás informada?

Me interesa la actualidad, pero soy tranquila. No voy a leer cuatro diarios por día, pero me parece importante saber en qué situación estamos, qué está pasado.

¿Cuál es tu lugar elegido de Zona Norte, donde vas para pasear o comer algo rico?

Vivo hace 5 años y ando de acá para allá. La Bahía de Nordelta, donde hay muchos bares y restaurantes, es un lindo lugar. Fuimos a un restaurante nuevo que se llama Pichón y me encantó. Estás ahí sentado, ves el río, los barquitos, es divino.

Si tuvieras que irte de vacaciones siempre al mismo lugar, ¿cuál sería?

Villa La Angostura (no duda). Lo conocí hace 11 años con mi marido y hace 11 años que vamos.

¿Se te cruza la idea de instalarte allá?

Mi marido moriría por vivir allá. A mí me gusta estar un poco alejada pero no tanto, necesito mucho de mi familia, de mis amigos, creo que extrañaría mucho. Pero es un lugar al que podría ir a vivir cuando me jubile.

Contabas que te costó mucho animarte a cantar de una manera más profesional, ¿tenés alguna otra cuenta pendiente?

Nunca me tiré en paracaídas. Hoy, con hijos tan chicos, no me animo, pero algún día lo haré. No soy una persona que cierre las puertas y siento que no tengo ninguna cuenta pendiente. Sí me pasa que me preparo para todo lo que hago porque no quiero arrepentirme ni quiero que me de vergüenza el día de mañana que mis hijos vean algo que hice. Trato de manejarme así. Si voy a cantar, estudio. Tal vez más adelante me gustaría volver a estudiar, terminar la carrera de escenografía o estudiar diseño de interiores porque me gusta la decoración.

Entonces sos una persona satisfecha con su vida

Sí, 100%. Si yo no estoy contenta es porque algo hay que cambiar, entonces voy y lo cambio, no me quedo lamentándome. Uno es dueño de su destino, a pesar de que hay cosas que van a pasar porque tienen que pasar. No soy de las que dicen “qué hubiese pasado si…”; si no salió, no salió. Soy una persona positiva y voy para adelante.

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ESTANISLAO BACHRACH

“Si creés que no vas a poder hacer algo, el cerebro festeja”

No se siente un gurú y le molesta que lo tilden de esa forma. Con dos años de experiencia como biólogo molecular, un día decidió cambiar. hoy, desde Cocolab (el laboratorio del coco) comparte sus conocimientos y brinda charlas para que las personas aprendan a desarrollar el potencial de su cerebro y sean más creativas.

TEXTO: Karina Pontoriero     FOTOS: Mechi Aliaga Pueyrredón

Llega con puntualidad inglesa y saluda con una sonrisa. “¿Pediste?”, pregunta. Enseguida sugiere que visite un lugar porque “es tu estilo”. Cuando llega su Té Chai dice: “Probálo, ya somos amigos”. No hacía más de 10 minutos que había visto a Estanislao Bachrach por primera vez en mi vida. ¿Un genio o un charlatán? ¿Un tipo peligroso? (como alguna vez lo definió el conductor Alejandro Fantino). Lejos de parecer una u otra cosa, Bachrach se pone cómodo, entra en confianza y responde con entusiasmo.

¿En qué te fijás para aseverar que a alguien le va a gustar un lugar? ¿Es parte de un juego?

No sé, son pistas de muchos años de estar pendiente de los gestos de uno, de cómo se viste, de la forma de saludar, de la forma de hablar y el vocabulario. Lo hago para jugar. Puede causar rechazo o soberbia, es una forma de generar empatía.

¿Pero tiene algún sustento científico?

No lo hago científicamente. Estoy en contacto con mucha gente muy distinta: Trabajamos en la villa 1-11-14 y en un colegio privado de Olivos; trabajamos en Catalunya con maestros y en Washington, con economistas. Una empresa de 5.000 empleados y una PyME de 4. Estar en contacto con tanta diversidad de gente te ayuda a entender claramente al otro. Obvio que muchas veces pifio y no pasa nada.

Empecemos por el principio: Estanislao Bachrach era un Biólogo Molecular de prestigio. Se recibió en la UBA, estudió en Francia, fue docente e investigador de la Universidad de Harvard (le dio clases al mismísimo Mark Zuckerberg, fundador de Facebook) y obtuvo diversas distinciones, entre otros logros. Un día le ofrecieron un cargo oficial, de esos a los que todo científico aspira. Pero, a pesar de la tranquilidad laboral y económica que le aportaría  ese nombramiento, no era lo que quería para su vida. Y comenzó a sentirse mal físicamente. Esta breve historia la cuenta en su segundo libro: En cambio, que está entre las listas de los más vendidos desde sus primeros días en la calle. “Cuando empecé a enfermarme me di cuenta de que necesitaba ayuda y comencé terapia. Yo venía de una educación de mucha soberbia, de mucha omnipotencia, de creerme que yo puedo todo, y cuando llegué a un techo profesional entendí que eso no me gustaba y estuve mal”, reconoce.

¿Te aburría el laboratorio?

No era feliz. No era para mí, era más una postura. Probé que podía hacerlo, que era medianamente bueno, pero no era feliz. Y quería ser feliz. Entonces, comprendí que debía cambiar y eso desató una crisis: diecisiete años haciendo algo y me doy cuenta de que quiero cambiar. Eso genera mucho movimiento interno, dolor, rupturas. Todos diciéndome que estaba loco. Y ahí pedí ayuda. En ese momento de gran crisis yo no logré cambiar, la terapia me ayudó a bajar el estrés, tranquilizarme y empezar a pensar qué quería, por qué, cuáles eran las alternativas, con quién quería estar. Y ahí arrancó el camino del cambio.

Otra historia comienza

¿Cómo descubriste este nuevo campo de trabajo?

