TREVELIN, UN ENCUENTRO CON LA HISTORIA Y LA CULTURA

Trevelin, un encuentro con la historia y la cultura

Dentro del valle 16 de octubre, a 25 kilómetros de Esquel, se encuentra el destino elegido por una numerosa colectividad de galeses que llegó a la Patagonia a fines del siglo XIX. Una ciudad privilegiada rodeada de bosques, praderas, lagos y montañas y con un gran bagaje cultural.

Texto: Karina Pontoriero

Para conocer todo lo lindo que tiene Trevelin necesitás quedarte al menos 15 días”, me dijeron. La frase, que demostraba el orgulloso de los lugareños, sonaba un poco exagerada, pero resultó cierta: en Trevelin se puede hacer, descubrir y conocer mucho. Ubicada en la zona noroeste de la provincia de Chubut, al pie de la Cordillera de Los Andes, esta ciudad de 11.000 habitantes sorprende no sólo por sus increíbles paisajes, que parecen salidos de un cuento, sino también por la convivencia de culturas tan disimiles como la galesa y la mapuche-tehuelche. Lo curioso es que ninguna de ellas prevalece sobre la otra, sino que coexisten en armonía, preservando sus costumbres y compartiéndolas con todo aquel que se muestre interesado en conocer la historia detrás de cada sabor, cada aroma, cada celebración.

Día 1: En el pueblo del molino (que no es rojo)

La primera parada me lleva al Museo Regional Molinos Andes, emplazado en un edificio que funcionó como molino hasta pasada la primera mitad del siglo XX. Trevelin -cuyo significado es “pueblo del molino” en galés- llegó a producir más de 22 mil kilos diarios de harina. De los más de 20 molinos distribuidos en la zona, hoy no funciona ninguno. Gracias a una gran colección de fotos y objetos rescatados podemos imaginar cómo fue la vida de los primeros colonos galeses que llegaron a la provincia allá por 1865 y lograron mantener viva su identidad por generaciones. Pero la historia se puede contar de diferentes maneras, y vale la pena acercarse hasta el Molino Nant Fach para escuchar otra versión de boca de Mervin Evans, descendiente de galeses, constructor y guía de este museo. Mervin es entrañable y hace sentir único a cada visitante. Rememora las épocas de esplendor, cuenta anécdotas, saca fotos a los turistas, les propone poner la rueda en marcha y los lleva a conocer su taller, donde hay motores de todas las épocas, autos antiguos y avionetas que él mismo arregla. Un pasaje mágico hacia el pasado que se convertirá en inolvidable.

Día 2: Viaje al centro de la historia

A sólo 17 kilómetros del casco urbano se encuentra Sierra Colorada. A lo largo de 1.000 hectáreas viven 53 familias tehuelches que se propusieron difundir su cultura. “Vivimos en una postal. Tenemos libertad. Podemos trabajar, seguir cuidando nuestro lugar y mantener costumbres ancestrales”, cuenta Daniel Aillapán, representante de la comunidad. En el paraje funciona un centro comunitario que organiza cabalgatas, trekking con un baqueano y avistaje de aves durante el verano y, en invierno, suma trineos y juegos en la nieve, en medio de vistas panorámicas espectaculares.

Día 3: Caminar, observar, disfrutar

En Trevelin hay opciones de todo tipo. Los amantes de la pesca deportiva pueden hacer una visita a la Estación de Piscicultura Arroyo Baguilt para observar los diferentes estadíos de la cría de truchas. Un paseo que a los más chicos les encantará. Si la pasión pasa por los colores y los aromas, INTA experimental cuenta con un atractivo: caminatas en bosques de pinos y robles y una extensa plantación de peonías que muestran todo su esplendor con las primeras temperaturas altas del año. Y para quienes disfrutan de las grandes infraestructuras está la central hidroeléctrica Futaleufú, en la entrada sur del Parque Nacional Los Alerces. Una visita guiada los llevará en un recorrido por la historia y la sala de comandos de esta presa que genera energía para abastecer a más de 9.000 hectáreas.

Día 4: Encuentro cercano de cualquier tipo

Un capítulo aparte merece el Parque Nacional Los Alerces. Una cuenca que conecta varios ríos, lagos y arroyos de aguas coloridas y transparentes. No es fácil encontrar las palabras para describir su imponente belleza. Estoy en uno de los bosques más antiguos del planeta: de este lado, un bosque andino patagónico, con cohiues, cipreses, lengas; del lado oeste, una selva valdiviana. La premisa es caminar tranquilos y poner en juego todos los sentidos. Hago silencio para escuchar el canto de las aves, toco las distintas texturas de los árboles, aprovecho los miradores para dejarme invadir por el paisaje, bebo agua del lago, fresca, potable, riquísima. Luego, una hora de navegación por el Lago Menéndez para llegar a la cita más importante de todas: el encuentro con el alerce milenario, el segundo ser vivo más longevo del mundo. Imposible no sentirse pequeña ante este gigante de más de 2.600 años. Imposible no sentirse agradecida por estar ahí, admirándolo.

Más información

www.trevelin.gob.ar
Min. de Turismo de La Nación www.turismo.gov.ar

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