DUBAI

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Fascinante y excéntrica Dubai, una ciudad donde el lujo es cotidiano

Un oasis en el desierto. Así es Dubai, uno de los siete Emiratos Árabes Unidos y, tal vez el más conocido por su auge estrepitoso en los últimos años dentro de la comunidad mundial.

TEXTO:Mariana Soulages

Situada en pleno desierto de Arabia y a orillas del Golfo Pérsico, Dubai es una ciudad que deslumbra a cualquier visitante porque, más allá de sus edificios deslumbrantes y su fastuosidad, todo funciona a la perfección.

Bajé en el aeropuerto la mañana del 31 de diciembre y desde allí un tren de alta velocidad me llevó directamente a metros de la casa de una amiga que el año pasado se fue a vivir a esa pujante y cosmopolita ciudad asiática. Ana y su marido, como gran parte de la población de Dubai, son extranjeros que fueron en busca de una oportunidad a ese punto del planeta donde el desarrollo y el crecimiento económico no parecen ser un problema. Así lo atestiguan los cientos de edificios construidos en estos últimos años con sofisticados diseños, y la gran cantidad en vías de construcción que se ven en cada cuadra.

Por suerte, el calor en diciembre es un poco más benévolo, ya que cuando alcanza su punto cumbre la sensación es como la de “meter la cabeza dentro de un horno”, según dicen los locales.

Ana vive a metros de la playa en el coqueto barrio Dubai Marina emplazado en el corazón del «nuevo Dubai” y ubicado en torno a un canal artificial de 3,5 kilómetros de longitud que ofrece acceso al mar desde sus dos extremos y está circundado por un agradable paseo (Dubai Marina Walk) repleto de restaurantes con cocina de distintos países.  Por donde se mire, está lleno de rascacielos residenciales, centros comerciales y lujosos hoteles. Algo así como el Puerto Madero árabe.

Nuestra primera visita fue a la mezquita Sheikh Zayed en Abu Dhabi -otro de los Emiratos, famoso por ser el escenario de la película Sex & the City 2- con 20 mil metros cuadrados de superficie, totalmente realizada en mármol blanco níveo en el que se incrustan piedras como: lapislázulis, amatistas, ónix rojo, aventurina y nácar. Las lámparas son arañas de cobre y oro con cristales Swarovski y la alfombra de 5.627 metros cuadrados (la más grande del mundo) fue hecha a mano por mujeres iraníes.  Cada detalle de esta joya de la arquitectura es, a su vez, otra joya en sí misma. Para entrar al predio tuvimos que ponernos una abaya, una túnica negra que por razones religiosas se usa sobre la vestimenta y cubre la cabeza. Todo el personal de seguridad estuvo atento a que no se corra ni un centímetro la capucha y a que no pisemos algún lugar sagrado. Tampoco pudimos abrazarnos para sacarnos una foto, ni filmar el sonido del rezo que se escuchaba desde afuera. Pero a pesar de los retos, el paseo valió la pena.

Esa noche, ya de vuelta en Dubai, recibimos el nuevo año desde la playa y observamos los fuegos artificiales que se lanzaron desde distintos puntos emblemáticos: la famosa isla artificial conocida como la Palmera Jumeirah; el rascacielos Burj Khalifa, que es el edificio más alto del mundo con 828 metros de altura; y el Burj Al Arab, el hotel más lujoso del mundo y sorprendente con su arquitectura en forma de vela.

Al otro día, partimos a ver el atardecer en el desierto. Nos subieron a una camioneta 4×4 sobre la que recorrimos a toda velocidad -o por lo menos eso era lo que yo sentía- las pronunciadas y cambiantes dunas. Luego de esa pequeña travesía, una tienda de beduinos nos esperaba con té, comida típica y shows de danzas tradicionales. El safari en el desierto es una de las excursiones más famosas por estos lares.

El tercer día lo dedicamos a una de las actividades más importantes de Dubai: el shopping. Fuimos a dos de los más importantes: el Mall of the Emirates, es el segundo centro comercial más grande de Dubai y uno de los mayores del mundo. Allí dentro hay una pista de esquí artificial.

El segundo es el Dubai Mall, que con 111 hectáreas se ganó el título de ser el más grande del mundo. Alberga tiendas como Dior, Chanel, Louis Vuitton o Dolce & Gabbana, hasta cadenas internacionales como H&M. Por sus galerías se pueden ver a los jeques con sus varias mujeres haciendo compras -se les permite tener tantas como puedan mantener-. También podés encontrar un gran acuario, que contiene hasta tiburones y una pista olímpica de patinaje sobre hielo. Desde una de sus entradas, se accede a una vista privilegiada del Burj Al Kalifa, frente al cual se desarrolla cada media hora un espectáculo de aguas danzantes digno de parar las compras e ir a ver.

Para finalizar el tour, fuimos al Zoco antiguo de Deira, que es como retroceder en el tiempo. Allí se encuentran el Zoco de las Especias -la combinación perfecta de colores, sabores y olores tradicionales- y el Zoco del Oro, más de 300 tiendas que venden lo que uno se imagine en ese metal precioso que los árabes ostentan por la calle sin tapujos. Allá no es un problema la inseguridad.

Finalmente, cruzamos en barco el Dubai Creek -una ría natural que separa los barrios históricos Dubai en Deira y Bur Dubai- para llegar al Zoco de Bur Dubai que, aunque en sus inicios fue un mercado dedicado exclusivamente a las telas, actualmente allí es posible encontrar todo tipo de artículos y recuerdos de la ciudad.

Habiendo visto todo lo más importante, tres días intensos marcaron mi paso por esta excéntrica y atrapante ciudad. Donde todo funciona, todo es grande, sorprendente y la apuesta se redobla a cada paso. Mi próximo destino: Indonesia.

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