Cuando volví a Argentina hice un MBA en Negocios y durante la cursada empecé a conectar los puntos. Eran 59 empresarios y yo. Sentado, escuchando sobre Recursos Humanos, Finanzas y Marketing me di cuenta de que lo que yo había aprendido en Biología podría complementar eso. Empecé a hacer conexiones y mis compañeros me dieron oportunidades; me invitaron a mostrar mi mirada en sus empresas. Ahí empecé a construir este campo y, desde entonces, nunca paré.

¿Para qué te buscan?

Las empresas, para ganar más plata; les importa tener más clientes, vender más. Nosotros trabajamos sobre las personas, sobre el desarrollo de la gente, que quizás derive en ganar más plata. No garantizamos resultados, no hay forma. Lo que garantizamos es que a la gente le va a pasar algo, se va a dar cuenta que puede pensar distinto, ser más creativo, cambiar, ser más feliz en el trabajo y eso genera movimiento. Si está bien aprovechado, a largo plazo va a generar más dinero porque se trabaja mejor, se hacen más cosas, el cliente está más contento… Nos preocupan mucho las personas, sobre todo aquellas que se creen aburridas, poco creativas, que creen que no pueden porque son viejas o no saben.

¿Qué puntos en común hay entre la biología molecular y la neurociencia?

Es muy importante aclarar que yo no soy neurocientífico. No soy neurólogo ni terapeuta ni psicólogo. Tomo del conocimiento que se genera en el campo de la neurociencia y busco con mi equipo qué de ahí podemos implementar en empresas para que, por ejemplo, vendan más o qué podemos aplicar en una escuela para que enseñen distinto.

¿Pero el campo en el que trabajás es la neurociencia?

Ya ni siquiera me doy cuenta si es biología o es neurociencia porque es un poco lo mismo. Leo artículos científicos sobre el cerebro y los interpreto. Pienso cómo esos conocimientos generados en el laboratorio pueden ser utilizados en empresas u organizaciones. No trabajo con enfermedades, trabajo en cómo potenciar el cerebro sano para hacerlo más productivo, más eficiente, más creativo, para manejar las emociones y animarse a cambiar. Lo mágico o lo apasionante de nuestra mirada es cómo llevar algo complejo o técnico como un paper científico a algo sencillo y cotidiano para que lo pueda aplicar cualquiera: un taxista, un ama de casa.

¿Todo lo que está escrito sirve?

El desafío intelectual es descubrir qué de eso que está escrito es utilizable y después cómo lo usamos o lo probamos y la pregunta más importante de todas: por qué lo queremos hacer. Entonces, tenés el qué, el cómo y el porqué. La gente se mueve por el “porqué”, un sentido, un propósito. En una escuela, el sentido es mejorar la calidad de la enseñanza; en una organización, el sentido es que la gente esté menos estresada en el trabajo o que se anime a pensar de otra manera. Nosotros tenemos nuevas herramientas y las probamos, no sabemos si van a funcionar aunque tenemos 5 años de experiencia.

El doloroso proceso del cambio

Hablando de cambiar, ¿creer es poder? ¿Cualquiera puede?

En teoría, sí, cualquiera puede cambiar. Creer es la primera barrera a vencer para poder. Si no creés, no vas a poder. Es como dice la canción de Diego Torres: “Creer que se puede”. Parece autoayuda, pero es ciencia. El cerebro no distingue realidad y ficción. Si vos te decís a vos mismo: “No voy a poder”, el cerebro festeja, se pone contento porque no tiene que hacer ningún esfuerzo.

¿El cerebro es vago?

Es una forma cariñosa de decirlo. Es un gran ahorrador de energía, un órgano que no toma riesgos. Se preocupa por tu supervivencia, no por tu felicidad. Se ocupa de repetir, automatizar. Lo que nosotros mostramos es que esa vagueza uno puede modificarla; tiene que ver con lo que uno quiere de su vida, cuáles son sus objetivos, cómo se quiere sentir. Nosotros queremos que todos los días puedas ser algo diferente, pero hay que trabajarlo. Hay que entrenar, tener disciplina y, sobre todo, aceptar que te vas a equivocar, lo vas a pasar mal, te va a doler, se van a reír de vos. Eso a la gente no le gusta y nosotros les decimos “¿Y?”

¿Preocupa la mirada del otro, el ridículo?

Hay un gran dramatismo del dolor, del error, del fracaso. No pasa nada si fracasás, estás aprendiendo, estás haciendo algo nuevo. Trabajamos mucho sobre las emociones, sacarle el drama a las cosas que te pasan, regularizar las emociones.

¿Por qué a una persona inteligente, disciplinada, que mantiene supuestamente todo bajo control, le resulta imposible, por ejemplo, dejar de fumar o sostener una dieta para bajar de peso? ¿Qué debe hacer?

Lo primero que debe hacer es dejar de culparse y criticarse. Después, es necesario que sepa que cuando está con muchas cosas simultáneas, cansado, estresado, es muy difícil cambiar. Dedicarle atención y disciplina a eso que se quiere cambiar cuando hay millones de cosas que preocupan dando vueltas es una combinación complicada. El estrés es enemigo del cambio. Es necesario llegar a un momento de cierta paz o tranquilidad para ocuparse. El cerebro cuando está estresado busca los hábitos que más placer le dan. Comer y fumar, son hábitos. El cerebro busca refugio ahí y modificarlo es un gran trabajo. Es necesario tener sentido común y darse cuenta que solo no se puede. Y que pedir ayuda no te hace débil.

¿El cerebro se expresa a través del cuerpo cuando necesitas cambiar?

A veces es un virus, pero lo cierto es que el cerebro da señales cuando lo está pasando mal; descubrir esas señales es tener la mitad de la batalla ganada. Uno tiene que reconocer su cuerpo, eso es autoconocimiento, inteligencia emocional, lo que para muchos es una pérdida de tiempo porque les parece una pavada o porque no quieren autodescubrirse.

¿No quieren autodescubrirse porque es doloroso?

