ERNESTO GORANSKY

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Aprendí que los edificios tienen que pensarse a 300 años

Después de 8 años alejado de la construcción, Ernesto Goransky volvió al ruedo con un moderno edificio de cuatro pisos en la ciudad de Buenos Aires. En una charla cálida habló de los desafíos de la arquitectura, claro, pero también de temas tan delicados como la ética, la familia, el legado. La Vida misma.

TEXTO: Karina Pontoriero     FOTOS: Eleazar Cremona

 

“Si esto no es mejor es porque yo no soy mejor”. Esa es la frase con la que Ernesto Goransky recibe a DELUXE Magazine. Y de entrada esta cronista entiende que está frente a un personaje fuera de lo común.

Esto” es el edificio que está construyendo en Correa y Tres de Febrero, frente a las vías del Ferrocarril Mitre, en una zona muy arbolada del barrio de Núñez.

Goransky es arquitecto, nacido en San Juan, graduado en la Universidad de Buenos Aires y ciudadano del mundo. En los años ’80 su nombre sonó fuerte en el ambiente porque renovó los famosos sillones BKF con tapizados diseñados por reconocidos artistas como Josefina Robirosa y Clorindo Testa. Hace unos pocos años volvió a sorprender al crear el Design cE, un hotel que piensa en las necesidades de cada huésped. Ubicado en Marcelo T. de Alvear y Rodríguez Peña, a una cuadra del Palacio Pizzurno, esta construcción se basa en lo que Goransky llama “total design”, un concepto que ve el diseño como algo social, de todos. Lo dicho: un personaje fuera de lo común.

Decís que das lo mejor en cada proyecto, ¿qué mejoraste desde tu primer edificio ubicado aquí enfrente a éste?

Éste edificio tiene energía solar y jardín verde, por ejemplo. Pero, fundamentalmente, todos mis edificios tienen doble vidrio, no importa donde estén ubicados, todos tienen la mejor carpintería, tienen el mejor hormigón que existe, la caja está hecha de tal manera que si alguien quiere descarnarla y que se vea el hormigón, está preparada para eso. Está planificado internamente como si fuera un galpón, como plantas libres sin vigas y sin columnas, eso te da una libertad para que el día de mañana puedas transformar. Hoy puede ser vivienda, mañana oficina. Yo aprendí que todos los edificios tienen que pensarse para 300 años.

Por eso hablas del “construir para vivir”

Uso todos materiales nobles, pensando en que quien vaya a vivir no gaste o gaste lo mínimo en mantenerlo. No hay costos fijos, no hay consorcio que después tenga que reunirse para arreglar los problemas que dejen el arquitecto o el constructor. Todo lo que estoy poniendo es lo mejor que yo sé que pondría.

¿Por qué la decisión de que no haya amenities?

Los amenities son argumentos del marketing. Yo creo en la comunicación con el otro. El vendedor es un creador de ilusiones y lo que produce, en el mejor de los casos, es desilusión; en el peor de los casos, defraudación y en el peor de todos, una estafa. Esa es la diferencia de producir algo pensando en el otro que pensar en comprar y vender.

Goransky habla. Y sigue dejando evidencias de que no es un tipo común. Si alguien dice: “Pienso que solamente justifica que yo me involucre de la forma en que lo hago, con todos mis conocimientos y mi cuerpo, si lo que voy a hacer es lo mejor que puedo hacer”, no es común.

¿Te cuesta disociar tu profesión de tu ser persona?

Totalmente. Y menos cuando tenés hijos, porque vos dejás algo que yo llamo legado y el legado tiene que ver con las conductas de los padres y madres. Ellos se reflejan en vos.

¿Cuál te gustaría que fuera tu legado? ¿Qué querés dejar como persona?

El legado es que la generación nueva pueda más que lo que pude yo, es lo que uno hace todos los días. Más importante que el recuerdo del otro es que uno haya vivido bien, haya aprovechado el momento existencial para disfrutar al máximo de las personas que uno ama.

