FACUNDO MANES

“Nuestro cerebro se transforma de manera constante durante toda la vida”

Mientras la neurociencia se abre paso entre las demás disciplinas y suma adeptos a su vanguardia global, en argentina contamos con exponentes de talla mundial en la materia. autor de best sellers, Facundo Manes asegura que “es importante salir del piloto
automático y afrontar desafíos, hacer actividades que nos planteen nuevas dificultades.

Texto: Karina Pontoriero

Entre la lista de libros más vendidos se encuentra El cerebro argentino, una publicación que propone una mirada local sobre el funcionamiento de la mente. Pero no se trata de ficción, sino de uno de los exponentes más destacados de la neurociencia: Facundo Manes. Mano a mano con DELUXE Magazine, el autor de “Usar el cerebro” comenzó la charla asegurando que “el conocimiento ofrece un potencial invalorable de los países para fortalecer su desarrollo económico y social, para la inclusión, la igualdad de oportunidades y el bienestar afectivo, emocional,
intelectual y también económico”.

El curriculum del Dr. Manes puede resultar abrumador. Nacido en Quilmes y criado entre Arroyo Dulce y Salto, se recibió de Médico en la Universidad de Buenos Aires para especializarse en neurología. Es, además, Doctor en Ciencias en University of Cambridge, Inglaterra, y Docente y Rector de la Universidad Favaloro. Creó el
Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Sus libros son best seller y cada conferencia que dicta deja a cientos de personas enardecidas afuera de salas colmadas, casi como si fuera una estrella de rock.

“Eso habla más de una sociedad ávida por conocer que de mí”, dirá. He aquí el hombre que se puso al hombro la divulgación de las neurociencias en nuestro país porque, asegura, está “convencido de que necesitamos unirnos para lograr la revolución del  conocimiento”.

¿A qué se debe el éxito de libros y charlas relacionadas con nuestro cerebro? ¿Qué queremos descubrir o entender?

El interés por las neurociencias es una tendencia a nivel mundial. Barack Obama propuso que las neurociencias sean prioridad de la ciencia americana a fin de entender las conexiones del cerebro en vivo. La Unión Europea diseñó un plan importante sobre el desarrollo de las neurociencias y China lanzó un ambicioso proyecto para promover el estudio del cerebro. Argentina no es una excepción. Las neurociencias estudian los fundamentos de nuestra individualidad como las emociones, la conciencia, la toma de decisiones y nuestras acciones sociopsicológicas. Como todo lo hacemos con el cerebro, es comprensible que las personas se interesen por aprender más sobre él. Por eso es fundamental que los descubrimientos de las neurociencias no queden solamente en los laboratorios, sino que sean absorbidos y debatidos por la sociedad en general.

Cuando estudiabas medicina, ¿imaginabas que te convertirías en un referente indiscutido sobre neurociencia, incluso para opinar sobre cuestiones políticas?

Es un orgullo para mí poder ser escuchado y poder divulgar conocimiento. Mis dos pasiones, más allá de mis afectos, son el cerebro y mi país. Por eso me perfeccioné en Estados Unidos e Inglaterra, cuando aquí las neurociencias no existían como disciplina; y por eso regresé en 2001 para organizar equipos, difundir y contribuir con el país. Pude organizar un polo de investigación en neurociencias muy importante y destacado a nivel internacional, entre INECO y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, que tengo el orgullo de dirigir.

Tu último libro se titula El cerebro argentino, ¿qué distingue a nuestro cerebro? ¿Para qué estamos preparados por haber nacido aquí?

Solemos decir que los argentinos somos amigueros, somos solidarios pero tenemos dificultad en pensar y planear el largo plazo, en trabajar en equipo, aceptamos la mal llamada “viveza criolla” e incluso parece que estamos enamorados de la crisis. Ahora bien, lo que explicamos en El cerebro argentino es, justamente, que es igual a todos los otros cerebros del mundo, tenemos los mismos rasgos biológicos generales, estructuras anatómicas y funciones. Sin embargo, como el cerebro es moldeado por la interacción con el ambiente, el contexto social, la cultura, los gustos y las experiencias, cambia constantemente a partir de esta relación.

¿Cómo se explica eso?

Un concepto muy pertinente para explicar esto es el de los sesgos cognitivos. Se trata de esquemas mentales que nos permiten interpretar la información que recibimos de nuestro alrededor. Nos sirven para formar nuestras creencias y nuestro modo de ver la realidad. Estos esquemas proveen un marco desde el cual se tiende a producir sistemáticamente ciertas respuestas rápidas frente a diversas situaciones. Uno de estos sesgos es el de confirmación, que consiste siempre en buscar y registrar la información que coincide con nuestras propias opiniones y pensamientos, al tiempo que no prestamos atención a las pruebas que la contradicen. Por eso es esencial rodearse y escuchar a las personas que opinan diferente a nosotros; es lo más enriquecedor.

Los argentinos, históricamente, vivimos en clima de incertidumbre, ¿cómo influye en nuestro cerebro el estar sometido a fuertes cargas de estrés?

Nuestras crisis constantes nos hacen vivir permanentemente con miedo -a perder el trabajo, por ejemplo- con estrés y ansiedad. El estrés crónico afecta la salud. Se está más expuesto a sufrir enfermedades porque la respuesta inmune del organismo se ve afectada. A nivel cognitivo, puede provocar deterioro.