Sí, es un camino doloroso. En ese trabajo interno uno se enoja con uno mismo, se irrita, se arrepiente de cosas del pasado. Hay que estar preparado para ese viaje. Una vez que lo transitaste y lo superaste es todo positivo, porque la próxima vez que te sientas mal ya no será tan grave. No es que nunca más vas a sufrir, es que lo vas a llevar de otra manera.

¿El cambio es duradero?

Es como ir al gimnasio. Tenés que mantenerlo y seguir trabajando. Si no seguís, todo vuelve a estar como antes. Puede ser una experiencia positiva, pasajera o un cambio de vida. Por eso no tiene que ser una obligación, tiene que ver con lo que vos querés hacer.

¿Sos feliz ahora?

Muy. A veces superado por esa felicidad y la euforia tampoco es buena. Me gusta tanto que a veces me paso. Hay que saber decir que no para lo malo y para lo bueno.

¿Hay una fórmula para la felicidad?

No la hay. O no la tengo. Por suerte, sino sería aburrido.

¿Es autoayuda lo que haces?

No tengo idea. Si leíste el libro y te ayudó, buenísimo. Si eso es autoayuda, no lo sé. En todo caso, lo que escribí te ayudó. No me obsesiona el tema, aunque yo sea científico.

Consejos para ser más creativo

¿Romper estructuras te vuelve más creativo?

La incomodidad ayuda a que te animes a pensar distinto. Otras veces, la incomodidad hace que te refugies en lo que ya conocés.

¿Cómo se puede ser más creativo?

La pregunta es: ¿Querés ser más creativo? Si sentís que te estás aburriendo, que no lográs tus objetivos, que te repetís… Ser más creativo tiene que ver con el deseo. Hay que correr riesgos, algo que al cerebro le cuesta mucho. Ser más creativo te sitúa en un lugar de incertidumbre. Es fundamental encontrar el disfrute en el trabajo. Y aprender a respirar para pensar mejor.

¿El juego ayuda?

Hay un 50% de juego y un 50% de disciplina. Así funciona la creatividad. Muchos, cuando se dan cuenta de la dimensión del trabajo que implica, se rinden antes de terminar. Lo positivo es que los que siguen adelante, se esfuerzan porque quieren. Para ser creativos hay que trabajar…más.

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ERNESTO GORANSKY

Aprendí que los edificios tienen que pensarse a 300 años

Después de 8 años alejado de la construcción, Ernesto Goransky volvió al ruedo con un moderno edificio de cuatro pisos en la ciudad de Buenos Aires. En una charla cálida habló de los desafíos de la arquitectura, claro, pero también de temas tan delicados como la ética, la familia, el legado. La Vida misma.

TEXTO: Karina Pontoriero     FOTOS: Eleazar Cremona

 

“Si esto no es mejor es porque yo no soy mejor”. Esa es la frase con la que Ernesto Goransky recibe a DELUXE Magazine. Y de entrada esta cronista entiende que está frente a un personaje fuera de lo común.

Esto” es el edificio que está construyendo en Correa y Tres de Febrero, frente a las vías del Ferrocarril Mitre, en una zona muy arbolada del barrio de Núñez.

Goransky es arquitecto, nacido en San Juan, graduado en la Universidad de Buenos Aires y ciudadano del mundo. En los años ’80 su nombre sonó fuerte en el ambiente porque renovó los famosos sillones BKF con tapizados diseñados por reconocidos artistas como Josefina Robirosa y Clorindo Testa. Hace unos pocos años volvió a sorprender al crear el Design cE, un hotel que piensa en las necesidades de cada huésped. Ubicado en Marcelo T. de Alvear y Rodríguez Peña, a una cuadra del Palacio Pizzurno, esta construcción se basa en lo que Goransky llama “total design”, un concepto que ve el diseño como algo social, de todos. Lo dicho: un personaje fuera de lo común.

Decís que das lo mejor en cada proyecto, ¿qué mejoraste desde tu primer edificio ubicado aquí enfrente a éste?

Éste edificio tiene energía solar y jardín verde, por ejemplo. Pero, fundamentalmente, todos mis edificios tienen doble vidrio, no importa donde estén ubicados, todos tienen la mejor carpintería, tienen el mejor hormigón que existe, la caja está hecha de tal manera que si alguien quiere descarnarla y que se vea el hormigón, está preparada para eso. Está planificado internamente como si fuera un galpón, como plantas libres sin vigas y sin columnas, eso te da una libertad para que el día de mañana puedas transformar. Hoy puede ser vivienda, mañana oficina. Yo aprendí que todos los edificios tienen que pensarse para 300 años.

Por eso hablas del “construir para vivir”

Uso todos materiales nobles, pensando en que quien vaya a vivir no gaste o gaste lo mínimo en mantenerlo. No hay costos fijos, no hay consorcio que después tenga que reunirse para arreglar los problemas que dejen el arquitecto o el constructor. Todo lo que estoy poniendo es lo mejor que yo sé que pondría.

¿Por qué la decisión de que no haya amenities?

Los amenities son argumentos del marketing. Yo creo en la comunicación con el otro. El vendedor es un creador de ilusiones y lo que produce, en el mejor de los casos, es desilusión; en el peor de los casos, defraudación y en el peor de todos, una estafa. Esa es la diferencia de producir algo pensando en el otro que pensar en comprar y vender.

Goransky habla. Y sigue dejando evidencias de que no es un tipo común. Si alguien dice: “Pienso que solamente justifica que yo me involucre de la forma en que lo hago, con todos mis conocimientos y mi cuerpo, si lo que voy a hacer es lo mejor que puedo hacer”, no es común.

¿Te cuesta disociar tu profesión de tu ser persona?

Totalmente. Y menos cuando tenés hijos, porque vos dejás algo que yo llamo legado y el legado tiene que ver con las conductas de los padres y madres. Ellos se reflejan en vos.

¿Cuál te gustaría que fuera tu legado? ¿Qué querés dejar como persona?

