ANDY FREIRE

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“Aprendí a transformar los fracasos”

Antes de cumplir los 30 años fundó una empresa que revolucionó el mundo de los negocios. Hoy, con poco más de 40 años, y casi sin proponérselo, se  convirtió en el “gurú” de los emprendedores en nuestro país. Él es Andy Freire, el hombre que podría estar disfrutando tranquilo de sus logros, pero que elige salir de la zona de confort y ayudar a otros a transitar su propio camino.

TEXTO: Karina Pontoriero

Padre, esposo y emprendedor apasionado. Así se presenta Andy Freire en su página web. Cuando era muy joven creó junto a su amigo Santiago Bilinkis (otro gran emprendedor) Officenet, una empresa de distribución de material para oficinas, que luego de algunos años de desarrollo, vendieron a Staples. Después de eso corrió mucha agua bajo el puente: micros en CNN en español, columnas radiales, un programa de TV, cuatro libros publicados (Pasión por emprender, 50 claves para emprendedores, 5% -junto a Julián Weich- y ¡Libre!). Además, de otros tantos emprendimientos montados, como Restorando, Avenida y Quásar Ventures. Un hombre inquieto que no espera que las cosas sucedan porque cree que es necesario actuar para generar el cambio. Andy Freire asegura que el fracaso tiene mala prensa y que no importa que no se tenga el carisma de Bill Clinton o la visión de Bill Gates, lo importante es que cada uno haga lo mejor dentro de sus posibilidades.

Pasen y lean esta verdadera cátedra sobre emprendedores.

Emprendedor, ¿Se nace o se hace?

Ese tema es un debate eterno dentro del mundo emprendedor. Hay quienes consideran imposible modificar ciertas características innatas y afirman que eso es lo determinante a la hora de emprender. “Es un emprendedor nato, vende como nadie, maneja gente como nadie”, son frases que oímos a diario sobre muchos emprendedores exitosos. En cambio, otros aseguran que “todo se hace, nada es innato, todo se puede desarrollar”.

Y tu opinión, ¿De qué lado está?

Mi visión es intermedia. Creo que hay una capa de hábitos técnicos fácilmente modificables y adquiribles, que tienen que ver con la formación y el aprendizaje educativo. Cómo lograr una apertura del capital, cómo desarrollar una estrategia comercial y financiera, cómo armar un plan de negocios, entre muchas otras cuestiones, son conocimientos y habilidades que se adquieren con capacitación académica y aprendizaje técnico. En el otro extremo, en lo más profundo del emprendedor, hay una capa neuronal de talentos inmodificables, que sencillamente se tienen o no se tienen. Son esas habilidades que “se llevan en la sangre” y que es inimaginable que alguien pueda adquirir a voluntad, por mucho empeño que ponga.

¿Cómo saber cuál es el mejor momento para embarcarse en un emprendimiento? 

El momento ideal es el punto entre el instante en el que descubriste que hay una oportunidad de negocio viable, y en el que te convertiste en una persona que sabe lo suficiente del tema como para que te vaya bien. ¿Qué quiero decir? Que el momento justo es la interacción entre dos factores: uno externo –la oportunidad- y uno interno –tu preparación para explotarla-.  La oportunidad es aquello que descubriste que no está explotado, que soluciona un problema o necesidad y por lo que hay gente que está dispuesta a pagar. Pero hay que agregar un factor fundamental que incide en la “oportunidad”: el tiempo.

¿Las oportunidades son únicas?

Las oportunidades se dan en una ventana temporal determinada. Puede que otra persona ocupe el lugar, puede que la demanda se agote rápido (por ejemplo, la venta de camisetas con el logo del mundial Brasil 2014) o puede que algún otro factor modifique el escenario.

Entonces, ¿Cuáles son los indicadores que nos dicen “Ahora sí” o, por el contrario “ni se te ocurra”?

El punto justo es en el que esa “ventana” de oportunidad sigue abierta y, a la vez, vos alcanzaste el mínimo nivel de preparación, investigación y contactos como para sentir que tenés certezas de que vas a poder aprovechar la situación. Por el contrario, el “ni se te ocurra” aparece cuando no tenés certezas de que estés aprovechando una verdadera oportunidad (lo que generalmente ocurre con los que se lanzan a emprender por necesidad o sin haber analizado a fondo el mercado) y cuando no tenés la suficiente información como para sentir que conocés a fondo el sector en el que te vas a meter.

¿Cuál es tu sugerencia, entonces?

Siempre sugiero a los emprendedores que se hagan una pregunta a ellos mismos: “¿Por qué voy a tener éxito?” y que hagan un listado con los argumentos para responderse. Si encontrás 10 razones sólidas de manera casi espontánea, es que estás preparado.

¿Cómo animarse a emprender en un país como Argentina, que suele ser inestable  económicamente? 

