ESTANISLAO BACHRACH

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“Si creés que no vas a poder hacer algo, el cerebro festeja»

No se siente un gurú y le molesta que lo tilden de esa forma. Con dos años de experiencia como biólogo molecular, un día decidió cambiar. hoy, desde Cocolab (el laboratorio del coco) comparte sus conocimientos y brinda charlas para que las personas aprendan a desarrollar el potencial de su cerebro y sean más creativas.

TEXTO: Karina Pontoriero     FOTOS: Mechi Aliaga Pueyrredón

Llega con puntualidad inglesa y saluda con una sonrisa. “¿Pediste?”, pregunta. Enseguida sugiere que visite un lugar porque “es tu estilo”. Cuando llega su Té Chai dice: “Probálo, ya somos amigos”. No hacía más de 10 minutos que había visto a Estanislao Bachrach por primera vez en mi vida. ¿Un genio o un charlatán? ¿Un tipo peligroso? (como alguna vez lo definió el conductor Alejandro Fantino). Lejos de parecer una u otra cosa, Bachrach se pone cómodo, entra en confianza y responde con entusiasmo.

¿En qué te fijás para aseverar que a alguien le va a gustar un lugar? ¿Es parte de un juego?

No sé, son pistas de muchos años de estar pendiente de los gestos de uno, de cómo se viste, de la forma de saludar, de la forma de hablar y el vocabulario. Lo hago para jugar. Puede causar rechazo o soberbia, es una forma de generar empatía.

¿Pero tiene algún sustento científico?

No lo hago científicamente. Estoy en contacto con mucha gente muy distinta: Trabajamos en la villa 1-11-14 y en un colegio privado de Olivos; trabajamos en Catalunya con maestros y en Washington, con economistas. Una empresa de 5.000 empleados y una PyME de 4. Estar en contacto con tanta diversidad de gente te ayuda a entender claramente al otro. Obvio que muchas veces pifio y no pasa nada.

Empecemos por el principio: Estanislao Bachrach era un Biólogo Molecular de prestigio. Se recibió en la UBA, estudió en Francia, fue docente e investigador de la Universidad de Harvard (le dio clases al mismísimo Mark Zuckerberg, fundador de Facebook) y obtuvo diversas distinciones, entre otros logros. Un día le ofrecieron un cargo oficial, de esos a los que todo científico aspira. Pero, a pesar de la tranquilidad laboral y económica que le aportaría  ese nombramiento, no era lo que quería para su vida. Y comenzó a sentirse mal físicamente. Esta breve historia la cuenta en su segundo libro: En cambio, que está entre las listas de los más vendidos desde sus primeros días en la calle. “Cuando empecé a enfermarme me di cuenta de que necesitaba ayuda y comencé terapia. Yo venía de una educación de mucha soberbia, de mucha omnipotencia, de creerme que yo puedo todo, y cuando llegué a un techo profesional entendí que eso no me gustaba y estuve mal”, reconoce.

¿Te aburría el laboratorio?

No era feliz. No era para mí, era más una postura. Probé que podía hacerlo, que era medianamente bueno, pero no era feliz. Y quería ser feliz. Entonces, comprendí que debía cambiar y eso desató una crisis: diecisiete años haciendo algo y me doy cuenta de que quiero cambiar. Eso genera mucho movimiento interno, dolor, rupturas. Todos diciéndome que estaba loco. Y ahí pedí ayuda. En ese momento de gran crisis yo no logré cambiar, la terapia me ayudó a bajar el estrés, tranquilizarme y empezar a pensar qué quería, por qué, cuáles eran las alternativas, con quién quería estar. Y ahí arrancó el camino del cambio.

Otra historia comienza

¿Cómo descubriste este nuevo campo de trabajo?

Cuando volví a Argentina hice un MBA en Negocios y durante la cursada empecé a conectar los puntos. Eran 59 empresarios y yo. Sentado, escuchando sobre Recursos Humanos, Finanzas y Marketing me di cuenta de que lo que yo había aprendido en Biología podría complementar eso. Empecé a hacer conexiones y mis compañeros me dieron oportunidades; me invitaron a mostrar mi mirada en sus empresas. Ahí empecé a construir este campo y, desde entonces, nunca paré.