El legado es que la generación nueva pueda más que lo que pude yo, es lo que uno hace todos los días. Más importante que el recuerdo del otro es que uno haya vivido bien, haya aprovechado el momento existencial para disfrutar al máximo de las personas que uno ama.

Creo que no es tan importante ser trascendente. Creo que es más importante el día a día, el abrazo de un hijo, el jugar al tenis con uno, el ir a esquiar con otro. El premio a la existencia no es después de que uno se va, sino que es durante. Sí creo que el verdadero legado personal es sentir que lo que uno hace representa todos los valores que tiene. Siento que me he acercado muchísimo a la persona que quiero ser.

¿Y cómo arquitecto?

En arquitectura hice una mesa que se llama Margarita, está pensada para 8 personas porque yo creo que para más personas tienen que ser dos mesas. Tiene un “lazy use” en el centro para que cada uno pueda servirse; es la idea de la singularidad pero en colectivo.

¿Margarita es alguien en tu vida?

No, la nombré así por la flor. Porque sacarle los pétalos a la margarita me remitió al concepto de la mesa. Siempre lo que creo o produzco se parece a mí, hasta en los defectos.

Cuando uno lee o escucha a Goransky nota que hay ciertos términos que se repiten. Armonía es uno de ellos. Desde lo arquitectónico, el concepto remite a respetar el proceso de la construcción, desde los contratos de los trabajadores hasta los códigos de urbanización. Desde lo personal, asegura que “la armonía se logra pareciéndote lo máximo que puedas a la persona que pretendés ser”.

¿Cómo fuiste construyendo esta filosofía de vida?

Fui viajero desde muy chiquito. Cuando volvía del colegio, en San Juan, iba a la bodega de mi abuelo y construía mis sueños. Aprendí a no tenerle miedo a la realidad, a superar obstáculos. A los 17 años vine a vivir solo a Buenos Aires, viajé a Israel, pasé 6 meses por Europa con mis compañeros de la secundaria, estuve en Marruecos que me dio vuelta la cabeza en todo sentido, me produjo un enriquecimiento lícito en cuanto a las comidas, los olores, los colores, y en cuanto al uso del espacio público como casa de todos. Lo que me fascina es la idea de que el único espacio que habita el hombre es el propio cuerpo. El yoga ayuda, la natación ayuda, tener una mujer psicoanalista también ayuda. Y tener hijos. Nunca tuve la idea de que mis hijos tenían que ser una prolongación de mí, siempre creí y respeté la singularidad.

Estuviste 8 años sin construir, ¿qué te había pasado?

La repetición trae siempre lo mismo. Este país te obliga a reciclarte, porque si no lo hacés te morís o te fundís o te separas. El gran desafío del hombre es ser contemporáneo, es decir, entender qué está pasando para poder estar a la altura de las circunstancias. Soy un hombre de dos siglos; si no logro entender, me pierdo muchas cosas.

¿Qué hiciste durante esos 8 años?

Pensé. Mucho. Dibujé. Reflexioné. Escribí. A veces el silencio del hacer es la riqueza del producir con el pensamiento. Me parece que quizá fue mucho, pero no me arrepiento, fue el tiempo que necesité. Estuve en Uruguay, donde desarrollé un condo hotel, diseñé una casa que se puede construir de igual forma en varios lugares, pero después me di cuenta de que los tiempos de Uruguay son lentos. Y un día pasé por esta esquina y dije: ¿Por qué no acá? La energía y el dinero la invertí acá, en lugar de en Uruguay. Volví a poder hacer. El pensamiento no es suficiente, especialmente para el que está acostumbrado a emprender. Estos próximos 8 años tengo mucho trabajo por hacer. Mis deseos, cuando aparecen, conducen.

Ciudad Armonía: un concepto posible

“Creo que la forma de enseñar y educar va a cambiar. Creo que los edificios van a estar más vinculados: en los pisos de arriba se piensa, en los intermedios se produce y en el de abajo se vende. Debemos vivir cerca del lugar de trabajo, para que el costo del traslado sea menor para toda la sociedad. Además, así se puede estar más en contacto con la familia y se puede economizar comiendo en el hogar. Es necesario mejorar la planificación; no se pueden seguir construyendo casas en cualquier lado, no se puede seguir construyendo en un Buenos Aires superpoblado con todo el territorio que hay en la Argentina. Fundamentalmente baso toda la estructura en que las personas tengan trabajo, no puede haber sustentabilidad sin trabajo.”

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MARCO ANTONIO CAPONI

“Hoy podés crear lo que quieras, cuando quieras”

A los 21 años dejó Mendoza y vino a golpear puertas a Buenos Aires con la idea de convertirse en actor. Hoy es uno de los preferidos de la platea femenina, pero sobre todo es un intérprete versátil que pasó de la comedia al drama y de la pantalla chica al teatro sin desentonar.

TEXTO: Karina Pontoriero

“Soy hiperkinético”, se define Marco Antonio Caponi, que está a punto de comenzar las grabaciones de La Leona. También está ensayando una obra de teatro bajo la dirección de Luciano Cáceres. Y por estos días se estrena Pasaje de Vida, película en la que comparte cartel con el Chino Darín. Además, fue nombrado padrino de un cine de su querida Maipú, en Mendoza. Y es justamente allí a donde se quiere ir a vivir, más pronto que tarde, con un proyecto que paulatinamente va tomando forma. ¿Hiperkinético? Parece que sí. Sin embargo, el actor se toma un descanso de sus múltiples actividades para charlar con DELUXE Magazine sobre su trabajo, sus gustos y su futuro.

Los tiempos tiranos de la TV

¿Qué es La Leona?

Es una historia muy potente, diferente de lo que habitualmente se ofrece en una ficción diaria en televisión. Tiene una fuerza interesante. Saldremos al aire recién en agosto o septiembre por Telefe, con un elenco hermoso (Nancy Dupláa, Pablo Echarri, Miguel Ángel Solá, Dolores Fonzi, entro otros). Estoy contento.