Es verdad que muchas veces quienes emprendemos en Argentina sentimos que el contexto que nos toca afrontar es hostil. Que existen trabas, que es difícil conseguir financiación, que las reglas de juego son difusas, que los escenarios cambian abruptamente. Pero si nos enfocamos sólo en los aspectos negativos perdemos automáticamente la capacidad de explorar las ventajas naturales que surgen de contextos como el argentino. Aunque cueste creerlo, son este tipo de escenarios los que favorecen la mayor proliferación de oportunidades para nuevos negocios.

A veces, el emprendedor invierte -literalmente-  todo lo que tiene en su proyecto. ¿Qué pasa si fracasa? ¿Cómo remontar y no perder las ganas de volver a intentarlo? 

Primero, nunca es una buena estrategia poner “todo” en una sola canasta. Siempre es bueno diversificar. En segundo lugar, creo que el fracaso está socialmente estigmatizado, pero no es así en todas las sociedades. Por ejemplo, en Estados Unidos existe una filosofía totalmente diferente al respecto, por lo menos en el mundo emprendedor. Allí, un emprendedor que fracasa no lo esconde, al contrario, lo destaca en su curriculum porque considera que esa experiencia le dio un valor agregado, y así también lo hace el resto de la sociedad. Creo que esa dinámica es sana y honesta. Hay que dejar de estigmatizar al concepto asociándolo con un universo de  significados  negativos.

Hay que perderle el miedo al fracaso…

Perderle el miedo al fracaso es despojarse de un gran peso que te permite avanzar y,  a la vez, derribar una gran hipocresía. Suelo decir que conozco dos tipos de personas: los que fracasaron alguna vez y los que todavía no lo admitieron. El fracaso no es una opción, es parte de la vida. Hay que aprender a asumirlo como tal. Para no perder las ganas de seguir intentando, la realidad es que el contexto te tiene que dar algún tipo de señal de facilidad. De lo contrario, es difícil. Salvo que seas un apasionado emprendedor. Corregir los incentivos y cuidar al que quiere genuinamente progresar a pesar de sus resultados sería una señal importante.

Te conocemos básicamente por tus éxitos (OfficeNet, Restorando) ¿Alguna vez fracasaste?

Fracasos tengo todo el tiempo, sólo que intento evitar que me detengan. Al contrario, los veo como un desafío. Por ejemplo, me pasó con el programa de TV “El emprendedor del millón”. A la primera temporada del proyecto no le fue tan bien como esperábamos. No hubiese sido descabellado discontinuar el formato. Sin embargo, estaba seguro de que a la gente le interesaba el tema y que durante la primera temporada habíamos aprendido demasiado como para que la aventura terminara allí. Si hubiese dejado que el resultado me tumbara en ese momento, la historia que hoy cuento sería diferente. Todos los caminos están plagados de éxitos y de fracasos, la diferencia entre alguien que al final del camino logra sus objetivos y alguien que no los logra se da en cómo enfrenta las situaciones críticas.

¿Y cómo le hiciste frente a la crisis que te planteó la primera temporada de El emprendedor?

Cambiamos muchas cosas del contenido, y la segunda temporada fue un éxito que ganó su franja en rating durante toda la emisión. De hecho, estamos ajustando los detalles para armar la tercera temporada, pero si me hubiese ido mal durante esta temporada que pasó, estoy convencido que hubiese seguido intentando. Mi punto es que entre una historia de supuesto éxito y una de supuesto fracaso, en la mayoría de los casos, la diferencia es una persona que supo seguir insistiendo y buscando caminos a pesar de los tropezones (obviamente siempre dentro de los estándares lógicos). En ese sentido, todas mis historias han sido en algún punto de fracaso, sólo que he aprendido a transformarlas. A no renunciar en ese momento en el que parece que los caminos se agotan, porque ese cuello de botella siempre está.

 ¿Cuántas veces hay que intentarlo?

No hay una cantidad de veces preestablecida, sino un momento. Y es cuando te comenzás a preguntar de dónde saco las ganas. Esa sola pregunta ya enciende una alarma grande. Si te cuestionás tu energía antes de empezar un emprendimiento… mejor ni lo arranques.

 ¿Por qué decidiste convertirte en un referente de los emprendedores?

 La idea nunca fue convertirme en el referente de los emprendedores. Eso (suponiendo que sea como vos decís) fue el efecto colateral de lo que es mi verdadero objetivo: estimular el emprendedurismo en Argentina. Estoy convencido de que los emprendedores podemos ser el motor de un cambio en el país. Que tenemos la capacidad de contribuir a desarrollar una economía con mayor diversificación e innovación y que por lo tanto sea más estable. Pero para eso hay que trabajar en varios sentidos: mejorar la educación, las políticas tributarias, la infraestructura, la relación entre sector privado, público e instituciones académicas y lograr una mayor valoración social del emprendedor.  Para ese último punto es importante que los medios de comunicación le den espacio al tema. Cuando un asunto se instala en la agenda mediática, cuando hay personas que hablan del tema, entonces se vuelve importante para la sociedad. Y a los temas que son importantes se les presta atención. Lo que intento hacer es que el emprendedurismo tenga su lugar en la agenda de los argentinos.