¿Qué podemos hacer para conocer mejor nuestra mente?

Podemos estar informados acerca de los avances científicos, aprender cómo funciona nuestra mente, qué le hace bien y de qué
manera podemos cuidar nuestro cerebro. Cuanto más lo comprendamos, más vamos a aprovecharlo y, en consecuencia, viviremos más plenamente.

¿La rutina afecta al cerebro?

Sabemos por diversas investigaciones que es beneficioso mantener nuestra mente activa. Para eso es importante salir del “piloto automático” y afrontar desafíos, hacer actividades que nos planteen nuevas dificultades como, por ejemplo, aprender idiomas, tener pasatiempos y hobbies.

En distintas oportunidades mencionaste que la soledad es un factor de mortalidad. ¿Por qué?

Sí, eso es así. Las personas que viven socialmente aisladas se enferman más y viven menos. Los seres humanos somos básicamente seres sociales. En consecuencia, necesitamos estar en contacto con otros seres humanos. Los afectos y las amistades nos ayudan a enfrentar las situaciones difíciles y reducir los niveles de estrés. Llevar una vida social activa es estimulante para el cerebro.

¿Se pueden criar hijos más inteligentes?

La inteligencia es un concepto muy complejo. Generalmente, sólo se considera la inteligencia analítica, que es la que la ciencia puede medir a través del coeficiente intelectual. Así, se deja de lado la inteligencia emocional, la ironía, el humor, la creatividad. Podemos ayudar a que nuestros hijos crezcan sanamente brindándoles un contexto de contención, incentivándolos a ser creativos, a que no le tengan miedo al error porque es parte del proceso de aprendizaje. Es importante destacar y enseñarles a nuestros hijos que más allá de las inteligencias individuales, es fundamental la inteligencia colectiva. La inteligencia se expande a través del trabajo en equipo y, en este sentido, la totalidad es mayor que la suma de las partes.

Algunos son hábiles para las matemáticas o las ciencias exactas; otros tienen cualidades artísticas. ¿Eso es innato, se estimula, se hereda?

Más allá de la predisposición a ciertas habilidades artísticas o para las matemáticas, es importante poner el foco en el rol de la práctica y el entrenamiento. Una característica clave de nuestro cerebro es la neuroplasticidad. Esto quiere decir que nuestro cerebro es un órgano fundamentalmente adaptativo que se transforma de manera constante a causa de la experiencia y el ambiente. Por lo tanto, a partir de la práctica y el entrenamiento, las neuronas crean nuevas conexiones para adaptarnos mejor a las demandas de las tareas que desarrollamos. Estamos frente a un sistema que se retroalimenta y produce un círculo virtuoso.

¿Hay realmente una “nueva adolescencia” después de los 65 años?

Hoy vivimos muchos más años gracias al avance de la ciencia, la tecnología, los cuidados preventivos en la salud. Frente a este panorama, nos encontramos con el surgimiento de una nueva adolescencia, una nueva etapa de la vida que no es nada pasiva. Tenemos que comprender que se trata de un tiempo que debe ser de gran actividad y provecho. Las investigaciones neurocientíficas cuestionan la idea de que el deterioro cognitivo que suele acompañar el envejecimiento es inevitable y fijo. Estudios recientes han demostrado que la plasticidad neuronal se conserva durante toda la vida. Por todo esto es que yo llamo a concentrarnos más en los estímulos cognitivos. La persona jubilada tiene que mantenerse activa, no necesariamente debe morigerar el ejercicio intelectual. Es fundamental la inversión de parte del tiempo del jubilado en actividades de mantenimiento cerebral como la lectura, los paseos culturales, los desafíos intelectuales, y todas las actividades que ayuden a mantener la mente activa. De esta manera ayudamos a lograr un envejecimiento cognitivo saludable. La idea es que nos jubilemos de aquellas cosas que antes hacemos
por obligación o rutina laboral pero que mantengamos las que dan gusto. Incluso que sumemos y hagamos todas esas tareas que siempre tuvimos ganas de hacer, pero que no teníamos tiempo para desarrollar.

¿Hasta qué edad estamos capacitados para aprender y absorber nuevos conocimientos?

Durante mucho tiempo se creyó que nacíamos con una cantidad predeterminada de neuronas y éstas se conectaban entre sí de una determinada manera para siempre. Este concepto existió durante mucho tiempo hasta que diversos experimentos mostraron que el sistema nervioso tiene la capacidad de modificarse y cambiar incluso en la edad adulta. No solo ésto, sino que también se ha demostrado que existe producción de nuevas neuronas en algunas regiones del cerebro adulto. Si bien los primeros años de vida son muy provechosos para absorber nuevos conocimientos, como ya mencioné, nuestro cerebro se transforma de manera constante durante toda la vida.

Consejos para un cerebro saludable

• Todo lo que le hace bien al corazón, le hace bien al cerebro: Cuidar
los niveles de colesterol, glucemia y la presión arterial.
• Comer saludable: incluir verduras, frutas y alimentos que contengan Omega-3.
• Hacer actividad física: actúa como ansiolítico, antidepresivo y refuerza el pensamiento creativo. Además, reduce riesgos de enfermedades que afectan al cerebro.
• Tener una vida social activa.
• Descansar y dormir bien.

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