Creo que no es tan importante ser trascendente. Creo que es más importante el día a día, el abrazo de un hijo, el jugar al tenis con uno, el ir a esquiar con otro. El premio a la existencia no es después de que uno se va, sino que es durante. Sí creo que el verdadero legado personal es sentir que lo que uno hace representa todos los valores que tiene. Siento que me he acercado muchísimo a la persona que quiero ser.

¿Y cómo arquitecto?

En arquitectura hice una mesa que se llama Margarita, está pensada para 8 personas porque yo creo que para más personas tienen que ser dos mesas. Tiene un “lazy use” en el centro para que cada uno pueda servirse; es la idea de la singularidad pero en colectivo.

¿Margarita es alguien en tu vida?

No, la nombré así por la flor. Porque sacarle los pétalos a la margarita me remitió al concepto de la mesa. Siempre lo que creo o produzco se parece a mí, hasta en los defectos.

Cuando uno lee o escucha a Goransky nota que hay ciertos términos que se repiten. Armonía es uno de ellos. Desde lo arquitectónico, el concepto remite a respetar el proceso de la construcción, desde los contratos de los trabajadores hasta los códigos de urbanización. Desde lo personal, asegura que “la armonía se logra pareciéndote lo máximo que puedas a la persona que pretendés ser”.

¿Cómo fuiste construyendo esta filosofía de vida?

Fui viajero desde muy chiquito. Cuando volvía del colegio, en San Juan, iba a la bodega de mi abuelo y construía mis sueños. Aprendí a no tenerle miedo a la realidad, a superar obstáculos. A los 17 años vine a vivir solo a Buenos Aires, viajé a Israel, pasé 6 meses por Europa con mis compañeros de la secundaria, estuve en Marruecos que me dio vuelta la cabeza en todo sentido, me produjo un enriquecimiento lícito en cuanto a las comidas, los olores, los colores, y en cuanto al uso del espacio público como casa de todos. Lo que me fascina es la idea de que el único espacio que habita el hombre es el propio cuerpo. El yoga ayuda, la natación ayuda, tener una mujer psicoanalista también ayuda. Y tener hijos. Nunca tuve la idea de que mis hijos tenían que ser una prolongación de mí, siempre creí y respeté la singularidad.

Estuviste 8 años sin construir, ¿qué te había pasado?

La repetición trae siempre lo mismo. Este país te obliga a reciclarte, porque si no lo hacés te morís o te fundís o te separas. El gran desafío del hombre es ser contemporáneo, es decir, entender qué está pasando para poder estar a la altura de las circunstancias. Soy un hombre de dos siglos; si no logro entender, me pierdo muchas cosas.

¿Qué hiciste durante esos 8 años?

Pensé. Mucho. Dibujé. Reflexioné. Escribí. A veces el silencio del hacer es la riqueza del producir con el pensamiento. Me parece que quizá fue mucho, pero no me arrepiento, fue el tiempo que necesité. Estuve en Uruguay, donde desarrollé un condo hotel, diseñé una casa que se puede construir de igual forma en varios lugares, pero después me di cuenta de que los tiempos de Uruguay son lentos. Y un día pasé por esta esquina y dije: ¿Por qué no acá? La energía y el dinero la invertí acá, en lugar de en Uruguay. Volví a poder hacer. El pensamiento no es suficiente, especialmente para el que está acostumbrado a emprender. Estos próximos 8 años tengo mucho trabajo por hacer. Mis deseos, cuando aparecen, conducen.

Ciudad Armonía: un concepto posible

“Creo que la forma de enseñar y educar va a cambiar. Creo que los edificios van a estar más vinculados: en los pisos de arriba se piensa, en los intermedios se produce y en el de abajo se vende. Debemos vivir cerca del lugar de trabajo, para que el costo del traslado sea menor para toda la sociedad. Además, así se puede estar más en contacto con la familia y se puede economizar comiendo en el hogar. Es necesario mejorar la planificación; no se pueden seguir construyendo casas en cualquier lado, no se puede seguir construyendo en un Buenos Aires superpoblado con todo el territorio que hay en la Argentina. Fundamentalmente baso toda la estructura en que las personas tengan trabajo, no puede haber sustentabilidad sin trabajo.”

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