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BUENOS AIRES, EL PAISAJE SOBRE LAS NOTAS

Buenos Aires, el paisaje sobre las notas

Empezó el año, nos cuesta despegarnos de las vacaciones, tememos entrar en la cotidianidad del día a día y ya empezamos a mirar promociones para una salida en Julio. Antes de entrar en el frenesí del escape, les proponemos tres días distintos de ésta, nuestra Buenos Aires querida.

TEXTO: Tatiana Goransky        FOTOS: Gentileza fuentes mencionadas

Buenos Aires tiene ese no sé qué o ese qué sé yo. Todos los días se puede jugar a ser turista o, mejor aún, a ser viajero. Entonces, la idea es esta: crear un mini itinerario de tres días y tres noches en donde se mezclen algunas de las mejores cosas que tenemos y así disfrutar de lo propio sin mirar el pasto del vecino. Es que, a veces, el pasto es más verde en nuestra propia ciudad. Cada día va acompañado por una banda sonora. Así que preparen sus auriculares y súbanse a nuestro baturé DELUXE.

Día 1: Domingo

Después de levantarse sin despertador, el domingo se programa a puro jazz. Abran su Spotify, Apple Music, Deezer, The Sixty One, Jango, Noon Pacific, Hype Machine o Cliggo y denle play a John Pizzarelli, Christian Mac Bride, Diana Krall, Charlie Parker, Duke Ellington, Miles Davis, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, John Coltrane, Sonny Rollins, Chet Baker, Coleman Hawkins, Nina Simone, Bill Evans, Sarah Vaughan, Nat King Cole, Gerry Mulligan, Louis Armstrong, Thelonious Monk, Count Basie, Joshua Redman, Brad Mehldau, Maria Schneider, Django Reinhardt, Esperanza Spalding, Bessie Smith, Tony Bennett y Frank Sinatra.

Y, después de tener todo programado, lo mejor será rumbear para La Apasionada, en el barrio cada día más lindo de Florida Mitre. Si están cerca y pueden ir en bicicleta, podrán disfrutar de un idílico paseo bajo las coloridas hojas de otoño. Al llegar encontrarán lugar para estacionar sus bicis y un hermoso espacio con un par de mesas afuera, un salón con iluminación natural y un patio al fondo que recuerda algunos pasajes de Alicia en el país de las Maravillas. La chef, Viviana Salazar, volvió a Buenos Aires en Marzo del 2017, y nos cuenta que llegó con toda la ilusión y una oportunidad: la de comprar La Apasionada, lugar que había sido creado por una de sus mejores amigas. Viviana trabajó en Siracusa, Italia, donde fue Chef de Almyra, un Oyster bar en una de las playas más hermosas de Sicilia. Así fue que al pisar suelo argentino, trajo grandes experiencias culinarias, recetas italianas de antaño y platos únicos y diversos, dándole al local un toque más gourmet y dejando algunos platos que continúan vigentes ya que se han convertido en clásicos. Pero el domingo, de 9.00 a 15.00, es momento de pedir el Brunch La Apasionada: un Mix de verdes con salmón ahumado o langostinos, papas rusticas, tostadas, jamón, queso, mermelada, queso crema, huevo revueltos, un cuadrado de torta casera, café con leche y jugo o un aperitivo. Suele haber una feria de arte y el siempre vigente espacio de lectura, títulos para que los habitués puedan sentarse a leer aprovechando el patio escondido y silencioso.

Después de la comida se recomienda siesta. Una parada, un descanso antes de migrar para San Telmo. Nuestro próximo destino recomendado es el Bebop Club. Hermoso antro jazzero con características vintage, casa habitual de algunos de los mejores músicos argentinos y extranjeros. Al principio, asomaba como un lugar exclusivo, de género; pero su programador, Gabriel Cygielnik, nos sorprendió ampliando la agenda. Al final, dice Cygielnik: “Hoy Bebop, más que un club de jazz, es un club de música.”

