PIEDRA PARADA

Piedra Parada, la gran chimenea patagónica

Es un sitio único en la estepa patagónica. una roca de doscientos noventa y cinco metros de altura que protege celosamente la chimenea de un viejo volcán extinto hace cientos de años. la magia de este lugar se siente en la energía que está presente en cada rincón junto al Río Chubut.

TEXTO Y FOTOS: Ezequiel López

Salimos de Esquel de madrugada con el sol pretendiendo trepar a los cerros que más tarde recorreríamos nosotros, zigzagueando inmersos en la profundidad de los valles de la estepa patagónica. El mate humeante pasaba de mano en mano para calentar las entrañas, todavía entumecidas por el frío y la neblina de la mañana. Los primeros kilómetros nos conducen hasta un desvío que tuerce hacia el Paso del Sapo y Gualjaina, un pueblo alejado de la vida turística tradicional pero que recibe a los viajeros que se animan a visitar Piedra Parada y el Cañadón de la Buitrera, dos nombres tan patagónicos que son un imán por si mismos para curiosos, escaladores y buscadores de aventuras.

El traqueteo del ripio nos acompañará por el resto de la jornada. Los campos a los lados del camino se encuentran sembrados de ovejas diseminadas en extensión. Algún molino aislado funciona como faro para señalar las aguadas y da un toque característico a las estancias que en estas latitudes se extienden a lo largo de miles de hectáreas en busca de pastos tiernos y mallines para sus animales. La entrada al pueblo va marcando el ritmo de nuestra aventura. Sus calles aletargadas muestran todavía la escarcha helada de la noche, mientras despiertan de su letargo nocturno. Allí nos abastecemos de vituallas y estiramos las piernas entumecidas por los primeros kilómetros del viaje, aprovechando el momento para conversar con algún paisano y ponernos al corriente de las novedades de la comarca.

El camino continúa sin novedades hasta llegar a un gran valle regado por el río Chubut que anticipa una serie de cerros bajos que van diagramando los intersticios del Cañadón de la Buitrera. El paisaje casi lunar propone vistas espectaculares con las más variadas formas y colores, apasionando a los clics de las cámaras fotográficas. Las nubes jugando a las escondidas con el sol, se encargan de ponerle los matices a la pintura. En una esquina inexistente, sentado sobre su mochila, un muchacho espera pacientemente el paso de un vehículo que lo arrime hacia algún lado.

Detrás de una curva sedentaria aparece la enorme roca. Tan sólo encontrarse con ella a la distancia demanda respeto. ¡Una mole de 295 metros imponente, colosal, grandiosa! Paraíso de escaladores, admirado por los visitantes, lugar de meditación junto al río, refugio de cóndores o el sitio en donde habitan las historias más fantásticas, esta enorme piedra parece haber sido puesta en este lugar para cruzársela de improviso detrás de la última curva del camino. Nuestra expectativa es enorme.

Hacía años que queríamos tocarla, mirarla, rodearla a pie, escalarla, fotografiarla y sentir su energía en las entrañas.

Piedra Parada es lo que queda de la chimenea de un volcán extinto, que se alza hacia el cielo con los últimos vestigios de una época en la que el centro de la tierra emanaba fuego desde sus entrañas. Tan sólo llegar a su base y ver la altura de su cumbre, da cuenta de las dimensiones que propone la naturaleza. La permanente caída de rocas producto de las quebraduras por diferencia de temperatura, sol, agua y nieve acumulada, sembró su base de escombros que llegan a formar una pequeña base de operaciones para entrar en calor antes de la escalada. Nuestras aspiraciones en la pared contemplan elevarnos sólo unos cuantos metros, que de todas formas producen un gran vértigo en el estómago, pero son una hazaña personal ya que escalamos sin cuerdas ni sujeciones y con escasa técnica y conocimientos del deporte. Por dónde se la mire, la roca está sembrada de tornillos, pernos de expansión, mosquetones y vías abiertas en todas direcciones. Los extraplomos sobresalen a poca distancia de la base, mostrando las garras de la piedra ya desde un comienzo. Con sólo alzar la vista uno puede meterse de lleno en la historia milenaria e intentar batir a la naturaleza en una lucha de poderes. La recompensa de hacer cumbre es erguir el cuerpo contra el viento y echar una mirada a los alrededores sin interrupciones hasta donde manda el infinito.

A un lado corre el Río Chubut, silencioso y de aguas cristalinas que se dejan beber para refrescar la sequedad de la garganta. El aire se mueve acariciando las ramas de los sauces en una danza que engalanan el paso de una caminata por la orilla. A lo lejos pero lo bastante cerca como para animarse a recorrerlo, se encuentra el Cañadón de la Buitrera. La entrada a este pasadizo secreto está vigilada por la gran Piedra Parada y un puente que cruza hacia el otro lado del río. Un efímero hilo de agua baja de sus entrañas, como perforando pacientemente los 300 metros de muros acantilados que contienen aquel paso. A poco de internarnos por el sendero marcado con los años, comienzan a sentirse los ecos de la montaña amplificados en sus paredes. De pronto se oye un grito desgarrador y un deslizamiento a lo lejos llama la atención de nuestras miradas. Un escalador acaba de perder agarre y se hamaca colgado de su cuerda de seguridad, frustrado por su impericia para dominar a la roca.

Poco a poco van apareciendo aquí y allá otros grupos que también intentan ascender hacia el espacio. El frío de las sombras que se proyectan desde el filo de la meseta apura un abrigo y una nueva ronda de mates, mientras nos acomodamos al amparo de un arbusto para observar una cordada de dos que intentan un asalto a todo o nada. Los escaladores van haciendo seguridad entre ellos pero sin ninguna persona de apoyo en la base, obligándose a salir por arriba ya que su técnica deja vedada la posibilidad practicar un rapel en esas condiciones. El atardecer suma sus colores a este gran espectáculo. Los sonidos se acomodan en los intersticios y repercuten en el vacío del aire. Es la roca sagrada que aprendió a reproducir las voces de nuestros antepasados y las proyecta hacia el futuro para que tomemos conciencia de que estamos en un lugar único que debemos cuidarlo.

Ezequiel López es escritor, fotógrafo y publicista. Recorre la Patagonia desde hace más de 30 años en busca de historias e imágenes para retratar instantes que nunca se volverán a repetir. Lleva escrito 12 libros, cientos de notas y varias muestras fotográficas. Te invitamos a conocerlo en www.librosdeviaje.com.ar.

Lugar:
Piedra Parada | Chubut | Patagonia Argentina.
Coordenadas Google Map:
-42.6599009,-70.1042931
Coordenadas GPS:
42°39’35.6”S 70°06’15.5”W

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2 respuestas a PIEDRA PARADA

  1. Ezequiel Lopez 12 mayo, 2016 at 6:01 pm #

    Gracias amigos por darme la oportunidad de publicar esta nueva nota!!! Espero que les guste a todos y los inspire a viajar por la Patagonia, una tierra fantástica y llena de aventuras. Nosotros llevamos más de 30 años recorriéndola, 10 libros escritos sobre el tema y seguimos adelante, con mucho por descubrir, más lugares para visitar y nuevas amistades para afianzar. Tengan una buena vida y disfruten de los viajes!!! Sigannos en http://www.librosdeviaje.com.ar. Gracias!

  2. Daniel Forster 12 mayo, 2016 at 10:30 pm #

    Alli estuve con mis amigos y es in lugar increíble!

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