Es novedoso grabar en TV con tanta anticipación

Una de las cosas que más me entusiasmó, más allá de la propuesta, es que se iba a poder trabajar con anticipación, algo que los formatos se merecen y que por una cuestión de productividad nunca sucede. Es todo un experimento también porque los programas televisivos suelen salir con 15 capítulos al aire y quedan a la espera de qué pasa para empezar a desarrollar la historia.

Grabar al día no te permite profundizar en tu personaje

¡Exactamente! Se construye la ficción con el minuto a minuto. Acá arrancamos con una proyección en el tiempo y eso te permite ir pensando qué es lo que vas a hacer.

¿Qué vas pensando? ¿Cómo es tu personaje?

No te voy a contar mucho para que no me censuren. Me refiero a que soy de leer mucho los libros, ver qué proponen los autores sobre el personaje y buscar la forma de lograr que eso que piden sea funcional a la historia. Después hay un criterio personal a partir del cual uno empieza a opinar, a sumarle cosas al personaje.

Te distanciás de la comedia para meterte en una tira con fuerte compromiso social que seguramente abrirá un debate

Tenía ganas de hacer en televisión algo con compromiso dramático, con la posibilidad de trabajar concentrado junto a mis compañeros. Y es muy lindo formar parte de algo que puede generar distintos puntos de vista e invitar a la reflexión. Es genial que se pueda llevar la realidad ficcionada a la TV; en Argentina hay historias insólitas para ser contadas. Es un poco lo que sucede con las series de afuera que son políticamente incorrectas a la hora de contar, no tienen una bajada de línea, son capaces de mostrar cosas terribles en una escena, pero siempre entendiendo que es parte de la ficción. A veces, acá se confunde la realidad con la ficción.

¿En qué sentido lo decís?

Hay mucho programa de debate donde la gente se pelea “de mentira”. Muchos creen que esa es la realidad. Pasa al revés con la ficción, se la toman seriamente. Son dos cosas distintas.

Hoy las series están muy de moda, ¿Cuáles mirás?

Me volví muy fanático de ‘Six feet under’, me reventó la cabeza. Antes de eso no me había sentado jamás a ver una serie durante 70 horas seguidas. También me hice muy adicto a ‘Breaking Bad’ y a ‘Black Mirror’, para mí una de las mejores que he visto. Su éxito está en que la estructura es infalible, cosa que se complica si empezás a grabar y falta que se escriban 70 capítulos; se tiene que trabajar con todo el panorama para poder construir. Es difícil hacer un personaje para mañana si te dan un libro hoy. Pasás de ser el médico del pueblo a ser bombero voluntario que salva niños por Internet.

Te volvés un poco esquizofrénico

Te volvés loco. Terminás siendo un malabarista con tres pelotas en las manos y una en los pies. Quiero verlo a Bryan Cranston (el protagonista de Breaking Bad) haciendo una telenovela acá, con los tiempos que manejamos, hay que ver si se la banca. Me parece genial cómo lo piensan, todo puesto al servicio de construir una mejor historia.

Bueno, el tiempo es clave. Entre una temporada y otra tenés 9 meses

Ahí está el punto. Cuentan con dinero y tiempo. Damián Szifron lo logró, escribió una genialidad como fue ‘Los simuladores’, hizo dos películas muy buenas y se permitió estar 10 años alejado hasta que volvió con una bomba. Leí el libro de ‘Relatos Salvajes’ y es ver la película en papel.

La experiencia cinematográfica

En cine está a punto de estrenar ‘Pasaje de Vida’, ¿De qué se trata?

Tengo miedo de hablar y contar de más, pero uno de los personajes, montonero, incentiva a sus amigos a que se unan. Yo soy uno de esos amigos. Transcurre en dos tiempos, la actualidad, donde un personaje empieza a indagar la historia de su padre, y en los ‘70. Está muy buena, es una película que habla de los vínculos.

Es una de tus primeras experiencias en cine

Lo primero que hice en mi vida fue una película que se llamó ‘Patagonia’. Una coproducción argentino-galesa que se filmó en el sur. Estuvimos un mes viajando, trabajé con actores de Londres, todos conocidos. Fue muy lindo ver cómo trabajaban, tan concentrados, precisos. Unos monstruos.

¿Cómo llegaste a ese film?

Fui al casting de una película que era coproducción con Hollywood, El director de casting, Javier Braier, me dijo “mirá, no quedaste pero te voy a tener en cuenta para otras”. Y me presentó para ‘Patagonia’. Me reuní con el director y quedé. Apenas terminé la película tuve una reunión en Pol-ka y se abrieron un poquito más las puertas.

Después de ahí no paraste de trabajar

Pol-ka es una productora que tiene mucha llegada al público. Entrás a trabajar y te volvés un poco más popular, sus tiras las ven millones de personas.

¿En qué cambió tu vida con la popularidad y esto de ser una especie de sex symbol?

(Sonríe, pero de lo de sex symbol no se hace cargo) Obviamente que no fue lo mismo. Yo me sentí al principio un poco incómodo, no te esperás que te pidan una foto, que te quieran saludar. La cabeza se empieza a confundir. Estás por comer una porción de pizza, levantás la cabeza y alguien te saca una foto con la muzzarella cayéndote por la boca. Me parece que un poco ‘Black Mirror’ engloba esto; todo queda registrado, es subido a Internet y te sumergís en una bola de paranoia que es horrible. Después uno se va acomodando.

¿Dejaste de hacer cosas por eso?

No le voy a echar la culpa a eso. Pero sí, me quedo más en casa. El año pasado no hice tanta tele y me di cuenta de que existe la posibilidad de “desaparecer”. Tampoco hay que creer que todo el mundo lo mira a uno.

¿No te deprimís si no te miran?

Me acuerdo de la frase de Rene Lavand que decía algo interesante: “Hay dos cosas que odio en la vida, que me pidan autógrafos y que no me los pidan”. Es así, es una contradicción. Tengo la suerte de poder elegir un trabajo y mi trabajo es este.

