FANTASEAR SOBRE DISTINTAS PUESTAS ES LO QUE MÁS NOS GUSTA

“Fantasear sobre distintas puestas es lo que más nos gusta”

 

Su nombre sonó fuerte a comienzos de 2016 cuando llevó adelante la decoración de la Quinta de Olivos, pero es reconocida también por haber trabajado para grandes firmas como Petrobras, Omint o Banco Galicia. En esta charla con DELUXE MAGAZINE cuenta cómo es el proceso creativo para concebir un nuevo espacio.

Texto: Karina Pontoriero

Habla en plural. Sabe que lo suyo es un trabajo de a tres. Tres mujeres. Y hermanas. Paz Caradonti es la cara más visibles de “& Buenos Aires”, el emprendimiento de ambientación, arte y decoración que lleva adelante junto con Agustina y Lola. Las tres juntas son más conocidas como “las Hermanas Caradonti”.

¿Cuáles son los pro y los contra de trabajar con hermanas?

La confianza absoluta. Sin ellas no podría haber logrado todo esto. Una es socióloga y la otra es abogada, pero las tres tuvimos la misma madre y ¡se nota! A veces nos matamos, claro. Somos tres hermanas, mujeres, con un año de diferencia entre una y la otra, estamos todo el día juntas, es inevitable. Pero esas discusiones tremendas duran 5 minutos y después todo como si nada, vuelve a la normalidad.

¿Nunca se les cruzó la separación?

En un momento fue complicado y llamamos a un counselor, un genio que logró ordenarnos: nos asignó roles y eso nos cambió la vida.

¿Cómo se organizan las tareas?

Lola está a cargo de los eventos, Agus se ocupa de la producción y la administración, y yo estoy con las decoraciones. Todas participamos de todas las áreas, sobretodo de la parte creativa que es donde más hacemos trabajo de equipo; cada una aporta sus ideas. Obviamente, fantasear sobre distintas puestas es lo que más nos gusta. Es muy interesante ver cómo empieza el proceso creativo, cómo va mutando, ya que a veces empieza un año antes que se vea el resultado final.

¿Dónde encuentran la inspiración?

La inspiración aparece, a veces, inesperadamente. Puedo estar siguiendo alguna campaña de moda o mirando una película y, de repente, algo se dispara en la cabeza e imagino todo el espacio. Ahora me hipnotizo bastante en Instagram, donde sigo a muchos diseñadores de moda; ahí entendés enseguida para dónde va la paleta de colores. Además, sigo revistas de decoración, casas de iluminación, de objetos… ¡de todo! También es muy productivo cuando nos sentamos las tres y empezamos a hablar de los distintos trabajos; cada una aparece con alguna idea y juntas hacemos una especie de curaduría para lograr el mejor resultado.

¿Qué es lo primero que tenés en cuenta cuando comenzás un nuevo proyecto? ¿Qué charlas con tu cliente?

Lo primero es la empatía con el cliente. Es muy importante, para mí, que haya buena energía, porque uno se mete en la casa, en la vida diaria, en la intimidad de una persona o una familia. Entonces, nos encontramos, conversamos, conozco el espacio y ahí arrancamos. La idea es que el cliente participe y se sienta cómodo tomando las decisiones. Tratamos de acompañarlos en el proceso, que no siempre es fácil. Muchas veces salimos de recorrida con el cliente para ir viendo qué le gusta y qué no.

¿Qué objetos o materiales acompañan siempre tu trabajo?

Chapa y madera. Me encanta mezclarlos. La chapa fría y la madera cálida. Algo de acrílico, aunque pocos de mis clientes comparten la pasión por el acrílico que tenemos nosotras. Ahora, el blanco, todo blanco, ¡me encanta! Los espacios simples, pero con personalidad. Hace un tiempo me enamoré del verde y recién ahora están apareciendo en las casas de géneros lindas telas de ese color.

Ambientaciones, decoración de interiores, dirección de arte, ¿en cuál de estos trabajos te sentís más cómoda? ¿Cuál te genera más desafíos?

En los tres me siento cómoda y los tres me generan desafíos. Cada cliente es un nuevo desafío, distinto del anterior. Cada vez que me están por entregar un mueble, por más que lo haya chequeado mil veces, por más que haya visitado el taller y seguido de cerca todo el proceso, siempre me da nervios. Los días de armado de eventos ya no me pongo tan nerviosa, pero hay un horario que me genera ansiedad de ver el resultado final. Aunque pasen los años y más allá de que crecimos y nos profesionalizamos, siempre hay algo de tensión que no puedo evitar. Las escenografías me apasionan, todo el análisis del guión, su interpretación con los autores, es un súper trabajo en equipo y en muy poco tiempo tenemos que pensar y armar, ya sea una casa, locales, lo que pida el guión, con todo el equipamiento, como si fuera algo real. Cuando estoy con una escenografía no puedo hacer nada más, son dos meses que me paso casi los siete días de la semana adentro de un estudio.

No debe ser casualidad que tres hermanas se relaciones, en distintos roles, con la decoración, ¿desde cuándo estuvo tan presente en tu vida?

Desde siempre. Mamá fue siempre nuestra referente, tiene un gusto y ojo increíbles. Desde chica yo era la encargada de cortar flores y ramas del jardín de la casa que teníamos en Acassuso para armar los arreglos florales. Siempre velas y flores en la casa. Para ella, toda la casa era para vivirla y disfrutarla nosotros, todos los días; no es que se embellecía porque había invitados. Los olores, el clima con la iluminación, luz tenue siempre, ¡todo era perfecto! Mamá hacía decoraciones y ambientaciones también. Bastante pionera, armó de la nada una empresa de plantas deshidratadas con fábrica en Brasil, decoró entradas de departamentos, casas, restaurantes y hasta night clubs con estas plantas. Nosotras, a veces, la acompañábamos. Nuestra casa estaba siempre en movimiento, cambiaba muebles de lugar, agregaba detalles, siempre había algo nuevo para descubrir en los lugares menos pensados.

Creciste en Zona Norte, ¿qué recuerdos tenés de tu barrio? ¿Cuáles eran tus lugares favoritos?

Si, primero en Vicente López y después nos mudamos a Acassuso. El timing de nuestras mudanzas fue perfecto, porque viví en San Isidro de chica, en la época que iba al colegio. Via Flaminia y Pepino siempre fueron mis lugares favoritos. The Embers, también. Y mucha calle, dando vueltas por ahí, de casa en casa. Creo que tomaba un helado por día, soy adicta. Cuando terminamos el colegio, nos mudamos al centro y me vino bárbaro porque me quedaba mucho más cómodo para ir a la facultad; el centro para mí era otro planeta. Cada vez que íbamos de chicas me parecía que viajaba a otro país, hasta nos vestíamos más elegantes para ir. Lola eligió seguir viviendo por San Isidro y Agus, desde que se casó, también volvió para allá. Soy la única céntrica de la familia.

 

¿Qué cambió en sus carreras a partir de la popularidad que les brindó haber sido las elegidas para ambientar la Quinta de Olivos?

La verdad que el cambio más grande fue que nos reencontramos con
la decoración de interiores, hacía tiempo que estábamos más concentradas en la ambientación de eventos y hacíamos pocos trabajos de decoración. Personalmente, me encantó volver a entusiasmarme con las decoraciones. Fue un placer ayudarla a Juliana Awada, sabe lo que quiere y es muy decidida.

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