¿Para qué te buscan?

Las empresas, para ganar más plata; les importa tener más clientes, vender más. Nosotros trabajamos sobre las personas, sobre el desarrollo de la gente, que quizás derive en ganar más plata. No garantizamos resultados, no hay forma. Lo que garantizamos es que a la gente le va a pasar algo, se va a dar cuenta que puede pensar distinto, ser más creativo, cambiar, ser más feliz en el trabajo y eso genera movimiento. Si está bien aprovechado, a largo plazo va a generar más dinero porque se trabaja mejor, se hacen más cosas, el cliente está más contento… Nos preocupan mucho las personas, sobre todo aquellas que se creen aburridas, poco creativas, que creen que no pueden porque son viejas o no saben.

¿Qué puntos en común hay entre la biología molecular y la neurociencia?

Es muy importante aclarar que yo no soy neurocientífico. No soy neurólogo ni terapeuta ni psicólogo. Tomo del conocimiento que se genera en el campo de la neurociencia y busco con mi equipo qué de ahí podemos implementar en empresas para que, por ejemplo, vendan más o qué podemos aplicar en una escuela para que enseñen distinto.

¿Pero el campo en el que trabajás es la neurociencia?

Ya ni siquiera me doy cuenta si es biología o es neurociencia porque es un poco lo mismo. Leo artículos científicos sobre el cerebro y los interpreto. Pienso cómo esos conocimientos generados en el laboratorio pueden ser utilizados en empresas u organizaciones. No trabajo con enfermedades, trabajo en cómo potenciar el cerebro sano para hacerlo más productivo, más eficiente, más creativo, para manejar las emociones y animarse a cambiar. Lo mágico o lo apasionante de nuestra mirada es cómo llevar algo complejo o técnico como un paper científico a algo sencillo y cotidiano para que lo pueda aplicar cualquiera: un taxista, un ama de casa.

¿Todo lo que está escrito sirve?

El desafío intelectual es descubrir qué de eso que está escrito es utilizable y después cómo lo usamos o lo probamos y la pregunta más importante de todas: por qué lo queremos hacer. Entonces, tenés el qué, el cómo y el porqué. La gente se mueve por el “porqué”, un sentido, un propósito. En una escuela, el sentido es mejorar la calidad de la enseñanza; en una organización, el sentido es que la gente esté menos estresada en el trabajo o que se anime a pensar de otra manera. Nosotros tenemos nuevas herramientas y las probamos, no sabemos si van a funcionar aunque tenemos 5 años de experiencia.

El doloroso proceso del cambio

Hablando de cambiar, ¿creer es poder? ¿Cualquiera puede?

En teoría, sí, cualquiera puede cambiar. Creer es la primera barrera a vencer para poder. Si no creés, no vas a poder. Es como dice la canción de Diego Torres: “Creer que se puede”. Parece autoayuda, pero es ciencia. El cerebro no distingue realidad y ficción. Si vos te decís a vos mismo: “No voy a poder”, el cerebro festeja, se pone contento porque no tiene que hacer ningún esfuerzo.

¿El cerebro es vago?

Es una forma cariñosa de decirlo. Es un gran ahorrador de energía, un órgano que no toma riesgos. Se preocupa por tu supervivencia, no por tu felicidad. Se ocupa de repetir, automatizar. Lo que nosotros mostramos es que esa vagueza uno puede modificarla; tiene que ver con lo que uno quiere de su vida, cuáles son sus objetivos, cómo se quiere sentir. Nosotros queremos que todos los días puedas ser algo diferente, pero hay que trabajarlo. Hay que entrenar, tener disciplina y, sobre todo, aceptar que te vas a equivocar, lo vas a pasar mal, te va a doler, se van a reír de vos. Eso a la gente no le gusta y nosotros les decimos “¿Y?”