Y el reconocimiento del público viene en el combo

¡Obvio! Yo no hago esto por la fama. Lo hago porque sé que de esa forma puedo pensar en armar un proyecto propio, puedo crecer, aprender, yo lo miro por ese lado. Obviamente te da una visibilidad y te permite vivir. Es muy hostil la vida de los actores. Es una mentira eso que se ve en las revistas, que hacen creer que todos los actores somos millonarios. Hay otra realidad, a veces tenés largo períodos sin trabajo.

Elige tu propio futuro

Hablás de proyectos propios, ¿Qué estás pensando?

Me gusta experimentar y creo que hoy la tecnología es un espacio libre donde podés hacer lo que quieras. Justamente, pensando en que me gustan las series, me pregunto por qué me voy a quedar esperando a que alguien me proponga si yo también puedo elegir. Empecé a soñar con hacer cosas en Mendoza y me estoy encaminando para armar una productora sustentable allá, siempre pensando en hacer lo que uno quiere. Poner todo para que el deseo se cumpla, crear buenas historias y subirlas a la red para que todo el mundo las vea. Estoy escribiendo un largometraje con Juan Pablo Zaramella, un genio de la animación que ganó más de 300 premios internacionales, y participando de Ranchera, una miniserie creada por Miguel Grau-Bassas, también mendocino. Voy a dirigir el próximo capítulo.

Volvés a tus orígenes a ofrecer trabajo, al revés de lo que te sucedió a vos que viajaste a Buenos Aires para ser actor

Exactamente. Mi objetivo es tratar de tener un compromiso, correr el ego a un lado y aportar. No es que quiero ser un salvador, pero sí apostar a algo que estoy convencido que puede servir. Y creo que Mendoza es una ciudad increíble para tener calidad de vida y trabajar bien. Hoy ya no se necesitan 10 camiones para filmar, con un par de luces, sonido, cámara HD, y buenas ideas podes hacer cosas buenísimas.

¿Creés que dentro de poco solo se verá televisión por Internet?

Sin dudas, por eso quiero volcar mi energía ahí, donde sos dueño de crear lo que quieras, cuando quieras. Me gusta la idea de hacer algo que tenga la producción suficiente para que se vea el profesionalismo puesto en una serie bien hecha. ‘The office’ o ‘En terapia’, son series geniales fáciles de producir: cuatro paredes, dos cámaras y buenos actores que solo pueden apelar a su capacidad actoral con buenas historias, todo eso cobra un sentido artístico extraordinario. Se puede hacer eso. Estoy en ese camino y hay mucha gente que por suerte está en la misma.

¿Soñás con volver de viejito a Mendoza?

No creo que falte tanto. Estoy construyendo una casa autosustentable allá. Puedo generar energía, recolectar agua, potabilizarla, cultivar mi propia huerta (aunque eso suena muy bohemio, no sé si lo haré) y tener Internet para trabajar.

Reformulo: ¿Querés irte lo más pronto posible a Mendoza?

Soy muy hiperkinético, no puedo estar en un solo lugar, quiero estar en varios lugares al mismo tiempo. Si se da la posibilidad me encantaría vivir la mitad de mi vida allá y la mitad en Buenos Aires o donde sea.

¿En Buenos Aires, encontraste algún lugar que te brinde esa calidad de vida de la que hablás?

A mí me estresa la escasez de naturaleza. Para mí, el verde es la inmensidad. Pensá que yo vivía en medio del campo, entonces la adaptación fue difícil. En Buenos Aires estás todo el tiempo a mil. En Mendoza tampoco es fácil, hay que despojarse de cosas materiales, pero sos más libre.

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ANDY FREIRE

“Aprendí a transformar los fracasos”

Antes de cumplir los 30 años fundó una empresa que revolucionó el mundo de los negocios. Hoy, con poco más de 40 años, y casi sin proponérselo, se  convirtió en el “gurú” de los emprendedores en nuestro país. Él es Andy Freire, el hombre que podría estar disfrutando tranquilo de sus logros, pero que elige salir de la zona de confort y ayudar a otros a transitar su propio camino.

TEXTO: Karina Pontoriero

Padre, esposo y emprendedor apasionado. Así se presenta Andy Freire en su página web. Cuando era muy joven creó junto a su amigo Santiago Bilinkis (otro gran emprendedor) Officenet, una empresa de distribución de material para oficinas, que luego de algunos años de desarrollo, vendieron a Staples. Después de eso corrió mucha agua bajo el puente: micros en CNN en español, columnas radiales, un programa de TV, cuatro libros publicados (Pasión por emprender, 50 claves para emprendedores, 5% -junto a Julián Weich- y ¡Libre!). Además, de otros tantos emprendimientos montados, como Restorando, Avenida y Quásar Ventures. Un hombre inquieto que no espera que las cosas sucedan porque cree que es necesario actuar para generar el cambio. Andy Freire asegura que el fracaso tiene mala prensa y que no importa que no se tenga el carisma de Bill Clinton o la visión de Bill Gates, lo importante es que cada uno haga lo mejor dentro de sus posibilidades.

Pasen y lean esta verdadera cátedra sobre emprendedores.

Emprendedor, ¿Se nace o se hace?

Ese tema es un debate eterno dentro del mundo emprendedor. Hay quienes consideran imposible modificar ciertas características innatas y afirman que eso es lo determinante a la hora de emprender. “Es un emprendedor nato, vende como nadie, maneja gente como nadie”, son frases que oímos a diario sobre muchos emprendedores exitosos. En cambio, otros aseguran que “todo se hace, nada es innato, todo se puede desarrollar”.

Y tu opinión, ¿De qué lado está?