¿Cuáles son las principales inquietudes que te llegan de quienes quieren emprender? 

Dónde conseguir financiamiento, si conviene emprender en un contexto como el argentino y cuestiones vinculadas a las relaciones societarias.

¿El argentino es creativo a la hora de emprender? 

El argentino es muy creativo a la hora de resolver problemas. Creo que esto se da por la dinámica de la inestabilidad y cambio de reglas a la que nos acostumbramos. Desarrollamos una gran habilidad para pensar los problemas desde diversas perspectivas sin que eso nos genere un gran estrés.

 ¿Qué se puede hacer cuando pareciera que ya está todo inventado? ¿Cómo descubrir el nicho a explotar? 

Me parece que el problema pasa por creer que tenemos que “inventar algo”. Un emprendedor no necesariamente debe hacerlo. Lo que sí tiene que hacer es observar. Cuando fundamos Officenet, por ejemplo, no inventamos nada nuevo. Vimos que había una necesidad no satisfecha que en otros lugares del mundo ya le habían encontrado una solución. Por eso viajamos a Estados Unidos, investigamos cómo funcionaba el modelo de negocio y lo implementamos acá. Lo mismo hizo Mercado Libre o Despegar.

¿Cómo se desarrolla el potencial emprendedor?  

Capacitándote, nutriéndote de experiencias de otros, preguntando, participando de las actividades de la “comunidad emprendedora” y, sobre todo, emprendiendo.

Andy habla de su último libro

¿Qué es “Libre”?

Libre es mi último libro en el que traté de volcar mi concepción de la libertad y de cómo algunas herramientas del emprendedurismo te pueden ayudar a ser cada vez más libre. Parto de la base de que la libertad es, según mi criterio, un estado espiritual y mental, producto de una decisión consciente de conectarse con lo más sincero de uno mismo. En este sentido, emprender es una forma de alcanzarla, no por del hecho circunstancial de la independencia laboral, sino porque hacerlo permite desarrollar una serie de aptitudes estrechamente vinculadas con las necesarias para transitar el camino de la libertad.

¿Cuáles serían esas aptitudes?

La primera de ellas es, justamente, la de asumir la responsabilidad de dominar el rumbo de tus acciones. Emprender implica aprender a definir propósitos y perseguir aquello que crees necesario para el desarrollo de un proyecto. O sea, conocerlo profundamente y actuar. La libertad implica algo parecido: conectarse con quién sos. Pero también lo que ello conlleva: confrontarse con una realidad que puede ser distinta a la que te gustaría. Cuando despertamos a una nueva conciencia, cuando entendemos lo que deseamos, cuando descubrimos un propósito y, sobre todo, cuando él está alejado de nuestros anhelos, es cuando se vuelve importante modificar actitudes, corregir el rumbo y animarse a recorrer caminos diferentes. Pensar como un emprendedor facilita ese proceso.

¿Cuándo es libre un emprendedor?

La libertad se ejerce sólo cuando se la entiende como un proyecto. Cuando se la concibe como el conjunto de decisiones que me llevan a un determinado lugar que, por lo general, está vinculado con lo que me define de modo más auténtico. Pero para hacer que las cosas ocurran, y para atravesar un proceso consciente, hay que activar la voluntad. Hay que despertar, apagar el piloto automático que todos por momentos tenemos encendido, y decidirnos a ser plenamente. Tomar el control del propio rumbo, encauzarlo hacia lo que sentimos va a hacernos felices.

Andy Freire recomienda:

Libros para los que se están iniciando en el mundo emprendedor

– Business Model Generation de Alexander Osterwalder

– The Lean Startup: How Today’sEntrepreneurs Use Continuous Innovation to Create Radically Successful Businesses de Eric Ries.

Andy dixit

– “La sonrisa vende más. Está comprobado que la efectividad para la venta de alguien que sonríe es al menos un 45% más que alguien que no.”

– “Un emprendedor que desprecia la memoria lo hace también con la posibilidad de toparse con nuevas soluciones a viejos problemas.”

–  “El 90% de las ideas que se ponen en marcha surge de la actividad que el emprendedor estaba desarrollando anteriormente. Sólo el 10% restante surge como un flash de inspiración.”

–  “El largo de una negociación suele ser inversamente proporcional a su tiempo de preparación. Cuánto más preparado estoy, más corta será.”

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