¿Preocupa la mirada del otro, el ridículo?

Hay un gran dramatismo del dolor, del error, del fracaso. No pasa nada si fracasás, estás aprendiendo, estás haciendo algo nuevo. Trabajamos mucho sobre las emociones, sacarle el drama a las cosas que te pasan, regularizar las emociones.

¿Por qué a una persona inteligente, disciplinada, que mantiene supuestamente todo bajo control, le resulta imposible, por ejemplo, dejar de fumar o sostener una dieta para bajar de peso? ¿Qué debe hacer?

Lo primero que debe hacer es dejar de culparse y criticarse. Después, es necesario que sepa que cuando está con muchas cosas simultáneas, cansado, estresado, es muy difícil cambiar. Dedicarle atención y disciplina a eso que se quiere cambiar cuando hay millones de cosas que preocupan dando vueltas es una combinación complicada. El estrés es enemigo del cambio. Es necesario llegar a un momento de cierta paz o tranquilidad para ocuparse. El cerebro cuando está estresado busca los hábitos que más placer le dan. Comer y fumar, son hábitos. El cerebro busca refugio ahí y modificarlo es un gran trabajo. Es necesario tener sentido común y darse cuenta que solo no se puede. Y que pedir ayuda no te hace débil.

¿El cerebro se expresa a través del cuerpo cuando necesitas cambiar?

A veces es un virus, pero lo cierto es que el cerebro da señales cuando lo está pasando mal; descubrir esas señales es tener la mitad de la batalla ganada. Uno tiene que reconocer su cuerpo, eso es autoconocimiento, inteligencia emocional, lo que para muchos es una pérdida de tiempo porque les parece una pavada o porque no quieren autodescubrirse.

¿No quieren autodescubrirse porque es doloroso?

Sí, es un camino doloroso. En ese trabajo interno uno se enoja con uno mismo, se irrita, se arrepiente de cosas del pasado. Hay que estar preparado para ese viaje. Una vez que lo transitaste y lo superaste es todo positivo, porque la próxima vez que te sientas mal ya no será tan grave. No es que nunca más vas a sufrir, es que lo vas a llevar de otra manera.

¿El cambio es duradero?

Es como ir al gimnasio. Tenés que mantenerlo y seguir trabajando. Si no seguís, todo vuelve a estar como antes. Puede ser una experiencia positiva, pasajera o un cambio de vida. Por eso no tiene que ser una obligación, tiene que ver con lo que vos querés hacer.

¿Sos feliz ahora?

Muy. A veces superado por esa felicidad y la euforia tampoco es buena. Me gusta tanto que a veces me paso. Hay que saber decir que no para lo malo y para lo bueno.

¿Hay una fórmula para la felicidad?

No la hay. O no la tengo. Por suerte, sino sería aburrido.

¿Es autoayuda lo que haces?

No tengo idea. Si leíste el libro y te ayudó, buenísimo. Si eso es autoayuda, no lo sé. En todo caso, lo que escribí te ayudó. No me obsesiona el tema, aunque yo sea científico.

Consejos para ser más creativo

¿Romper estructuras te vuelve más creativo?

La incomodidad ayuda a que te animes a pensar distinto. Otras veces, la incomodidad hace que te refugies en lo que ya conocés.

¿Cómo se puede ser más creativo?

La pregunta es: ¿Querés ser más creativo? Si sentís que te estás aburriendo, que no lográs tus objetivos, que te repetís… Ser más creativo tiene que ver con el deseo. Hay que correr riesgos, algo que al cerebro le cuesta mucho. Ser más creativo te sitúa en un lugar de incertidumbre. Es fundamental encontrar el disfrute en el trabajo. Y aprender a respirar para pensar mejor.

¿El juego ayuda?

Hay un 50% de juego y un 50% de disciplina. Así funciona la creatividad. Muchos, cuando se dan cuenta de la dimensión del trabajo que implica, se rinden antes de terminar. Lo positivo es que los que siguen adelante, se esfuerzan porque quieren. Para ser creativos hay que trabajar…más.

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