Mi visión es intermedia. Creo que hay una capa de hábitos técnicos fácilmente modificables y adquiribles, que tienen que ver con la formación y el aprendizaje educativo. Cómo lograr una apertura del capital, cómo desarrollar una estrategia comercial y financiera, cómo armar un plan de negocios, entre muchas otras cuestiones, son conocimientos y habilidades que se adquieren con capacitación académica y aprendizaje técnico. En el otro extremo, en lo más profundo del emprendedor, hay una capa neuronal de talentos inmodificables, que sencillamente se tienen o no se tienen. Son esas habilidades que “se llevan en la sangre” y que es inimaginable que alguien pueda adquirir a voluntad, por mucho empeño que ponga.

¿Cómo saber cuál es el mejor momento para embarcarse en un emprendimiento? 

El momento ideal es el punto entre el instante en el que descubriste que hay una oportunidad de negocio viable, y en el que te convertiste en una persona que sabe lo suficiente del tema como para que te vaya bien. ¿Qué quiero decir? Que el momento justo es la interacción entre dos factores: uno externo –la oportunidad- y uno interno –tu preparación para explotarla-.  La oportunidad es aquello que descubriste que no está explotado, que soluciona un problema o necesidad y por lo que hay gente que está dispuesta a pagar. Pero hay que agregar un factor fundamental que incide en la “oportunidad”: el tiempo.

¿Las oportunidades son únicas?

Las oportunidades se dan en una ventana temporal determinada. Puede que otra persona ocupe el lugar, puede que la demanda se agote rápido (por ejemplo, la venta de camisetas con el logo del mundial Brasil 2014) o puede que algún otro factor modifique el escenario.

Entonces, ¿Cuáles son los indicadores que nos dicen “Ahora sí” o, por el contrario “ni se te ocurra”?

El punto justo es en el que esa “ventana” de oportunidad sigue abierta y, a la vez, vos alcanzaste el mínimo nivel de preparación, investigación y contactos como para sentir que tenés certezas de que vas a poder aprovechar la situación. Por el contrario, el “ni se te ocurra” aparece cuando no tenés certezas de que estés aprovechando una verdadera oportunidad (lo que generalmente ocurre con los que se lanzan a emprender por necesidad o sin haber analizado a fondo el mercado) y cuando no tenés la suficiente información como para sentir que conocés a fondo el sector en el que te vas a meter.

¿Cuál es tu sugerencia, entonces?

Siempre sugiero a los emprendedores que se hagan una pregunta a ellos mismos: “¿Por qué voy a tener éxito?” y que hagan un listado con los argumentos para responderse. Si encontrás 10 razones sólidas de manera casi espontánea, es que estás preparado.

¿Cómo animarse a emprender en un país como Argentina, que suele ser inestable  económicamente? 

Es verdad que muchas veces quienes emprendemos en Argentina sentimos que el contexto que nos toca afrontar es hostil. Que existen trabas, que es difícil conseguir financiación, que las reglas de juego son difusas, que los escenarios cambian abruptamente. Pero si nos enfocamos sólo en los aspectos negativos perdemos automáticamente la capacidad de explorar las ventajas naturales que surgen de contextos como el argentino. Aunque cueste creerlo, son este tipo de escenarios los que favorecen la mayor proliferación de oportunidades para nuevos negocios.

A veces, el emprendedor invierte -literalmente-  todo lo que tiene en su proyecto. ¿Qué pasa si fracasa? ¿Cómo remontar y no perder las ganas de volver a intentarlo? 

Primero, nunca es una buena estrategia poner “todo” en una sola canasta. Siempre es bueno diversificar. En segundo lugar, creo que el fracaso está socialmente estigmatizado, pero no es así en todas las sociedades. Por ejemplo, en Estados Unidos existe una filosofía totalmente diferente al respecto, por lo menos en el mundo emprendedor. Allí, un emprendedor que fracasa no lo esconde, al contrario, lo destaca en su curriculum porque considera que esa experiencia le dio un valor agregado, y así también lo hace el resto de la sociedad. Creo que esa dinámica es sana y honesta. Hay que dejar de estigmatizar al concepto asociándolo con un universo de  significados  negativos.

Hay que perderle el miedo al fracaso…

Perderle el miedo al fracaso es despojarse de un gran peso que te permite avanzar y,  a la vez, derribar una gran hipocresía. Suelo decir que conozco dos tipos de personas: los que fracasaron alguna vez y los que todavía no lo admitieron. El fracaso no es una opción, es parte de la vida. Hay que aprender a asumirlo como tal. Para no perder las ganas de seguir intentando, la realidad es que el contexto te tiene que dar algún tipo de señal de facilidad. De lo contrario, es difícil. Salvo que seas un apasionado emprendedor. Corregir los incentivos y cuidar al que quiere genuinamente progresar a pesar de sus resultados sería una señal importante.

Te conocemos básicamente por tus éxitos (OfficeNet, Restorando) ¿Alguna vez fracasaste?

Fracasos tengo todo el tiempo, sólo que intento evitar que me detengan. Al contrario, los veo como un desafío. Por ejemplo, me pasó con el programa de TV “El emprendedor del millón”. A la primera temporada del proyecto no le fue tan bien como esperábamos. No hubiese sido descabellado discontinuar el formato. Sin embargo, estaba seguro de que a la gente le interesaba el tema y que durante la primera temporada habíamos aprendido demasiado como para que la aventura terminara allí. Si hubiese dejado que el resultado me tumbara en ese momento, la historia que hoy cuento sería diferente. Todos los caminos están plagados de éxitos y de fracasos, la diferencia entre alguien que al final del camino logra sus objetivos y alguien que no los logra se da en cómo enfrenta las situaciones críticas.

¿Y cómo le hiciste frente a la crisis que te planteó la primera temporada de El emprendedor?

Cambiamos muchas cosas del contenido, y la segunda temporada fue un éxito que ganó su franja en rating durante toda la emisión. De hecho, estamos ajustando los detalles para armar la tercera temporada, pero si me hubiese ido mal durante esta temporada que pasó, estoy convencido que hubiese seguido intentando. Mi punto es que entre una historia de supuesto éxito y una de supuesto fracaso, en la mayoría de los casos, la diferencia es una persona que supo seguir insistiendo y buscando caminos a pesar de los tropezones (obviamente siempre dentro de los estándares lógicos). En ese sentido, todas mis historias han sido en algún punto de fracaso, sólo que he aprendido a transformarlas. A no renunciar en ese momento en el que parece que los caminos se agotan, porque ese cuello de botella siempre está.