Este hermoso lugar, de detalles cuidados y aire neoyorquino, acaba de cumplir cuatro años y ostenta un promedio de cuarenta y cinco shows mensuales. La idea, dice Gabriel, es que los no especializados también disfruten de la música en un lugar agradable, con cocina de calidad, buenos tragos, buena barra. Y desde esa mirada está pensada también la programación que sigue buscando la raíz negra de la música. Puede ser jazz, pero también puede ser blues, funk, soul o candombe rioplatense. “Tratamos de no irnos tan lejos para cuidar la propuesta”, explica.

En Bebop hay shows a la tarde, noche y trasnoche. Sólo hace falta mirar la grilla y elegir por gusto. Un concepto que no existía en Argentina y fue importado desde la Gran Manzana.

Día 2: Martes

El martes es un día tanguero. Armá una linda playlist mezclando Troilo, Fresedo, Caló, Pugliese, Varela, Merello, Di Sarli, Gardel, Piazzolla, D´Arienzo, Canaro, Goyeneche, Podestá, De Angelis, Marino, Biagi, Floreal Ruiz, Salamanca, Ada Falcón y Nelly Omar.

La primera parada es la búsqueda del Santo Grial de la pastelería: la medialuna perfecta. Para eso hay que ir hasta la Av. Maipú al 700, cuadra que alberga una de las mejores confiterías de Buenos Aires, La Vicente López, que ya cumplió más de cien años y convoca tanto a gente de Zona Norte como de capital. Pero no se vuelvan locos que todo es rico. Ante la duda o el mareo, pidan media docena de medialunas y bajen caminando al río. Ahí pueden aprovechar para desayunar y caminar. Crucen a la ciudad de los niños y aprovechen para hacer el paseo completo, ver los pescadores, tomar aire y sacarse de encima un poco de la ciudad porque lo que viene después es internarse en el corazón malevo y aprovechar una tarde/noche milonguera.

A las 19:30, en la Catedral, uno de los espacios más cinematográficos de Buenos Aires, podrán tomar una clase de tango. Describir La Catedral no vale la pena, es cómo la “curva de los suspiros” antes del Glaciar Perito Moreno: aunque te la expliquen, nada te prepara. Pero los martes, ahí mismo, funciona La María, una práctica tanguera que se celebra hace casi diez años y en dónde se destaca la calidez de los participantes y de su organizadora, Majo Marini. Después, se pueden quedar a bailar por unas horas, hasta que den las 23.15 y el zapato se caiga para correr hacia otra milonga: el Parakultural, en el famoso Salón Canning.

Los martes en Canning son como vivir tres noches en una. No bien se abre la puerta uno distingue al grupo de milongueros que recién termina de tomar una clase avanzada o con Julio Balmaceda o con Corina De la Rosa. Dos de los bailarines más importantes del tango actual. Desde las 23 hasta la 1, se puede disfrutar de la pista, ya sea mirando o bailando. En la barra salen empanadas, mini pizzas, vinos, espumantes, cervezas y whisky. Luego, arranca la orquesta de turno. Orquesta que siempre es de primera línea y muchas veces acompaña exhibiciones de bailarines de tango escenario o tango salón. Después, desde las 3 y hasta las 5, la puerta se libera y terminan de llegar los habitués incansables del resto de las milongas. Las luces bajan y Canning se convierte en una de las mejores pistas de baile de toda la Argentina. Omar Viola organiza esta milonga que ya es un clásico porteño, y acaba de ganar el premio a la mejor de todas.

Día 3: Viernes

El viernes se escucha pura música brasileña. Denle play a Gal Costa, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Jao Gilberto, Djavan, Jobim, Seu George, Céu, Mart´nália, Ed Motta, Marisa Monte, Moska, María Bethania, Adriana Calcagnotto, Rita Lee, María Creuza, Tim Maya, Toquiño o Elis Regina.

