NORTE ARGENTINO

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Vacaciones en el Norte Argentino

En vacaciones uno quiere relajarse, descansar, desconectarse o tal vez vivir aventuras. Son muchas las opciones, y el Norte argentino abre un abanico de oportunidades que tientan con colores, sabores, paisajes espectaculares y gente cálida que hace sentir a los viajeros como en casa. Será cuestión de elegir una, ¡o todas!

Salta: Vacaciones con sabor torrontés

Recorrer los senderos de Salta siempre trae mucho más que el placer de caminar. Al sudoeste de la provincia, los paseos vienen acompañados de sabores y fachadas pintorescas, de pausas en mercados artesanales llenos de colores y de brindis con vinos de altura exquisitos.

Visitas a bodegas artesanales, industriales, boutique o familiares, degustaciones, caminatas por los viñedos: todo está al alcance en localidades como Cafayate, San Carlos, Angastaco y Molinos. Entre brindis con torrontés (la cepa estrella), una picada de quesos de cabra con pimientos del norte o una cazuela de cabrito sorprenden en un almuerzo entre vides y, de postre, un clásico cayote o helado (¡de torrontés!), para seguir a tono con la experiencia. Sentarse tranquilos y sin apuro, disfrutar del sol en la cara, el verde del paisaje… Los pueblos muestran vistas de casas de la época colonial, esquinas en ochava y tejas de adobe que dejan un gusto a otra época. Y es tiempo de vacaciones, así que no está de más darse un regalo y alojarse en una bodega o recibir un tratamiento de vinoterapia rodeados de viñas y cerros con sus picos nevados. Cada detalle se disfruta, no hay horarios para brindar y siempre quedan ganas de más charlas, más vino y más cielos estrellados junto a la calidez de la gente de los valles Calchaquíes.

Santiago del Estero: madre de ciudades

A pura chacarera, Santiago vive con ritmo todo el año. Basta con dejar la valija y arrancar una caminata para envolverse con la alegría de esta ciudad (¡la más antigua del país!), y hay que andar bien atentos para admirar la arquitectura, la plaza principal, los edificios más antiguos de la zona, el Puente Carretero… Hay tanto para recorrer como para divertirse, ya sea sumándose a una fiesta en los patios santiagueños o disfrutando unos ricos tamales y empanadas. ¡Es imposible quedarse sin bailar! Después, sólo queda elegir qué hacer: si tomar Santiago como punto de partida para ir a renovarse a las Termas de Río Hondo, seguir con el paseo por las calles de la ciudad o visitar el taller de un lutier reconocido y enamorarse del sonido de una sachaguitarra.

La Rioja: naturaleza pura en la Quebrada de los Cónodres

Los viajeros observan atentamente el cielo durante unos minutos. El paisaje está lleno de belleza. De repente, un cóndor andino aparece recortando el aire puro con sus alas extendidas y la sonrisa de los visitantes es automática ante ese espectáculo de la naturaleza. La escena ocurre en suelo riojano, más específicamente en la Quebrada de los Cóndores, donde disfrutar del vuelo de una de las aves majestuosas de la región es posible en medio de las sierras, entre tareas rurales e historias de la provincia.

A pie o a caballo, familias, mochileros y grupos de viajeros recorren la quebrada y aprovechan todo lo que ofrece. A los avistajes se suman las visitas a los lugareños que reciben a los invitados con cocina y productos regionales, y que también brindan alojamiento para quienes lo deseen. Mientras se saborean algunas comidas típicas de elaboración propia, las charlas con los pobladores de la zona conectan con otro ritmo de vida, y el sol riojano hace brillar más cada detalle.

Jujuy: días con sabor a campo

Los días empiezan temprano, y eso quiere decir que se aprovecha al máximo el tiempo para relajarse y hacer algo distinto. Pueblitos jujeños como Ocumazo, Hornaditas, Valle Colorado, Punta Corral, Tumbaya Grande reciben con colores, sabores y experiencias llenas de tranquilidad para disfrutar unas vacaciones en armonía y convivencia con la naturaleza.

Después de un buen desayuno de api (bebida a base de maíz) con tortillas, las actividades se extienden toda la mañana para aprender a ordeñar las cabras y obtener leche para el queso, cuidar los cultivos o sumergirse en las técnicas ancestrales de tejido con lanas.

Mates de por medio y de cara a los colores del paisaje, hay anécdotas y charlas, consejos e historias, cabalgatas, tareas rurales para desconectarse y reencontrarse en almuerzos ricos y bien caseros. Estando ahí, hay que probar, probar y probar: los sabores desconocidos aparecen en un guiso de mote, una calapurca andina, una sopa majada o platos en base a quinua.

Pisar la tierra descalzos, tomar el agua de vertiente o saborear un pan recién horneado: todo hace revalorizar las cosas importantes y llena el espíritu. Alojarse en una casa rural, aprender de las familias y disfrutar de las costumbres es tan rico como degustar la gastronomía típica de las fiestas populares.

A la vuelta del viaje, no hay que extrañarse si uno se encuentra renovado: entre tanta conexión con una vida natural, ¡habita el secreto de unas vacaciones maravillosas.

Catamarca: aventura en Fiambalá

Por la ruta de los Seismiles, en Fiambalá (a 322 kilómetros de la capital provincial) los escenarios vírgenes florecen ante los ojos de los viajeros. Casi en la frontera con Chile, el paisaje ofrece la suma de más de veinte picos que superan los 6000 metros sobre el nivel del mar y traen consigo muchos detalles: grandes contrastes de colores, formaciones geológicas que fascinan y recorridos que invitan a asombrarse a cada paso.

En el trayecto, el verde fuerte del río pasa a un rojo intenso en la quebrada de las Angosturas y el cielo se ve azul oscuro. Las montañas, que primero se ven a lo lejos, de golpe parecen al lado del camino con una fuerza que deslumbra, y las posibilidades para emprender la aventura en el camino son muchas: desde sandboard, hasta travesías en 4×4 y en cuatriciclos por los médanos.

Después de días de adrenalina, dedicarle un tiempo a sumergirse en las aguas termales de Fiambalá es el broche de oro de unas vacaciones con ritmo diferente.

Tucumán: a caballo por Tafí del Valle

A 107 kilómetros de San Miguel de Tucumán, llegar a Tafí es entrar en otro mundo, uno en el que los ruidos y el bullicio de las ciudades no tienen lugar, y en el que el camino sorprende con cosas como una llama paseando tranquila, una oveja que pasta alejada del rebaño o un caballo manso disfrutando bajo el sol.

Las cabalgatas son una forma genial de transitar los senderos del valle. Sea con un circuito corto o en una travesía de varios días, el placer de ver los paisajes desde otra perspectiva se combina con momentos de pausa y relax: parar a tomar mate, probar algunos de los exclusivos quesos de la zona con pan de campo y, para el almuerzo, un asado que aporta el sabor de la experiencia gaucha.

Cansados después de un día agitado, las noches tucumanas deparan otro tipo de experiencias bajo el cielo estrellado, llenas de sabores, charlas y risas. Luego de la cena, los hostels, cabañas, posadas y estancias de siglos pasados (en las que además se elaboran quesos artesanales, ¡una delicia!) son las opciones para encontrar sueños tranquilos y descansos renovadores.

Los colores de los valles, los sonidos del río, el viento y los cascos de los caballos musicalizan las jornadas, que se amenizan aún más entre desayunos y meriendas con pan y dulces caseros.

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