 ¿Cuántas veces hay que intentarlo?

No hay una cantidad de veces preestablecida, sino un momento. Y es cuando te comenzás a preguntar de dónde saco las ganas. Esa sola pregunta ya enciende una alarma grande. Si te cuestionás tu energía antes de empezar un emprendimiento… mejor ni lo arranques.

 ¿Por qué decidiste convertirte en un referente de los emprendedores?

 La idea nunca fue convertirme en el referente de los emprendedores. Eso (suponiendo que sea como vos decís) fue el efecto colateral de lo que es mi verdadero objetivo: estimular el emprendedurismo en Argentina. Estoy convencido de que los emprendedores podemos ser el motor de un cambio en el país. Que tenemos la capacidad de contribuir a desarrollar una economía con mayor diversificación e innovación y que por lo tanto sea más estable. Pero para eso hay que trabajar en varios sentidos: mejorar la educación, las políticas tributarias, la infraestructura, la relación entre sector privado, público e instituciones académicas y lograr una mayor valoración social del emprendedor.  Para ese último punto es importante que los medios de comunicación le den espacio al tema. Cuando un asunto se instala en la agenda mediática, cuando hay personas que hablan del tema, entonces se vuelve importante para la sociedad. Y a los temas que son importantes se les presta atención. Lo que intento hacer es que el emprendedurismo tenga su lugar en la agenda de los argentinos.

¿Cuáles son las principales inquietudes que te llegan de quienes quieren emprender? 

Dónde conseguir financiamiento, si conviene emprender en un contexto como el argentino y cuestiones vinculadas a las relaciones societarias.

¿El argentino es creativo a la hora de emprender? 

El argentino es muy creativo a la hora de resolver problemas. Creo que esto se da por la dinámica de la inestabilidad y cambio de reglas a la que nos acostumbramos. Desarrollamos una gran habilidad para pensar los problemas desde diversas perspectivas sin que eso nos genere un gran estrés.

 ¿Qué se puede hacer cuando pareciera que ya está todo inventado? ¿Cómo descubrir el nicho a explotar? 

Me parece que el problema pasa por creer que tenemos que “inventar algo”. Un emprendedor no necesariamente debe hacerlo. Lo que sí tiene que hacer es observar. Cuando fundamos Officenet, por ejemplo, no inventamos nada nuevo. Vimos que había una necesidad no satisfecha que en otros lugares del mundo ya le habían encontrado una solución. Por eso viajamos a Estados Unidos, investigamos cómo funcionaba el modelo de negocio y lo implementamos acá. Lo mismo hizo Mercado Libre o Despegar.

¿Cómo se desarrolla el potencial emprendedor?  

Capacitándote, nutriéndote de experiencias de otros, preguntando, participando de las actividades de la “comunidad emprendedora” y, sobre todo, emprendiendo.

Andy habla de su último libro

¿Qué es “Libre”?

Libre es mi último libro en el que traté de volcar mi concepción de la libertad y de cómo algunas herramientas del emprendedurismo te pueden ayudar a ser cada vez más libre. Parto de la base de que la libertad es, según mi criterio, un estado espiritual y mental, producto de una decisión consciente de conectarse con lo más sincero de uno mismo. En este sentido, emprender es una forma de alcanzarla, no por del hecho circunstancial de la independencia laboral, sino porque hacerlo permite desarrollar una serie de aptitudes estrechamente vinculadas con las necesarias para transitar el camino de la libertad.

¿Cuáles serían esas aptitudes?

La primera de ellas es, justamente, la de asumir la responsabilidad de dominar el rumbo de tus acciones. Emprender implica aprender a definir propósitos y perseguir aquello que crees necesario para el desarrollo de un proyecto. O sea, conocerlo profundamente y actuar. La libertad implica algo parecido: conectarse con quién sos. Pero también lo que ello conlleva: confrontarse con una realidad que puede ser distinta a la que te gustaría. Cuando despertamos a una nueva conciencia, cuando entendemos lo que deseamos, cuando descubrimos un propósito y, sobre todo, cuando él está alejado de nuestros anhelos, es cuando se vuelve importante modificar actitudes, corregir el rumbo y animarse a recorrer caminos diferentes. Pensar como un emprendedor facilita ese proceso.

¿Cuándo es libre un emprendedor?

La libertad se ejerce sólo cuando se la entiende como un proyecto. Cuando se la concibe como el conjunto de decisiones que me llevan a un determinado lugar que, por lo general, está vinculado con lo que me define de modo más auténtico. Pero para hacer que las cosas ocurran, y para atravesar un proceso consciente, hay que activar la voluntad. Hay que despertar, apagar el piloto automático que todos por momentos tenemos encendido, y decidirnos a ser plenamente. Tomar el control del propio rumbo, encauzarlo hacia lo que sentimos va a hacernos felices.

Andy Freire recomienda:

Libros para los que se están iniciando en el mundo emprendedor

– Business Model Generation de Alexander Osterwalder

– The Lean Startup: How Today’sEntrepreneurs Use Continuous Innovation to Create Radically Successful Businesses de Eric Ries.

Andy dixit

– “La sonrisa vende más. Está comprobado que la efectividad para la venta de alguien que sonríe es al menos un 45% más que alguien que no.”

– “Un emprendedor que desprecia la memoria lo hace también con la posibilidad de toparse con nuevas soluciones a viejos problemas.”

–  “El 90% de las ideas que se ponen en marcha surge de la actividad que el emprendedor estaba desarrollando anteriormente. Sólo el 10% restante surge como un flash de inspiración.”

–  “El largo de una negociación suele ser inversamente proporcional a su tiempo de preparación. Cuánto más preparado estoy, más corta será.”