La idea es ir a Palermo para visitar una de las librerías más lindas que supimos conseguir. Eterna Cadencia no sólo es conocida por ser punto de reunión de grandes escritores argentinos y extranjeros, también es en sí misma una casa editorial, tiene un bar y una terraza para tomar café, tragos y charlar. Tiene uno de los blogs más interesantes de todo el país y hay libreros de los que saben. Una vez allí, después de recorrer las instalaciones y asegurarse de pasar un rato leyendo algo en los sillones del fondo del patio, dense el gusto de comprar algunos libros.

Una lista interesante podría incluir “El sentido de un final” de Julian Barnes; “Zama” de Di Benedetto, que pueden acompañar después con la película de Lucrecia Martel; “Las replicantes” de Cristina Peri Rossi (poeta uruguaya que además de ser una de las mejores poetas vivas fue la musa, tal vez involuntaria, de Cortázar); “Desgracia” de Coetzee, premio nobel y escritor imperdible; “Escapada” de Alice Munro, que contiene los cuentos en los que se inspiró Almodóvar para su película “Julieta”; y una de las novedades del mes de la editorial Eterna Cadencia: “Barthes por Barthes”, traducido por Alan Pauls.

A partir de las 18 ya pueden acercarse hasta el Club Lucero. Un viejo club de bochas que cerró sus puertas hace quince años y que hoy recupera algo de esa sensación de pertenencia propia del club: un espacio en donde la gente se siente cómoda, un poco de la energía del viejo Almagro en este nuevo Palermo. Pero también un aire de trópicos, la ligereza de estar de viaje, el alivio hipnótico que genera ver mil y una enredaderas colgantes. Porque el Lucero es un inmenso patio con un piso de damero que esconde uno de los jardines más hermoso del barrio. Un jardín que mientras estuvo abandonado creció salvaje. La enamorada del muro está tan crecida que tiene un fruto parecido al higo y la ampelopsis gobierna toda la estructura. A eso hay que sumarle las plantas tropicales: aralias, helechos, monsteras, raphis, arecaceas, acanthus.

La gente que creó este bar con tragos de autor, picadas traídas de la provincia del país y hasta comida vegana para maridar con cervezas artesanales, es gente de cine. Un grupo que sabe lo que es trabajar jornadas largas y entiende lo que es montar un set. Noche tras noche, construyen una narración nueva a partir de la gente que va llegando. Cuidan de sus comensales como lo harían de sus actores, los proveen de motivaciones para quedarse en ese espacio tan especial. Luz, guionista, y Agustina, directora de fotografía, son las dueñas. Y cuentan el inicio con sus propias palabras. “Tomamos el bar como si estuviéramos trabajando en una película independiente: de lo ideal a lo real. Fuimos trabajando con el límite del espacio y lo que el espacio nos proponía. En Japón, antes de armar una plaza pública, primero dejan el espacio baldío para ver cómo la gente se comporta, qué espacios eligen para sentarse, cuáles para pasear o hacer deportes, y van modificando el diseño según estas observaciones. Durante los primeros meses no paramos de observar y mover muebles y plantas de acá para allá, viendo cómo la gente se sentía mejor, y para que ningún espacio quedara sin uso. Otra decisión clave fue no atiborrar el patio de mesas grandes: pensamos el patio como un gran paisaje, algo que contuviera también el vacío y pudiera alojarlo, sin ansiedad. Como mirar el mar.”

Así que el viernes a la tarde-noche, en esta tercera y última aventura porteña, nada mejor que dejarse acunar en este oasis verde, moviendo los pies al ritmo del DJ de turno (todos los viernes toca un dj de relevancia en la arena local, ciclo curado por el rapero Undermc), tomarse un Fresco (ese fue nuestro trago favorito), dejarse caer en una de las sillas de mimbre, y así terminar la semana, en una extraña versión del hotel Nacional de La Habana iluminado tan sólo por una extensión de tubos verticales, en sintonía con la caída en lluvia de las enredaderas. Allí, hasta las 4, rodeados por gente con ánimo festivo que, a veces y de sorpresa, se pone a proyectar imágenes en las paredes. Es que todo es posible cuando la imaginación es el único límite.

Direcciones

La Apasionada Restorán /Almacén. Ayacucho 1383, Florida. laapasionada.com.ar

Bebop Club. Moreno 365. San Telmo. Caba. 4331-3409 / 4343-0823 / 4334-2380. info@bebopclub.com.arbebopclub.com.ar

La Vicente López. Av. Maipú 707, Vicente López. 4791-7332. info@lavicentelopez.com.ar

La Catedral. Sarmiento 4006, Caba. 15-5325-1630. 11-5925-2150

El parakultural. Av. Scalabrini Ortiz 1331, Palermo. 4833-3224. 15-5738-3850

Eterna Cadencia. Honduras 5574, Palermo. 011 4774-4100. Lunes a viernes de 9.30 a 21.00. Sábados de 11.30 a 20.00. Domingo cerrado.

Club Lucero. Tipo de cocina: Bar. Nicaragua 6048, Palermo. 15-5177-4558

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7 IMPRESCINDIBLES DE PARÍS (MÁS ALLÁ DE LA TORRE EIFFEL)

7 imprescindibles de París (más allá de la Torre Eiffel)

La “ciudad luz” siempre seduce a los turistas. Es que la su famosa torre Eiffel es perfecta para sacar fotos maravillosas. Pero, como toda ciudad capital, París es grande y tiene muchos otros atractivos para descubrir que también resultan encantadores.

1 – Pasear por el barrio Montmartre: Arte. Eso se respira en el llamado barrio “de los pintores”, básicamente porque abundan los artistas callejeros que despliegan sus dones a puro color con sus atriles. Aquí podrás encontrar algunos de los lugares más famosos de la ciudad, como el Moulin Rouge. En la parte más alta, luego de subir casi 200 escalones, tendrás una increíble vista panorámica desde calles de ensueño y al pie de la Basílica del Sagrado Corazón, otro sitio al que es obligatorio ingresar.

2 – Visitar Sainte Chapelle: Esta iglesia de estilo gótico fue construida en un tiempo récord de 7 años en el Siglo XIII y resguarda reliquias del cristianismo, como la Corona de espinas de Jesucristo que Luis IX le compró a los emperadores de Constantinopla. Más de 1110 escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento están plasmadas en 15 imponentes vitreaux de 15 metros de altura y cuentan la historia del mundo hasta la llegada de las reliquias a París.

3 – Navegar por el Sena: Desde los barcos que salen regularmente es posible contemplar los puentes que cruzan este río y mirar la ciudad desde otra perspectiva. El mejor horario: el atardecer. La ciudad tiene otro encanto gracias a los colores que transforman el cielo.

4 – Recorrer el cementerio Pére-Lachaise: Es uno de los cementerios más conocidos del mundo donde descansan los restos de grandes celebridades como la cantante María Callas, el escritor Oscar Wilde o el músico Jim Morrison. Sus mausoleos son verdaderas obras de arte de variados estilos que se pueden recorrer en medio de un ambiente sórdido, pero atrapante.

5 – Ir al Panteón:  En pleno Barrio Latino y cerca de otros lugares turísticos, como los Jardines de Luxemburgo y la Universidad de la Sorbona, está esta gran obra arquitectónica. Es un mausoleo donde descansan los personajes más célebres del país. Allí están enterrados grandes contribuyentes a la ciencia y la cultura como Marie Curie, Alejandro Dumas, Victor Hugo, Voltaire, Rousseau o Jean Monet.

6 – Conocer La Défense: Es la “parte diferente” de París. Centro financiero de la capital, aquí abundan los rascacielos y construcciones modernas. Para los amantes del shopping, en este barrio está Quatre Temps, uno de los centros comerciales más grandes de Europa. Pero también hay una gran muestra de arte a cielo abierto, increíbles plazas y hasta jardines colgantes.

7 – Visitar el Museo de Orsay: Este museo, dedicado a las artes plásticas del siglo XIX y con una gran colección de arte impresionista y post impresionista, ocupa una vieja estación de tren y tiene un enorme reloj antiguo que recuerda a la película Hugo. Aquí encontraremos grandes obras de Manet, Degas, Renoir, Monet y otros gigantes del impresionismo.

 

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TAILANDIA, EL PAÍS DE LA SONRISA

Tailandia, el país de la sonrisa

 Paisajes diversos, una cultura fascinante y una perfecta combinación entre aventura y relax es la síntesis de este maravilloso viaje

Texto: Mariana Soulages

La capital de Tailandia me recibió con su calor abrasador y su locura desfachatada. Bangkok es una mezcla de tránsito caótico, oferta de masajes por doquier, vendedores siempre dispuestos al juego del regateo, coloridos taxis y túk túk, monjes con mantos anaranjados, puestos de comida ambulantes, marañas de cables y, sobre todo, gente sonriente. “Sawasdee ka –hola, en tailandés- , welcome to Thailand”.

 Los tailandeses son muy amables, pero bastante pícaros. A la pesca del turista desprevenido practican los más ingeniosos engaños y timos en busca de ganarse unos baths. Pero más allá de eso, este país se deja recorrer con total seguridad y produce asombro a cada paso.

En Bangkok di un paseo en barco por el río Chao Phraya, que surca la ciudad, y visité el predio del Gran Palacio, donde templos y edificios oficiales se conjugan en un estallido de color. Fui al barrio de Chinatwon y al Wat Pho, un templo que alberga al Buda recostado más grande de Tailandia con sus 46 metros de largo recubiertos en oro.

La religión es un capítulo aparte. El budismo es profesado por el 95% de la población e inunda cada aspecto de la vida thai. Como turista es fundamental respetarla y guardar la etiqueta obligatoria al entrar a un templo: cubrirse hombros y piernas, descalzarse y sentarse evitando que los pies apunten a la imagen de Buda. Es considerado una ofensa que se toque o se señale a algo o a alguien con la parte más sucia y baja del cuerpo.

Unos días después, partí en tren hacia el norte del país. Mi primera parada fue Ayutthaya, la antigua capital, donde visité un sinfín de ruinas, templos increíbles, y conocí budas de todo tipo de materiales, colores, formas y posiciones.

Luego seguí viaje hasta Chiang Mai, una hermosa ciudad salpicada de templos casi en cada esquina y donde, más relajada, pude aprovechar para hacer compras. Desde allí realicé una excursión de dos días en la selva que incluía un paseo en elefante, rafting en balsa de bambú, hacer trecking por la montaña y dormir en un refugio a la merced de los extraños ruidos de la lluviosa y cerrada noche de la jungla. También conocí a algunas integrantes de la tribu Karen, una de las seis que habitan Tailandia.

Ya saciado mi espíritu aventurero, partí en un vuelo hacia las playas del sur, sobre la costa del Mar de Andamán, donde creí sentirme metida dentro de una postal. Haciendo base en Railay, una playa perfecta para mieleros, visité las costas de Phi Phi Island, Bamboo Island y Maya Bay (el espectacular escenario de la película La Playa con Leonardo Di Caprio). Imposible no experimentar paz.

El último de mis destinos, antes de volver a Bangkok y poner fin a mi viaje, fue la paradisíaca isla de Ko Samui en el Golfo de Tailandia. Una mezcla perfecta entre playas hermosas y vida nocturna.

Quince días después, volví a mi punto de partida para dejar Tailandia, este país maravilloso que me ofreció paisajes diversos, me empapó en su cultura fascinante y me llevó desde la aventura al completo relax. Eso sí, siempre con una sonrisa.